La cita festiva del verano

Gràcia: alegría por la recuperación de la fiesta y temor al incivismo

  • Organizadores y vecinos temen la masificación turística y el ruido por las noches. "No queremos ser un parque turístico", afirman

jordi otix

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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Este domingo vuelve la fiesta mayor de Gràcia, como lo era antes de la pandemia del coronavirus. Vuelven las calles engalanadas, los conciertos, y también el esprint final de muchos vecinos para tenerlo todo a punto. Atrás quedan dos años marcados para siempre en el calendario. El de 2020, cuando la fiesta no se realizó, y el de 2021 cuando, a última hora y con muchas restricciones de aforo, las fiestas trataron de repetirse. "¿Que cómo lo vivimos? Solo tienes que mirarnos", responde Susana Font, miembro de la comisión de fiestas de la calle de Verdi, señalando a un par de vecinos, moviendo la cintura encima de una tarima, al son de la música. El entusiasmo se vive de nuevo en cada rincón del barrio. Pero también está muy presente el temor a la masificación turística, el ruido y los comportamientos incívicos de madrugada.

Son las 12 del mediodía del domingo 13 de agosto, pero ni las altas temperaturas detienen a los vecinos de Gràcia para terminar todos los detalles de la decoración de sus calles de cara al pregón de la tarde. Arnau y Joana, dos veinteañeros, cargan un andamio en dirección a la plaza del Diamant. "No nos conocíamos y ahora ya somos como de la familia", bromean. "Llevamos varias semanas trabajando en la decoración de la calle de la Perla: desde las 11 de la mañana hasta la madrugada", cuentan. Él es vecino de la calle de Sant Lluís. Ella, adoptada en el barrio, procedente de Sant Gervasi. "Es nuestra primera vez en las fiestas", asienten.

La calle de La Perla, preparándose para acabar la decoración de la fiesta mayor.

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Aires nuevos en la Perla para no perder una tradición

Es la primera vez que participan en el concurso para decorar las calles del barrio, el sello de identidad de las fiestas del barrio. En 2020, la calle de la Perla, como todas las otras, no se decoró. Tampoco lo hizo en 2021. "Si no se decoraba este año se perdían todas las ayudas y terminaba la tradición para siempre", cuenta Arnau. "La comisión que lo llevaba era mayor y ya estaban cansados de tirar del carro, así que unos cuantos decidimos echar una mano para que esta tradición no se pierda", explica Joana. El tema que decora la calle lo dice todo: 'La Perla en construcción'. Hay herramientas mecánicas colgadas en el techo, cintas métricas, edificios en ruinas e incluso abuelos que miran las obras. "Es para decirles que vamos a empezar de nuevo", sigue Joana.

81 años y pintando palmeras

Quien sí lleva muchos años celebrando, y decorando las calles es Joaquín Ordovás, un aragonés de 81 años que empezó a participar en el concurso en 1976 desde la calle Fraternitat de Dalt. "Hemos hecho de todo: tipo discoteca, un circo de Dumbo, el parchís, una zapatería...", recuerda mientras ve cómo el resto de sus vecinos colabora para, este año, recrear la Polinesia. "Antes la preparábamos 15 días antes y sin local", le explica a Àlex Camatx, miembro de la comisión de diseño de la calle. "Pues nosotros empezamos en febrero", responde el joven.

Juaquín Ordovás, rematando los últimos detalles de la calle Fraternitat de Dalt.

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Ordovás es incapaz de abandonar el barrio por las fiestas. Ni siquiera se atreve a ver los preparativos de la fiesta desde el balcón, como sí hace su mujer Fina. Ella prepara ollas de macarrones para todos los vecinos implicados. Él ha pintado cañas de bambú hechas con cartón y repasa la pintura de las últimas palmeras de papel de periódico. "A ver cómo queda", dice nervioso. "Es nuestro jefe de control de calidad, nos va diciendo todo para que lo hagamos mejor", responde una vecina después de darle un fuerte abrazo al anciano.

