25 de noviembre

Estas son las mujeres que ha enterrado la violencia machista en Catalunya en 2022

  • EL PERIÓDICO reconstruye los casos de las seis mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde el 1 de enero: Mercedes, María Carmen, Ivet, África, Natalia y Anna

Seis mujeres asesinadas este 2022.

Seis mujeres asesinadas este 2022.

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Mercedes, María Carmen, Ivet, África, Natalia y Anna. Estos son los nombres de las seis mujeres que ha enterrado la violencia machista entre el 1 de enero de y este 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de la violencia contra las mujeres. Menos Anna, el resto eran madres, tenían nueve hijos en total. El marido de Natalia, además, también mató a la hija de ambos, de 16 años. EL PERIÓDICO reconstruye la historia de estas siete víctimas, seis mujeres y una hija, un recuento que se ciñe a los casos investigados por los Mossos d'Esquadra como homicidios de violencia doméstica porque existía una relación sentimental entre agresor y víctima. En el presente año ha habido más mujeres en Catalunya asesinadas por hombres: un yerno que acuchilló a una anciana en Badia del Vallès o un hijo que ya llevaba años maltratando a su madre en Barcelona.

Salvo en el caso del crimen de Natalia, ocurrido en Lloret de Mar (La Selva), en el resto de muertes había antecedentes de violencia. Los vecinos de Mercedes, María Carmen o Ivet, asesinadas en Martorell (Baix Llobregat), Sant Sadurní d'Anoia (Alt Penedès) o Barcelona, habían oído peleas a través de las paredes. Pero no dijeron nada o si lo hicieron sirvió de poco. Las familia de África, que murió a manos de su exnovio en Vilanova del Camí (Anoia), y de Anna, torturada y asesinada por su novio en Campdevànol (Ripollès), vieron como sus novios maltratadores las estaban aislando e intentaron convencerlas sin éxito de que se alejaran de ellos.

Mercedes

El 20 de febrero Mercedes, de unos 50 años, fue golpeada en la cabeza con una barra metálica hasta la muerte en el interior del domicilio que ambos compartían en Martorell. Tras matarla, su marido salió al exterior y fue visto por un vecino en un aparcamiento cercano. Estaba lleno de sangre y se encontraba muy alterado, dándose de cabezazos contra un árbol. Los Mossos d’Esquadra acudieron a calmarlo y pronto dedujeron que la sangre que lo cubría no era suya, era de Mercedes, cuyo cuerpo fue hallado poco después por los agentes en la casa de ambos, tendido en el suelo del piso.

Los vecinos de este bloque de pisos afirman que Mercedes sufría graves problemas de salud mental y no recibía ningún tratamiento médico. La noche anterior escucharon que ella y su marido se enzarzaron en una violenta discusión. "Nos había amenazado de muerte a todos. Habíamos intentado que las autoridades la ingresaran en un centro e incluso habíamos advertido a la policía de que la cosa iba a terminar muy mal", aseguran a este diario. El marido, recuerdan, había acudido a alguna reunión de la comunidad a aclarar que Mercedes se negaba a recibir ayuda psicológica.

María Carmen

El 4 de marzo el cadáver descuartizado de María Carmen, de 54 años, fue hallado en un contenedor del centro de La Granada. De entrada, los Mossos arrestaron a su hermano, de 45 años, que fue quien depositó sus restos en ese contenedor. Dos meses más tarde, los policías detuvieron al novio de María Carmen, a quien consideran autor material del crimen. El rol del hermano sigue sin estar claro. Ambos están en prisión.

Los padres de María Carmen tuvieron seis hijos y regentaron durante años el Bar Ortiz, que estaba en los bajos de la residencia familiar, ubicada en el pasaje Terol de Sant Sadurní d’Anoia. Sus padres fallecieron y los hermanos se marcharon. María Carmen siguió viviendo allí. Tuvo cuatro hijos con dos hombres distintos. Después, comenzó una última relación sentimental con el hombre que acabaría matándola, que ya había sido condenado por malos tratos. Una vecina los oía discutir a menudo. María Carmen acabó denunciándolo y un juez dictó una orden de alejamiento. Sin embargo, ella, a pesar de las agresiones, aceptó que volviera a instalarse en casa cuando salió de la cárcel.

Ivet

El 21 de marzo, Ivet, de 25 años, murió acuchillada en Barcelona por su novio Diego, padre de su hijo. Ivet se separó de Diego a finales de 2021 después de más de siete años juntos. Pero ella aún le tenía cariño y siguió acudiendo durante algún tiempo al piso que la pareja había compartido en la Gran Via de Les Corts Catalanes. Durante esas visitas se desencadenaron peleas que los vecinos oyeron a través de las paredes. Algunas fueron tan preocupantes que los vecinos llamaron a la policía.  

