La educación en Catalunya

La inaccesible vuelta al cole: "Sólo tenemos para un libro"

Entre la vergüenza y la indignación, las familias más necesitadas lamentan que no pueden comprar los materiales básicos para que sus hijos puedan ir a la escuela: "Me mata porque no quiero que se les cierren las puertas", dice una madre

Familia atendida por Caritas que no puede pagar la vuelta al cole de sus hijas

Familia atendida por Caritas que no puede pagar la vuelta al cole de sus hijas / ELISENDA PONS

Elisenda Colell

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"Haremos una cosa: el primer día, vas a la clase y preguntas cuál es el libro que más vais a utilizar. Éste es el que compraremos, y a medida que vayamos trabajando iremos comprando el resto. Ahora no podemos hacer más, estamos a la deriva. Lo siento cariño". Esta es una conversación entre una madre y una hija en el seno de una familia atravesada por todas las pobrezas, que no puede permitirse comprar el material escolar necesario para la vuelta a la escuela de sus hijos.

La madre se llama Lourdes. Su hija adolescente empieza el miércoles el segundo curso de grado medio de gestión administrativa. Es consciente de que no lo hará como el resto de sus compañeros: le falta todo el material. Como esta, hay cientos de familias en apuros para la vuelta el cole. Y más con la inflación. "Nos dicen que la escolarización es gratuita pero es mentira. A mí me piden más de 300 euros para mis dos hijos", cuenta Loli Parada, madre soltera desesperada.

La familia de Lourdes vive en un piso de L'Hospitalet de Llobregat, financiado con el apoyo de Cáritas. Ella y su marido, Antonio, pagan cada mes 230 euros. "Más no podemos asumir", explican. Él trabaja en la construcción sin contrato. Ella, cuidando ancianos algunas horas a la semana. Con suerte recaudan cerca de 600 euros al mes para sostener a sus tres hijas de 18, 6 y 4 años. Las dos pequeñas han empezado 1º de primaria e Infantil-4. Los padres, desesperados, no han podido comprarles nada de material. "En verano las obras cierran y no hay trabajo", cuenta él. Este agosto han sobrevivido con cerca de 100 euros que ha conseguido la madre trabajando en hogares. Es menos de lo que le piden por los libros de su hija mayor. "Esperemos que mejore y llamen a mi marido estas semanas", confía ella.

"Estoy en la miseria"

Esta familia se encuentra en especial situación de vulnerabilidad: emigraron de Perú en 2019 y no tienen permisos para residir ni trabajar legalmente en España. A él sus empleadores le deben más de 600 euros y tuvo un accidente en el trabajo pero no pudo librar la baja. "Como no tengo contrato... hacen lo que quieren con nosotros", se resigna el padre. Pero no es una situación exclusiva de las personas migrantes. Loli Parada, vecina de Santa Coloma de Gramenet, se encuentra en los mismos apuros. Es madre soltera de tres hijos que tienen 14, 15 y 16 años. "Cada septiembre arrastro este problema, pero este año... es imposible, estoy en la miseria", exclama.

La escuela le ofrece usar libros de texto reutilizados para sus tres hijos. Sin embargo, debe pagar una cuota mínima. "Me piden 140 euros para cada uno", lamenta. La suma supera a los 400 euros, que es lo que ella gana cada mes limpiando hogares y escaleras. "No lo puedo pagar, lo que acabo haciendo es que lo tengo que ir a hablar con el director, pedirle que me ayude y luego voy pagando lo que buenamente puedo, pero aún debo dinero del año pasado", explica. "Por suerte, la Cruz Roja me da el material escolar y me ayudan", insiste la mujer, que participa en muchos de los programas de la entidad, entre ellos los de apoyo psicológico.

Dejar de comer para pagar facturas

Pero la compra del material escolar es tan solo una de las tantas facturas que hacen temblar a las familias más empobrecidas. "Tal y como han subido los precios, yo solo como una vez al día. El resto voy tirando de cafés con leche", reconoce Parada. Con suerte, sus hijos tienen derecho a la beca comedor durante el año que les asegura una comida al día en condiciones en el instituto. Una suerte, la de tener becas para el comedor, que la familia peruana logró tramitar en abril. "Estamos esperando que nos la puedan dar este año también", sigue la madre, que gracias a las donaciones de su escuela pudo comprar regalos para los Reyes de sus hijas la pasada Navidad. Al recordarlo, rompe a llorar.

Otra de las facturas que ven imposible de asumir es la de la vivienda. Parada está ocupando un piso con sus tres hijos, del que la quieren desahuciar en breve. Los servicios sociales le han instalado un contador del agua, pero la compañía eléctrica no ha hecho lo mismo. Los menores viven con su madre con la luz pinchada. La familia de Carmen tiene suerte de contar con el apoyo de Cáritas, aunque en los últimos años han estado viviendo en una nave industrial abandonada en Sant Joan Despí, y en una habitación de realquiler en Ripollet. "Dormíamos los cinco en un colchón", cuenta la madre.

A Lourdes y a Loli les duele que sus hijos entren a la escuela cojeando, en condiciones diferentes al resto de alumnos. Tampoco podrán hacer las salidas a las que irá el conjunto de la clase, a no ser que la escuela, o las entidades sociales, se lo financien. "Te da vergüenza tener que ir pidiendo, pero por tus hijos haces lo que sea, aunque yo me quede sin nada", insiste el padre, Antonio. "Lo peor es que la educación es la puerta que tienen mis hijos para no acabar como yo... y ver estas diferencias ya de entrada... me mata", lamenta por su parte Parada.

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