La calle vuelve a ser segura

Quien también lleva las fiestas de gracia en el ADN es Laia Miller, miembro de la asociación de fiestas de la calle Tordera. "Yo nací aquí y mi padre era organizador de la decoración de la calle, yo de pequeñita estaba siempre por aquí ayudando, no entiendo un verano sin las fiestas de Gràcia", explica. Por eso los dos últimos, el de pandemia y el de las restricciones, dieron otra impresión al barrio. "Descubrimos que puede ser verano sin fiestas de Gràcia, y hay gente que le gustó", cuenta Miller. Ella es incapaz de no volver a la calle. Este año la decoración está inspirada en la China, con un templo pagoda y un gran dragón. "Hemos colaborado todos: la más entusiasta, una niña de 14 años que ha traducido deseos en chino y que ahora vamos a colgar", sigue. "Para nosotros, la decoración es lo de menos: nos gusta haber recuperado la calle como un lugar seguro, hacer vínculos entre vecinos y pasar la tarde juntos", cuenta.

Los vecinos de la calle Verdi han recreado el libro 'Don Quijote', incluso han instalado un molino típico de La Mancha.

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Un molino de viento

En cambio, hay otras calles que llevan más de tres años trabajando la decoración. Es el caso de la calle de Verdi, que escenifica 'El Quijote'. La entrada es espectacular, con cinco libros majestuosos colgando del techo. Dentro hay varias figuras de yeso que recrean las escenas del clásico de la literatura española: desde el asno o Sancho Panza, pasando por Cervantes, Dulcinea e incluso un molino de viento. De momento las figuras son blancas, el reto es pintarlas, vestirlas y ponerles el pelo a tiempo. "Todo está por hacer y todo es posible", recita Susana Font, miembro de la comisión de la calle. "Estamos contentos, por fin podemos volver a hacer lo que nos gusta", exclama Font. "Ahora es el momento de más nervios, adrenalina... Y te digo una cosa, todo lo que aprendes decorando la calle te lo puedes aplicar en la vida: trabajamos en equipo para un objetivo, y si no lo logramos aprendemos a rectificar", explica.

Toda la noche montando

Ade Samper también es otra cabeza pensante, en este caso de la calle Travessera de Sant Antoni, que recrea al tema de los viajes. "Queríamos recrear la experiencia de viajas, escrubir postales... cuando vuelves, cómo te cambian la vida los viajes..", explica. A ella le pasó un poco eso. Lleva 11 años en el barrio. "Vine por amor", dice. ¿Y siguen juntos? "Por supuesto", responde feliz. Samper, y la cincuentena de voluntarios de la asociación de su calle, ya pronostican terminar de montar la calle de madrugada. "Hoy nos quedamos aquí toda la noche", avisa Gemma, que cuenta que llevan desde Navidad trabajando en esta temática de la calle, después de que la comisión se haya rejuvenecido por el cambio de residencia de muchos vecinos tras la pandemia.


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Miedo a la masificación

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"Teníamos muchas ganas de que llegara el día, pero nos preocupan las aglomeraciones", sigue Gemma. Para tratar de evitarlo, han programado la mitad de conciertos respecto al año anterior. "El problema es que somos la primera calle que se ve a la que salen del metro..", agregan otros voluntarios. Esta es una preocupación latente y constante en cada una de las calles. "Me dan miedo los turistas y que esto sea más un parque temático que no una fiesta de barrio", se quejan los jóvenes de la calle La Perla. Mismo presentimiento en Tordera y Fraternitat. "Los turistas y los no turistas: esta gente que viene aquí a emborracharse y no respeta la vida de los otros, especialmente de noche", sigue también Font, desde Verdi. "Yo agradezco al menos que hayan puesto un segurata y enciendan las luces por la noche para evitar que se nos carguen la calle", sigue Camatx, que opta por escuchar a la voz de la experiencia. "Joaquín, ¿cuándo empezó a cambiar la fiesta del barrio?", le pregunta al octogenario. "Cuando la gente compró el 600: los vecinos se iban del barrio y venían de fuera", exclama el hombre, que dice tener a punto un cubo de agua cuando los incívicos le molesten por el ruido.

Miller se lo toma con resignación. "A una vecina que está aquí porque le toca trabajar en agosto se lo dije: o bajas y bailas un poco... o te será imposible dormir", cuenta. La chica ha terminado por implicarse, incluso, en la decoración. "Yo lo que quiero es que se deje de hablar tanto inglés, y seamos más de aquí, del barrio... más familiar", insiste Joana, de La Perla. A las tres de la tarde, no se avecina ningún cambio de tendencia. "¿Is this Gràcia party?", preguntan, a la salida del metro.