Tres días antes de ser asesinada, Ivet había presentado una denuncia contra Diego. "Me dijo que le tenía mucho miedo, que Diego la seguía por la calle, o hasta el trabajo, que llevaba siempre escondida una navaja y que un día se la había colocado en el estómago y en el cuello para advertirle de que si no estaba con él, no estaría con nadie. Que la mataría si se iba con otro", recordó Claudia a este diario. Poco antes de asesinarla, Diego supo que Ivet tenía otra pareja. El día que fue asesinada, 21 de marzo, Ivet estaba citada en un juzgado de Barcelona para declarar contra Diego.

África

El 15 de abril, África, de 44 años, murió apuñalada por su exnovio en Vilanova del Camí (Anoia), de quien hacía dos meses que pretendía separarse, una decisión que él no aceptaba. Era madre de dos hijos de un matrimonio anterior, África vivía con uno de ellos, la hija. Para soportar la convivencia con su maltratador, madre e hija subían cada noche a dormir a la planta superior del domicilio.

Antonio, el padre de África, explicó a este diario que había advertido a su hija en cuanto comenzó a salir con Jonathan de que se trataba de un hombre "violento". "Pero no me hizo caso, estaba enamorada", lamentó. África y Jonathan comenzaron a salir hace 3 o 4 años. Con el inicio de aquella relación, las visitas de la mujer a sus padres, que viven en la misma población, fueron cada vez más escasas. "Ahora sabemos que él intentó aislarla, cortar el vínculo que tenía con nosotros. Pero ella no nos dijo nada, para no preocuparnos", recordó su padre, que había tratado de prevenirla cuando supo con quien salía, un hombre que ya había maltratado a una pareja anterior. "Le dije que era violento pero no me hizo caso". El 15 de abril, durante las vacaciones de Semana Santa, Jonathan regresó a casa a las 03.30 horas de la madrugada. Subió a la planta superior y atacó con un cuchillo a África, delante de su hija, a quien también intentó asestar una puñalada. 

Natalia y su hija

19 de abril, Natalia, de 53 años, fue supuestamente asesinada en Lloret de Mar (La Selva) por su marido, Sergey Protosenya, que aquella noche también mató a su hija y después se suicidó. 

Los Mossos d’Esquadra creen que Sergey atacó a su mujer y a su hija mientras dormían. Primero mató a su hija, a quien dejó inconsciente de un golpe en la cabeza, antes de clavarle un cuchillo. Después, hizo lo mismo con su mujer. Finalmente, salió al exterior y se colgó por el cuello de una barandilla. Todos los indicios recabados durante la investigación apuntan en esa dirección. Sin embargo, el hecho de que Sergey fuera un directivo de una empresa de gas y que un día antes, el 18 de abril, otro empresario ruso del mismo sector hiciera en Moscú lo mismo –matar a su mujer y a su hija y después suicidarse– ha disparado los rumores acerca de lo ocurrido en el seno de esta acaudalada familia. 

Este crimen no guarda mucha relación con los anteriores. No constan denuncias ni antecedentes de violencia doméstica. Natalia y Sergey no se estaban separando y, según su hijo, –el matrimonio tenía otro hijo que aquella noche se encontraba en Francia– su padre era incapaz de cometer esta masacre.

Anna, Campdevànol (21 de septiembre)

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21 de septiembre, Anna, de 21 años, fue torturada y asesinada por su novio Alberto, 16 años mayor que ella. Anna, con familia en el vecino Ripoll, no vivía en Campdevànol, pero cada vez pasaba más días en casa de Alberto y menos en la de sus padres, que le habían advertido de que mantenía con él una relación tóxica de la que debía escapar. Alberto tenía antecedentes de maltrato a parejas anteriores a Anna y fue descrito por ellas como celoso y controlador. Alberto le sacaba las llaves a Anna y también el teléfono móvil. Cortar los vínculos con sus seres queridos fue la forma de someterla poco a poco.

Entre el lunes 19 y el miércoles 21 de septiembre, Alberto, obsesionado con una supuesta infidelidad de Anna, la sometió a un martirio interminable que nadie sabe todavía si duró horas o días. Después, dejó que se desangrara. Cuando ya había fallecido, la duchó, la limpió, la secó y la vistió de nuevo. Solo entonces llamó a la ambulancia y fingió que las heridas habían sido de una caída en bicicleta que había sufrido el fin de semana anterior. "Le decíamos que lo dejara. Pero cuando alguien está enamorado, no hace caso de lo que le digan", explicaron a este diario las amigas de Anna. "No le dejaba quedar con nosotras. Y si algún día Anna podía venir, él tenía que estar delante", relataron a este diario.