Violencia de género
Cuatro de cada diez agresores machistas son reincidentes: "Falla la rehabilitación y el sistema de protección"
Se trata del tercer delito con mayor reincidencia, tras los robos y el tráfico de drogas
Los expertos denuncian fallos en la rehabilitación de los maltratadores y en la protección de las víctimas
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Manifestación de jóvenes contra la violencia de género. / Marta G. Brea

La agonía que padeció Lorena Terrés, asesinada en Castellón el 1 de septiembre, es de película de terror. A lo largo de su vida, fue víctima de cuatro parejas violentas. Una de ellas mató a su padrastro e intentó agredir sexualmente a su hija. Ella se salvó porque estaba en un centro de protección para maltratadas. Y fue asesinada por Joaquín Félix Argilés, con quien tuvo una relación tortuosa. Lo denunció en dos ocasiones, una por amenazas y otra por malos tratos entre 2021 y 2022 y él cumplió ocho meses de prisión por quebrantamiento de la orden de alejamiento.
Pero no era la primera vez que ingresaba en la cárcel. En 2021 asestó una puñalada a Lorena y se dictó prisión provisional, pero no llegó a ser condenado porque la víctima declaró después que se había apuñalado ‘ella sola’. Cuando falleció, no había ninguna media de protección activa.
Su caso es, por tanto, paradigmático de como muchas víctimas no logran escapar de la espiral de la violencia, de que demasiados agresores machistas no se rehabilitan y de los fallos y carencias del sistema de protección, aunque España se sitúe a la vanguardia en la lucha contra las violencias machistas. Dos presuntos nuevos asesinatos en las últimas 24 horas –aun en investigación- elevan a 36 el número de fallecidas en 2024.
Estudio pionero
Un informe pionero respecto a la reincidencia de los agresores machistas arroja luz sobre un asunto clave: tras seguir a casi 20.000 expresos de 2009 a 2019, determinó que los delitos cometidos en este ámbito tienen un índice de persistencia del 41,6%, el doble de la tasa general, que se sitúa en un 20%. Es decir, cuatro de cada diez maltratadores vuelven a entrar en prisión por amenazar, golpear, violar o amedrentar de diversas maneras a sus parejas: ya sea la misma o sucesivas.
De entre los reincidentes, el 73% reincide en los tres primeros años tras su excarcelación y el 85% a los cinco
De forma significativa, se trata del tercer delito con más reiteración delictiva, por detrás de los robos (el 76% reinciden) y los delitos contra la salud pública (es decir, por tráfico de drogas, con una tasa de reiteración del 42,4%, cercana a la que presenta la violencia de género). Por detrás se sitúa la reiteración en agresiones sexuales, con una tasa del 22%. Además, el 73% de los maltratadores reinciden en los tres primeros años tras su excarcelación y el 85% durante los cinco primeros años.
Avisar de los antecedentes
Ante esta problemática y fruto del trabajo en varios comités de crisis –el órgano estatal que se convoca cada mes que se superan los cinco feminicidios–, el Ministerio del Interior puso en marcha el año pasado un protocolo que permite alertar a las mujeres que interpongan denuncia si sus agresores cuentan con antecedentes de comportamientos violentos contra parejas anteriores con el fin de que extremen la vigilancia.
Interior ha alertado a casi 21.500 mujeres de que su pareja ha maltratado a otras personas desde que hace año y medio se puso en marcha el protocolo contra agresores persistentes
Desde entonces, las fuerzas de seguridad han detectado 21.499 casos de agresores persistentes, casi el 22% de los 98.188 casos activos a 31 de agosto de 2024 en el sistema de seguimiento y protección a víctimas VioGén. De ellos, han alertado a las víctimas en 16.400 casos, según los datos facilitados por Interior a EL PERIÓDICO.
Los avisos son inferiores al número de reincidentes en el sistema VioGén porque la instrucción dictada, siguiendo el criterio judicial, indicaba que el aviso no debe ser sistemático o generalizado, con el argumento de que hay que evitar alarmas innecesarias, sino que depende de la valoración que hagan los expertos policiales de cada caso. No obstante, sí se comunican los antecedentes siempre que haya riesgo medio, alto o extremo.
