Club de Educación y Crianza
Barcelona quiere los patios escolares de Róterdam
Un estudio universitario analiza los espacios de recreo de las escuelas públicas de cuatro ciudades europeas
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Uno de los patios de Róterdam (Países Bajos) incluidos en el estudio de las investigadoras de la UOC / Filka Sekulova

Patios menos pavimentados y más verdes. Más grandes, más bonitos, más naturales y más diversos. Espacios de recreo que huyen del suelo de goma, los tres columpios cochambrosos y la dictadura diaria del fútbol. Patios comunitarios y diversos para que los alumnos y alumnas no digan “el patio del cole” sino “nuestro patio”. Patios que estimulan la creatividad y la imaginación. Esta es la filosofía de ‘Transformem els patis', una iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona por la que estudiantes, docentes y familias se han implicado en el proceso de decidir cómo quieren que sea el patio. Lleva en vigor desde 2020 y ya se han metamorfoseado (en mayor o menor medida) unos 70. El curso pasado, 12 escuelas se sumaron al proyecto, que sin embargo, no vive su mejor momento. “En el curso 2024-25, solo se van a trasformar tres patios”, se lamenta Filka Sekulova, investigadora del del Laboratorio de Transformación Urbana y Cambio Global (TURBA Lab), organismo que pertenece a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Sekulova y la investigadora Isabel Ruiz-Mallén han realizado un estudio comparativo de los patios de escuelas públicas de cuatro ciudades para analizar hasta qué punto son espacios naturales donde no solo se juega sino que se aprende: Barcelona (con el programa ‘Transformem els patis'), París, Bruselas y Róterdam (Países Bajos). La urbe vencedora es, de largo, Róterdam. “Es una ciudad pionera en disponer de patios con elementos de madera y vegetación. Hay naturaleza, cabañas y también aulas exteriores. Hay espacios de agua y barro y a los niños y niñas se les permite jugar y ensuciarse. Son lugares de recreo y aprendizaje que están abiertos todo el día a la infancia del barrio”, explica Sekulova, especializada en economía ecológica y desarrollo urbano. En algunos recintos escolares de Róterdam, añade, hay espacios de escalada, colinas, puentes, caminos y túneles.

Patio de un instituto de Barcelona. / Zowy Voeten
Trasformar un patio es una tarea tan preciosa como titánica. “No es nada fácil, hay que luchar, entre otros, contra algunos responsbles de urbanismo y el lobby del automóvil, que tiene mucha más fuerza que el lobby verde”, se lamenta. La investigadora hace hincapié en que metamorfosear un patio va más allá de dar tres opciones a los escolares y sus familias para que escojan la que mejor consideren. “La implicación de toda la comunidad educativa tiene que ser total desde el principio, hay que planificar, construir, cuidar y mantener. Hay que poner encima de la mesa no solo experiencias sino ilusión, imaginación y emoción”, destaca.
La infancia, implicada
La mayoría de los esfuerzos, sin embargo, se dirigen a fomentar la participación en las fases de “visión y preparación” del espacio, pero no tanto en las de implementación y mantenimiento. Sin embargo, los niños y niñas suelen apreciar más el lugar si han estado implicados en su construcción. Por ejemplo, con “pequeños trabajos prácticos”. Sekulova añade que la implicación de profesionales de la arquitectura y el paisajismo es fundamental para “crear un espacio exitoso y adaptado a las necesidades de los niños, las niñas y toda la comunidad”.
Convertir el patio es un espacio verde de esparcimiento sano y aprendizaje conlleva muchas ventajas. Entre ellas, una imprescindible: poner granitos de arena contra la crisis climática. La responsable de la UOC destaca el sinsentido que supone gastar dinero público en sistemas de acondicionamiento de las aulas para combatir las altas temperaturas habituales en los meses de mayo, junio y septiembre y seguir con patios pavimientados o con suelos de goma que provocan más calor. Más allá del juego, Sekulova pide que el patio sea, de verdad, un espacio donde aumentar conciencias ecológicas y aprender parte del currículo escolar, ya sea ciencias o matemáticas. No menos importante, concluye, es otra consecuencia de emprender una transformación verdadera y profunda del patio: contribuir a la buena convivencia y reducir los conflictos entre el alumnado.
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