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Esquí y calentamiento: no basta con los cañones de nieve

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Por qué las estaciones de esquí tienen un futuro negro, incluso con cañones de nieve

Por qué las estaciones de esquí tienen un futuro negro, incluso con cañones de nieve / valentin luthiger

Michele Catanzaro

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En los últimos años, en la pista de esquí de Vallter 2000 (Girona), han aumentado las noches en las cuales no se ha conseguido cubrir las pistas ni tan solo con nieve artificial. Lo afirma Jordi Mazón, investigador en meteorología de la Universitat Politècnica de Catalunaya, que asegura saberlo de fuentes locales bien informadas.

La razón es que, incluso a los 2000 metros de altura, la temperatura no baja por la noche como lo hacía antes. Hay picos de hasta 12 grados. Con ese calor, no hay manera de que el agua pulverizada que disparan los cañones se convierta en nieve. “Es una tendencia que hemos visto en los últimos años”, asegura Mazón.

Esa observación encaja con lo hallado por un estudio publicado en Nature Climate Change, que ha estimado el riesgo ocasionado por el calentamiento a más de 2200 estaciones de esquí europeas. El mensaje de fondo es que la nieve artificial no lo arregla todo. Además, sus costes dificultan aún más su uso generalizado en el futuro. 

Más de la mitad de las pistas, en muy alto riesgo

El descenso de la cobertura de nieve en las estaciones de esquí ya es una realidad. Por ejemplo, hoy hay 36 días esquiables menos en las estaciones de los Alpes con respecto al promedio histórico, una caída sin precedentes.

¿Hacia donde lleva esta tendencia? Este es el objeto del ultimo estudio. En teoría, el Acuerdo de París obliga los países a limitar el calentamiento global a entre 1,5 y 2 grados por encima de la temperatura preindustrial. Actualmente, ya se ha superado 1 grado y las proyecciones dicen que vamos camino de romper esos umbrales. Con un calentamiento de 2 grados, el 53% de las 2.234 estaciones de esquí europeas analizadas estarían en muy alto riesgo, según el estudio. Con uno de 4 grados, lo estarían prácticamente todas

“Muy alto riesgo” quiere decir que esas estaciones tendrían niveles de nieve escasos al menos una vez cada dos años, frente a uno cada cinco años, que es la frecuencia de nieve escasa en el periodo 1961-1990, la edad del oro del turismo de esquí, en la cual el calentamiento global rondaba los 0,6 grados. Dicho de otra forma, las condiciones que se dieron en los peores días de esa época de oro (en concreto en el 20% peor) se darían día sí, día no.

La proyección se basa en modelos geoespaciales de las estaciones de esquí alimentados con datos satelitales y meteorológicos.

La nieve artificial no basta

La nieve artificial puede paliar esos riesgos, pero dista de ser una panacea. Si se aplica nieve artificial para cubrir la mitad de cada pista, las estaciones de muy alto riesgo bajan entre un 27% y un 71% (en correspondencia respectivamente de 2 y 4 grados de calentamiento). 

En España, los cañones de nieve disminuirían significativamente el riesgo solo en pistas del Pirineo. En el resto de las montañas del país, el riesgo permanecería alto: el calentamiento sería tal que las maquinaria no se podrían utilizar cuando se las necesita.

Pero el estudio también analiza los costes de apostar por la nieve artificial. El aumento en el consumo de agua sería notable. Para cubrir la mitad de las pistas con el agua que cae en las estaciones, se debería usar entre un 8% y un 42% más respecto a los niveles anteriores a 1990. 

“No sabemos cuanto lloverá y cuando, ni si habrá agua suficiente tanto para las estaciones de esquí como para los agricultores y habitantes de su entorno”, observa Linda Lundmark, profesora de goegrafía de la Universidad de Umea, en Suecia. También aumentaría el consumo de electricidad para alimentar los cañones, y las emisiones asociadas.

“No son resultados sorprendentes. Para muchas pistas será complicado sobrevivir”, comenta Mazón. “Confirman lo que ya sabíamos: el cambio climático afecta a las estaciones de esquí”, afirma 

Muchos esquiadores ya prefieren los Alpes a los Pirineos, asegura Mazón. Lundmark coincide en que una delgada pista de nieve artificial no es lo que buscan los apasionados. Además, situaciones como la pandemia y la guerra de Ucrania han demostrado que el movimiento de turistas no está garantizado, debido a restricciones de movimiento.  

Cada pista tendrá su destino particular, aseguran los expertos. Según su orientación y altura, muchas podrán escaparse de lo peor. Pero la tendencia general es inesorable. 

¿Qué hacemos con las pistas?

“En la nueva realidad climática, no podemos seguir haciendo lo mismo: hay que adaptarse”, afirma Mazón. Este experto asegura que el sector catalán no cae por el apoyo público de la Generalitat, propietaria de buena parte de las pistas. “Apostar la nieve artificial para seguir con el desarrollo de siempre no será sostenible en el largo plazo”, coincide Lundmark.

Los dos expertos coinciden en una recomendación: diversificar. “Mantener la economía del esquí en invierno no tiene sentido. El Pirineo tiene otros muchos atractivos: excursionismo, gastronomía, paisajes, calidad del aire… incluso las pistas pueden convertirse en parques de divertimiento o rutas para bicicletas”, aventura Mazón.

“Recomendaría a los administradores locales de que se alejen de la dependencia del turismo. Tienen que crear oportunidades alternativas de la mano de sus comunidades. Si no, el tiempo se encargará de resolver el problema, pero no de forma agradable”, asegura Lundmark. 

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