Sanidad

Clausuran los grifos de varias habitaciones del Clínico de Valencia por un posible contagio por legionela

Investigan si un paciente con legionelosis se ha infectado durante su ingreso

El centro ha prohibido utilizar las duchas y lavabos de una veintena de habitaciones de Cardiología y Nefrología al detectar allí altos niveles de la bacteria

Clausuran los grifos de varias habitaciones del Clínico de Valencia por un posible contagio por legionela
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Victoria Salinas

El Hospital Clínico de València ha prohibido utilizar los grifos de varias habitaciones tanto a los trabajadores como a los pacientes ante un posible contagio por legionela de un paciente, según han confirmado a este diario fuentes del hospital. Las zonas afectadas serían las salas de hospitalización de Cardiología y de Nefrología, situadas en el tercer piso. Allí se ha prohibido utilizar tanto los lavabos como las duchas de más de una veintena de habitaciones y de despachos y áreas de descanso del personal. El hospital ha habilitado baños alternativos para que puedan ser usados.

La orden se ha dado -tal como adelantaba en exclusiva esta mañana Levante-EMV, diario del grupo Prensa Ibérica al que también pertenece este periódico- para evitar contagios con la bacteria (potencialmente peligrosa ya que la infección puede degenerar en neumonía) mientras se investiga si uno de los pacientes podría haberse infectado y haber desarrollado legionelosis durante su estancia en el hospital. Una vez detectado el posible contagio nosocomial (dentro del centro), el centro ha activado el "protocolo de prevención y tratamiento" que incluye tomar muestras de agua en el sistema hídrico para descubrir el origen del posible contagio, "cambiar grifos, poner filtros especiales y realizar un tratamiento" especial para acabar con la bacteria, ya sea por hiperclorado del agua o elevando su temperatura.

Un brote en 2017

La antigüedad de las instalaciones de agua del hospital es uno de los motivos por los que el centro ha tenido en los últimos años problemas con la bacteria y por el que se han implantado controles periódicos, para evitar brotes de legionelosis entre los pacientes, muy vulnerables a una infección. Cabe recordar que este patógeno tiene un caldo de cultivo perfecto para reproducirse en redes de suministro de agua o de refrigeración antiguas cuando hace más calor.

El último problema de proliferación de este patógeno que trascendió a los medios se dio en 2017, cuando se encontraron niveles "anormales" de legionela en uno de los grifos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del centro (y en otros cuatro puntos de muestra, incluido una ducha en Psiquiatría) tras abrir una investigación al detectar también un posible contagio de un paciente. También ese verano se declaró un importante brote en la urbanización de Calicanto que dejó al menos un fallecido y seis afectados.

El contagio, al inhalar el agua pulverizada

El contagio se produce por inhalación, cuando la persona entra en contacto con las gotas más pequeñas de agua contaminada que quedan en suspensión en el aire (aerosoles) por lo que el peligro se concentra en equipos que generen pulverizaciones, chorros o nebulizaciones de agua contaminada como aires acondicionado, fuentes públicas y, en el caso de suministro de agua, en las alcachofas de ducha por las gotas de vapor de agua.

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La enfermedad tiene dos formas de desarrollarse: una, la más conocida y la más peligrosa, es la enfermedad del legionario o neumonía por legionelosis que provoca una infección pulmonar con fiebre alta y que es la que suele generar complicaciones entre los afectados y que llega a ser mortal en pacientes más vulnerables.

La «Fiebre de Pontiac' esta es otra forma de la enfermedad, de pronóstico leve y que por sus características clínicas puede llegar a confundirse con una gripe o un constipado.