Movilidad

Día sin coches | Barcelona registra la cifra más baja de vehículos matriculados desde 1975

El censo total es el menor desde 1986, pero el tráfico se mantiene congestionado, en buena parte, por el más de medio millón de autos de no residentes que entran a diario en la ciudad

Circulación en la entrada del túnel de Glòries, este martes

Circulación en la entrada del túnel de Glòries, este martes / Ferran Nadeu

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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En muchos hogares, y cada vez son más, el día sin coches (que se celebra hoy) es el lunes, el martes, el miércoles... Curiosamente, parece que se valora más al que durante 24 horas no saca su automóvil del garaje que al que ha decidido moverse andando o en transporte público y alquilar -o compartir- un vehículo cuando sea necesario. La ciudad sin coches es a día de hoy una utopía, como lo es el objetivo cero víctimas mortales en materia de seguridad vial. Pero que parezca imposible no significa que haya que dejar de caminar en esa dirección. Barcelona, quizá sin darse cuenta, lleva décadas recorriendo esa senda: la urbe registra hoy la cifra más baja de turismos matriculados desde 1975. Pero ojo, porque a diario entran más de medio millón de coches, con lo que el tráfico, lamentablemente, es un poco el de siempre.

Da la casualidad de que a mitad de los años 70, y tras la crisis del petróleo que disparó el precio del combustible, la imagen del automóvil como elemento imprescindible en la movilidad empezó a agrietarse. El día sin coches, sin embargo, no comenzaría a celebrarse, o a perpetrarse, según se mire, hasta los años 90. Ciudades como Ámsterdam, que en los 60 habían llegado a derribar bloques enteros de casas para dejar paso a grandes avenidas por las que poder circular, empezaron a salir a la calle para clamar contra la fiebre del automóvil, esa industria que era sinónimo de prosperidad y libertad y que a la vez generaba 3.300 muertos anuales en el país, 500 de los cuales eran menores de 14 años. Barcelona, de la mano de movimientos como Eixample Respira, el bicibús o la 'revolta escolar', ha necesitado medio siglo para poner en tela de juicio la predominancia del coche en la vía pública.

Coches estacionados y circulando por una calle de Roquetas, en 1998

/ Álvaro Monge

Pero resulta -el portal estadístico municipal así lo demuestra- que jamás, desde 1975, la capital catalana había tenido una cifra tan baja de turismos censados: 471.145. Si se examina el total de vehículos (coches, motos, ciclomotores, furgonetas...), la cifra de 2021 es la más baja desde 1986. El año con más coches matriculados es hasta la fecha 1992, con un total de 719.356 unidades, un 35% más que en 2021. La curva ha sido prácticamente siempre descendente desde el año de los Juegos. Una caída suave pero constante, mientras que el ascenso hasta esa cumbre dejó puntas sobresalientes. Basta con echar la mirada atrás: de 1960 a 1964, la cifra de coches pasó de 44.000 a 105.000. Eran años, por cierto, en los que todavía circulaban los tranvías (cerca de 500 a mediados de los 60) y se contabilizaban las bicicletas, unas 20.000 a finales de los 50.

El 78% de los conductores que entran a la ciudad son hombres y en la mayoría de los casos van solos

Adaptarse al coche

En aquel año de ebullición automovilística y olímpica en Barcelona, la Comisión Europea presentó un estudio sobre la contaminación urbana. "El sueño de la ciudad sin coches es una reforma necesaria y realizable, tanto desde el punto de vista económico como medioambiental", defendió entonces el comisario de Medio Ambiente, Carlo Ripa di Meana. Se aconsejaba a los estados tomar medidas urgentes, sacudirse de encima las palabras que el presidente francés George Pompidou había pronunciado en 1967, eso de que París tenía que adaptarse al automóvil.

El dia sin coches de 1999, con el paseo de Gràcia cortado y un cartel que invitaba a reflexionar

/ Julio Carbó

Pero que haya menos coches durmiendo en la ciudad, siguiendo con ese deseo comunitario, no implica necesariamente que haya menos congestión. Los compases más crudos de la pandemia nos regalaron calles sin turistas y sin apenas coches, con el cielo azul, Collserola rebosante de naturaleza y los niños jugando a fútbol frente a la catedral o en la plaza Reial. Aquello, sin embargo, fue un espejismo que solo sirvió para darnos cuenta de cómo podría ser Barcelona en otras circunstancias. A día de hoy, recuperado el pulso económico y social, el tráfico es prácticamente el mismo que antes del covid, y de hecho, la circulación ya está una vez más entre las principales preocupaciones de los barceloneses.

Conducimos poco

Supermanzanas, red ortogonal de autobuses, más metro que nunca (y el que está por venir con el tramo central de la L9 por fin otra vez en obras), ejes verdes, eliminación de carriles en las principales arterias..., la ciudad se empeña en desplegar estrategias que inciten a dejar el coche en casa. Y según la encuesta municipal de servicios, surte efecto, puesto que solo el 10,1% de los entrevistados señala el coche a la pregunta de 'qué medio de transporte usa con más frecuencia para acudir a sus actividades principales'. Esto indica que los barceloneses nos movemos básicamente en transporte público y a pie, sea porque es cierto eso de las ciudades de los 15 minutos en las que lo tenemos todo a un cuarto de hora de casa, sea porque el metro y el bus nos bastan para trayectos que raramente superan los cuatro kilómetros de distancia en una urbe de 100 kilómetros cuadrados o sea porque en los últimos 20 años se han perdido una tercera parte de las plazas de aparcamiento en calzada.

Coches en procesión antes de acceder al túnel de Glòries, este martes

/ Ferran Nadeu

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Que haya menos coches que en el último medio siglo pero apenas se note tiene que ver, sobre todo, con la entrada diaria de 536.000 vehículos de no residentes en la capital catalana, según datos de Barcelona Regional. El 60% acceden por las rondas y el otro 40% lo hace por los ejes clásicos: Diagonal, Gran Via, Meridiana y Via Augusta. El 78% son hombres y en la mayoría de los casos, el auto lleva un solo ocupante. Que apuesten por el vehículo privado tiene que ver, en buena medida, con la escasez de alternativas o la falta de confianza en el transporte público. Rodalies, bus metropolitano, carencias en los enlaces ciclistas entre municipios... La zona de bajas emisiones debía echar una mano en esta empresa, pero por el momento solo ha logrado reducir los desplazamientos en vehículos contaminantes; 609.000, según datos del consistorio. En resumen: entra la misma cifra de automóviles, pero ya no polucionan tanto.

El responsable del transporte del ayuntamiento de Londres, Seb Dance, dijo tiempo atrás que conducir será muy pronto "socialmente inaceptable". Quizás no sea tanto cuestión de imagen pública, de crear trincheras de la movilidad, sino de que el coche no sea la opción más inteligente para moverse porque el transporte público, la bici o el andar por la ciudad no son solo más económicos, sino también más eficientes.