Dependencia
Con aviso o sin él, el problema es que muchas víctimas continúan conviviendo con su agresor porque la violencia de género es un complejo problema estructural en el que pesa mucho el miedo o la dependencia emocional, económica o social. A lo que hay que añadir los fallos en el sistema de protección: el asesino de Castellón, por ejemplo y a pesar de acumular antecedentes extremadamente graves, carecía de una orden de alejamiento activa.
"Debería explorarse la posibilidad de que la policía vigilara a los expresos tras cumplir condena sin vulnerar sus derechos”
La investigación determinará qué es lo que no funcionó este caso concreto, pero en el fondo subyace, según explica la fiscal Susana Gisbert, que la violencia de género “tiene características propias precisamente por el alto nivel de reincidencia de los maltratadores, que se sustenta en el machismo arraigado, y la vulnerabilidad de las víctimas, además de por la dificultad de probar delitos” que, en la mayoría de ocasiones, ocurren en la intimidad del hogar y sin más testigos que la pareja. “Si la víctima no denuncia o se acoge a la dispensa [que le permite no declarar contra su pareja], los juzgados no podemos seguir adelante”, lamenta.
Los programas de rehabilitación de agresores funcionan, pero no siempre se realizan, bien porque no son obligatorios o porque hay márgenes que flexibilizan su cumplimiento
Además, “existe un problema fundamental, dado que cuando se ha cumplido la pena, solo existe la libertad vigilada, pero también tiene un plazo y se acaba”. Como posible solución, la especialista propone que se explore la posibilidad de que las fuerzas de seguridad vigilen a los exreos tras cumplir condena pero “sin vulnerar sus derechos”, algo que habría que articular jurídicamente. A su vez, reclama dar “más herramientas” a las víctimas para que “puedan salir del bucle”, romper con los violentos y confiar en las instituciones.
Fallos del sistema
Por su parte, Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno contra la violencia machista, considera que “falla el sistema y fallamos como sociedad”. Por un lado, a su juicio la justicia no logra proteger a todas las víctimas porque “la violencia de género es cíclica y los tribunales la fragmentan y juzgan cada delito por separado”, lo que genera ciertos márgenes de impunidad y grietas en la ayuda a las mujeres.
“Falla la detección a través de las consultas médicas, a las que las víctimas acuden con frecuencia, y también el tratamiento que reciben"
Además, “falla la detección a través de las consultas médicas, a las que las víctimas acuden con frecuencia, y también el tratamiento que reciben las afectadas, dado que cuando denuncian se interponen órdenes de alejamiento o se les otorga ayudas económicas, pero no se las trata médicamente de forma íntegra, para que puedan salir definitivamente de la espiral de violencia”.
En el lado contrario, los programas de rehabilitación de agresores funcionan, dado que baja su nivel de reincidencia, pero no siempre se realizan, bien porque no son obligatorios o porque hay márgenes para flexibilizar el cumplimiento. “La justicia podría interponer más y mejores medidas de reeducación y de seguimiento vigilado”, propone Lorente.
Polimaltrato
Por su parte, el criminólogo Pau Crespo coincide en que, aunque cada vez hay más concienciación, recursos y denuncias, “un grupo de víctimas no está recibiendo la atención necesaria” para escapar del agujero de dominación. Los estudios indican que, en términos generales, las mujeres maltratadas tardan ocho años en denunciar y que entre un 10% y un 20% de ellas sufre maltrato por más de un agresor a lo largo de su vida.
De hecho, sufrir violencia por primera vez genera una vulnerabilidad que predispone a algunas mujeres, aunque hayan roto con su agresor, a sufrir maltrato en el futuro porque han normalizado la violencia, los agresores suelen aislarlas de su entorno y vivir con miedo genera enfermedades mentales. “Y de todo eso se aprovechan los violentos”, indica Lorente.
No obstante, Crespo precisa que los factores de riesgo que caracterizan a las víctimas más vulnerables aumentan la posibilidad de sufrir violencia, pero no se trata de “factores causales”. En definitiva, si no toparan con machistas violentos, no se produciría.
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