Nueva legislación en Catalunya

Hosteleros ante la prohibición de fumar en terrazas: "La gente siempre vuelve al bar"

Una clienta en el bar La Pubilla, en la Rambla Fabra i Puig de Sant Andreu.

Una clienta en el bar La Pubilla, en la Rambla Fabra i Puig de Sant Andreu. / Elisenda Pons

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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Catalunya prepara una ley para prohibir el tabaco en terrazas. La hostelería y el ocio nocturno son los sectores que antes han reaccionado al anuncio del 'conseller' de Salut, Josep Maria Argimon, este viernes. El director del Gremi de Restauració de Barcelona, Roger Pallarols, ha asegurado estar "sorprendido" de que el Govern no les haya consultado sobre el asunto. Pallarols ha argumentado que, en el momento álgido de la pandemia, ya se debatió sobre prohibir fumar en las terrazas y en aquel momento, según Pallerols, el 'conseller' dijo que "ya había suficientes prohibiciones".

Así, algunos hosteleros están cabreados y creen que la medida les reducirá la clientela, pero otros piensan que un bar es un bar, y que la gente no dejará de sentarse en las terrazas aunque ya no pueda fumar. El gremio se encuentra dividido ante el posible impacto económico de una medida que, por otro lado, cuenta con el aval y el apoyo sin fisuras de las sociedades médicas. Una vuelta por el barrio de Sant Andreu sirve para tomarle el pulso al sector.

"No creo que se reduzca la clientela. La gente, si quiere fumar, se levantará, se irá a la esquina y luego volverá", dice Albert, el dueño de Ca l'Albert, en la Rambla de Fabra i Puig. Recuerda cuando se dejó de fumar en el interior de los bares y restaurantes, en 2006, que muchos vaticinaron como el fin de estos negocios. "Al principio bajó un poco la clientela, pero la gente la acató rápido y la cumplió todo el mundo", rememora Albert. Desde su bar, en la esquina con Gran de Sant Andreu, ve cómo "cada vez se fuma menos". "No creo que esto vaya a perjudicarme el negocio", señala.

Más arriba, en el bar restaurante La Pubilla, María, al frente de la barra, no disimula su cabreo. Se ha enterado de la noticia esta misma mañana. "A mí me parece fatal. Yo quiero relajarme, tomarme una cerveza y fumarme un cigarro y no podré", se queja la dueña de este negocio que lleva 20 años en la Rambla Fabra i Puig. "Tendremos, seguro, una disminución de la clientela. Cuando se aprobó la ley de 2006, mucha gente que bajaba aquí por la mañana a tomarse el café y a fumar un cigarro dejó de hacerlo y pasó a tomarse el café en casa", dice María.

Para ella, prohibir fumar en las terrazas no tiene sentido porque "¿qué más da, si se está al aire libre?". Durante la pandemia de covid-19, en Catalunya no se prohibió fumar en terrazas, sino que se obligó a mantener la distancia entre mesas. "Si quieren mejorar de verdad la salud pública, que prohíban la venta de tabaco. Porque con esto vamos a tener un bajón de clientela seguro", se queja.

"No nos preocupa"

Desde el restaurante Somiatruites, en la plaza del Mercadal, Carles no muestra un ápice de preocupación por la futura ley antitabaco catalana. "No creo que perdamos clientes. Sinceramente, cuando se prohibió fumar dentro no bajó la clientela. Aquí no nos preocupa mucho, la verdad", asegura. "Al final la gente siempre vuelve al bar", añade.

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Opina lo mismo que él Roberto, que regenta el bar Aparici, al otro lado de la plaza. Despreocupación total. "Me da igual que lo prohíban", responde con seguridad. "¿Qué hará la gente? Se levantará de la terraza y se irá a fumar a la esquina. Cuando se prohibió fumar dentro, salían, fumaban y volvían a entrar". Así, no cree que esta medida vaya a perjudicar el negocio. "La gente se va adaptando", dice con seguridad.

Más escéptica se muestra Marta, desde el Club del Café, en la calle de Rubén Darío. "Yo espero no vivir esta ley, la verdad", confiesa. Su marido, dueño del bar, se jubilará en enero y entonces cerrará el negocio. "Venimos de pasarlo mal con el covid-19 y ahora esto. Por suerte mi marido ya se jubila", asevera. Ella cree que "no es normal tanta prohibición" y advierte, como algunos de sus colegas, que esta medida puede traer consigo una "bajada de clientela". "Cada vez todo es más difícil para la hostelería", se lamenta esta mujer.