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Educación y tecnologías

Claves para el uso de la inteligencia artificial en la escuela

La Fundación Bofill elabora un completo documento que recoge los riesgos y las oportunidades de esta tecnología

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A1-157548912.jpg / Manu Mitru

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Helena López

Barcelona
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La inteligencia artificial ha entrado de forma imparable en los colegios de mano de programas como ChatGPT para desconcierto de los docentes. Otro frente abierto a gestionar sin demasiados recursos. La Fundació Bofill acaba de publicar una guía -descargable en su página web- en la que ofrece algunas ideas interesantes a los profesores, también muy útil para familias con curiosidad o preocupación (o una mezcla de ambas cosas). En ella se explica (para todos los públicos) qué es la inteligencia artificial y, sobre todo, cuales son sus riesgos y oportunidades. Aquí va un pequeño resumen.

La IA es el campo de la informática que se ocupa de la creación de máquinas inteligentes; en este campo, se desarrolla un conjunto de tecnologías a las que se atribuyen algunas capacidades humanas, por el hecho de ser competente en la extracción de conocimientos de conocimientos desde el análisis de numerosos datos a través de la aplicación de algoritmos que generan patrones, unos patrones que identifican y a partir de los que producen nueva información.

El uso de la inteligencia artificial debe respetar la dignidad de las personas individuales; connectar con los otros de manera real, honesta, abierta e inclusiva; estar pendiente del bienestar de todo el mundo y proteger las prioridades de los valores sociales, la justicia y el interés público.

La privacidad ha de plantearse tanto desde el ámbito de la protección personal como en relación con la libertad de expresión. Es necesario ser muy riguroso en el almacenaje y uso de los datos, especialmente cuando hay menores involucrados.

En el momento de recopilar o utilizar datos de la infancia, el consentimiento tiene que darse tanto por parte de los niños y niñas como de sus familias, no ser asumido por los centros educativos.

La evaluación basada en la IA reduce la burocracia y el tiempo dedicado a la corrección por parte del profesorado. Diversifica, además, las formas de evaluar para lograr una evaluación inclusiva y personalizada. Posibilita que esta tenga lugar en un segundo plano, restando protagonismo a las pruebas de evaluación. Reduce, por otro lado, el efecto "preparación para las pruebas" en los procesos de aprendizaje.

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