LENGUAJE DIGITAL

25 a帽os de emojis, entre el uso masivo y la endiablada confusi贸n: 驴un 馃崿 significa caramelo o droga?

Los emojis, de los que hay m谩s de 3.000, cumplen 25 a帽os.

Los emojis, de los que hay m谩s de 3.000, cumplen 25 a帽os. / Andrea Hermida-Carro

  • Los emoticonos, de los que hay m谩s de 3.000 diferentes, facilitan la comunicaci贸n digital y la acercan a la hablada, afirman ling眉istas y fil贸logos

  • Tambi茅n pueden distorsionar la comunicaci贸n porque sus significados est谩n sujetos a la cultura, el pa铆s, la edad, el g茅nero y la orientaci贸n sexual del emisor y receptor

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Abel Cobos
Abel Cobos

Periodista

Especialista en tendencias, planes, cultura pop, televisi贸n, 'celebrities', memes, internet y tem谩tica LGTBI.

Escribe desde Barcelona

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Hace 25 años, nuestra forma de comunicarnos cambió radicalmente. Era 1997, en Japón, cuando se presentó al público el primer paquete de emojis para un móvil, el extinto J-Phone DP-211 SW de Pioneer. No era la primera vez que se usaban símbolos para representar conceptos, ya que, en 1881, la revista ‘Puck’ publicó cuatro protoemoticonos que representaban la felicidad, la melancolía, la indiferencia y el asombro. Por orden, :), :(, :|, :O. Sin embargo, fue este paquete, después readaptado y ampliado a color por el diseñador Shigetaka Kurita, el primero en convertirse en un infeccioso fenómeno de masas usado cotidianamente.  

A partir de ahí, han evolucionado muchísimo: desde su nacimiento como pequeños dibujos de 12 píxeles hasta la amplia variedad de hoy, que cuenta con más de 3.000 emojis de todas las resoluciones. Una de las principales claves de su proliferación es que, como asegura el traductor centennial Joan Marco, facilita la comunicación digital y la acerca a la hablada. Es decir, un emoticono nos puede ayudar a entender el tono, la emoción y la intencionalidad tras el conjunto de las palabras. Son sustitutivos perfectos de una mirada pícara o de una sutil ironía en la entonación, ya que ayudan a comprender “cómo se está diciendo algo”, concluye.

En ocasiones se ha hablado de los emojis como un nuevo idioma, ya que permiten sustituir palabras hasta el punto de comunicarse sin ellas. Algo muy común en ‘apps’ de ligue: por ejemplo, encontrarse en Tinder con un perfil sin texto, pero con los emojis ⛰️, 🏄, 🌎, ⚖️ ☀️♌⬆️♊ 🌜   te dice que a esa persona, por orden, le gusta la montaña, el surf, viajar, es abogado y tiene el sol en leo, el ascendente en géminis y la luna en capricornio. Incluso más allá de hobis y profesiones, el emoji en🍬 según qué ‘apps’ significa que esa persona consume o vende drogas. 

Distorsiones e incomunicación

Sin embargo, como apunta Marco, los emojis pueden ser un lenguaje “si tenemos en cuenta la definición de lenguaje como conjunto de signos”, pero “no debemos confundir esto con un idioma”, ya que ni puede usarse en el lenguaje oral, ni tiene complejidades gramaticales como los tiempos verbales, y está demasiado condicionado por la subjetividad, ya que, al no haber un acuerdo entre los usuarios de los emojis, pueden significar cualquier cosa. “El 🍑 significa culo, pero no creo que las personas más mayores lo interpretan como tal”, pone como ejemplo. 

Coincide la lingüista Anaïs González, que basó su tesis en la comunicación digital y en los múltiples significados que tienen los emojis, totalmente sujetos a la cultura, al país, a la edad, al género y a la orientación sexual del emisor y receptor. “Por ejemplo, el emoji 🔝, que solamente los hombres gais o bisexuales lo relacionarían con un rol sexual. O la 💀, que para la Generación Z es sinónimo de risa, y para la Generación X -en adelante- es la muerte. O la bailarina, que en España es flamenca, pero fuera hace claqué, tango o jazz. Incluso, este emoticono: (8), solo reconocible por los que vivieron el Messenger, que significa una nota musical”, detalla. 

“He hecho un experimento rápido”, escribe por WhatsApp unas horas después de la entrevista. “Le he preguntado a mi familia qué significa el emoji de los ojos hacia un lado y la media sonrisa (😏) y todos han dicho algo diferente”. Para su madre (60 años), significa un “te has pasado”. Para su padre (62), “conformarse”, un “si tú lo dices, tocará hacerlo”. Para su hermano (32), “sí, seguro”, pero con “un tono de incredulidad”. Para su cuñada (29), “como que estás a punto de retar a alguien a hacer algo que no deberían, como salir de fiesta hasta las 6 aunque mañana se trabaje”. Para su tío (63), “la he cagado”. Y, para ella (27), “para ligar, sinceramente”. Anima a todos a probar el experimento en sus familias: “Creo que es de los emojis que menos consenso genera”. 

Geopolítica y falta de diversidad

A pesar de estas limitaciones, falta de consenso y, por lo tanto, subsecuentes equivocaciones, tanto González como Marco coinciden: en estos 25 años que llevamos con los emojis, nos han ayudado a mejorar nuestra comunicación. Somos más expresivos, y podemos trasladar nuestros pensamientos a texto con más claridad. El traductor lo compara con el chino, “人 significa persona. 工, trabajo. Así que 工人 es obrero”. Lo mismo con los emojis: “Usar dos o más te permite representar una idea distinta. Es como si añadieras adjetivos a una palabra”. ¿Un ejemplo? Añadir una berenjena a un puño alzado. Pasa de ser un emoji combativo (puño alzado) a representar la masturbación.

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Estos 25 años también han dado para polémicas y peleas generacionales. Como asegura Iago Moreno, sociólogo por la Universidad de Cambridge, entre la Generación Z ahora se está dando un fenómeno de renegar del emoji, ya que creen que sus predecesores no los saben usar bien y, encima, lo hacen en exceso. Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia conducido por Carmen Pérez Sabater llegaba a conclusiones similares, calificando su uso entre los mayores de 50 como “fiesta de emojis”, mientras que los menores de 30 se habían pasado a 'gifs' y 'stickers' personalizados, evitando los emojis convencionales. 

Añade Moreno, además, que en la estandarización de los emojis también hay ideología. Que los emojis no hayan presentado variedad de género o razas hasta hace poco, y que haya sido tras la reclamación ciudadana, demuestra que hay dinámicas de poder en su creación. O, incluso, que estados como el Sáhara Occidental u otras naciones en proceso de descolonización no tengan banderas en las ‘apps’ es un síntoma de las dinámicas geopolíticas norte-sur. Como concluye el sociólogo, “que dependa de los emojis el reconocimiento de tu identidad nacional es obviamente una desigualdad de poder, que demuestra que los emojis son un contenido que se genera de arriba hacia abajo”.