Educación y alimentación

Las escuelas catalanas tiran a la basura 10 millones de kilos de comida al año

  • La empresa de cocina Campos Estela presenta un proyecto que ha logrado reducir los desperdicios hasta un 75%

  • El coste del derroche asciende a 36 millones de euros anuales

Un comedor escolar.

Un comedor escolar. / Josep García

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Sergi Corberó

En las escuelas catalanas se han malbaratado una media de 10 millones de kilos de comida aproximadamente cada año, según las estimaciones de la empresa gestora de comedores escolares Campos Estela. El director general de la compañía, Martí García, ha explicado hoy -en una rueda de prensa para presentar los datos obtenidos durante los últimos 10 años con el proyecto 'Pesa i pensa- que esta cifra sale de multiplicar los resultados que han podido apreciar en los centros escolares en los que trabajan por el total de centros que hay en Catalunya, por lo que ha asegurado que "se trata de una aproximación".

Este informe, titulado '100 milions de kilograms', hace referencia a los desperdicios acumulados a lo largo de la década que la empresa lleva trabajando este proyecto (implantado en más de 40 centros escolares y en unas 30 entidades como casas de colonias o centros de excursiones). Los datos obtenidos durante estos años apuntan a que el derroche de los comedores escolares es de 36 millones de euros anuales.

El proyecto también incluye el objetivo de que los comedores reduzcan a la mitad la cantidad de alimentos que ahora acaban en la basura. El propósito de combatir el derroche de comida, ha afirmado García, es "noble, urgente y necesario" porque no solo se desperdicia el alimento en sí, también los recursos y energía que se invierten en su distribución. Según García, el proyecto, que actualmente está implantado en más de 40 centros escolares y en unas 30 entidades como casas de colonias o centros de excursiones, ha conseguido reducir en un 75 % el desperdicio alimentario en sus comedores.

Martí también ha apelado a la necesidad de innovar en los menús para niños y adaptarlos a sus necesidades de los niños para evitar el desperdicio de comida.

Con las medidas y estrategias que instauró Campos Estela -en su plan piloto han colaborado los propios niños, concienciados a través de los monitores- lograron reducir las cifras de desperdicio en un 75% antes de la pandemia, cuando volvieron a subir.

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A pesar del estudio y el proyecto realizado, la empresa no se ve como modelo para tener en cuenta por los demás comedores escolares. "Somos cocineros y podemos hablar de nosotros, aunque sí es cierto que nos ha ayudado mucho el poner nombre al problema", ha explicado García. "No podemos ponernos objetivos inasumibles porque entonces no llegaremos a ningún lado, aunque sí podemos fijarnos metas si nos aplicamos día sí y día también" ha expresado con énfasis.

Los comedores, no obstante, son solo la punta del iceberg. Según un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona, encargado por la Agència de Residus, en Catalunya se tiran cerca de 260.000 toneladas de alimentos a la basura al año. "Nosotros al fin y al cabo hacemos 176 comidas al año, y una al día", explica García, quien insiste en que donde más alimentos se desperdician es en los hogares, por lo que urge combatir el problema no solo desde las escuelas, también desde los hogares, los comercios y las decisiones individuales sobre qué comprar. El 58 % del desperdicio alimentario global se da en las casas, por delante del 26 % de los comercios y el 16 % de la hostelería.