Cambio de tendencia en el mundo rural

La España vaciada sigue atrayendo a jóvenes y mujeres: "La ciudad no es un oasis, aquí hay oportunidades alucinantes"

Los datos indican que desde 2018 los municipios de menos de 5.000 habitantes ganan población

Entre 2018 y 2021 se han empadronado 222.229 personas en pequeños municipios, según el estudio 'Movimientos de población hacia el medio rural' elaborado por el Ministerio de Transición Ecológica

La España vaciada sigue atrayendo a jóvenes y mujeres: "La ciudad no es un oasis, aquí hay oportunidades alucinantes"

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Silvia Cano

"Yo no tengo ningún problema con la subida de precios. Tengo tomates, melón, aceite...El vecino con huerta me da verduras, el que tiene cabras me regala carne...", es lo que dice Tom Rhode. Son las 10 de la mañana y este chico 34 años acaba de volver de sus tierras, en las que cultiva aceituna. Tom decidió dejar su vida en Córdoba, donde trabajaba en una compañía de seguros, para comenzar a trabajar el campo en el Rinconcillo, una aldea de unos 200 habitantes en el municipio de la Carlota.

Como Tom, muchos optan por una vida en el pueblo. Según un informe del Ministerio de Transición Ecológica al que ha tenido acceso este diario, se consolida una tendencia observada tras la pandemia y la España vaciada sigue atrayendo población. Los datos del estudio 'Movimientos de población hacia el medio rural' indican que entre 2018 y 2021 se han empadronado 222.229 personas en pequeños municipios y que pueblos de menos de 1.000 habitantes han tenido un saldo positivo. Es decir, han llegado más de los que se han ido. Aun así, una población envejecida y la baja natalidad hacen que el saldo global sea negativo.

Si entre 2011 y 2017 los pueblos pequeños perdieron 104.526 habitantes -50.000 de ellos menores de 35 años- ahora atraen a más de 200.000. La mitad son inmigrantes y el resto urbanitas que deciden dejar su vida en la ciudad. Algunos tienen arraigo familiar en esos pueblos y otros buscan un modo de vida distinto. "La pandemia de 2020 acelera e intensifica de forma excepcional la salida de población de las ciudades a las áreas rurales, pero 2021 parece confirmar que es un movimiento no tan puntual sino más tendencial", indica el estudio elaborado por el departamento de Teresa Ribera.

Otro dato relevante es que de las más de 57.000 personas que han llegado a municipios de menos de 5.000 habitantes en 2021el 46% tiene menos de 35 años. "La juventud es la que tiene el talento. ¿Quién emprende? ¿Quién innova? ¿Quién esta preparada? ¿Quién estudia marketing y controla internet? La juventud", por eso, dice Rhode, los jóvenes pueden ser la solución a la despoblación rural, al envejecimiento de la población y a la falta de mano de obra en el campo.La pandemia acentuó la tendencia pero el campo atrae gente desde el 2018. "En el 2020, durante la pandemia, muchos de los que llegaron a los pueblos eran jubilados que vieron que tenían un patrimonio y relaciones familiares", explica Luis Camarero, Catedrático del Departamento de Teoría, Metodología y Cambio Social de la UNED. Sin embargo en 2021 con las facilidades del teletrabajo, ahora son los jóvenes los que siguen a sus abuelos.

Un modo de vida

"Nosotros tenemos nuevos pobladores, familias enteras, pero sobre todo gente que ya tiene arraigo y que ha decido volver. Los nietos de los abuelos que viven en el pueblo. Y no solamente hemos conseguido crecer sino rejuvenecer el censo". Con ese orgullo habla Marta Corella, alcaldesa de Orea, un municipio de Guadalajara de unos 200 habitantes. Lo que más pesa, dice, es el modo de vida. "Lo que se puede encontrar en un pueblo es autenticidad, naturaleza, recuperar la esencia del ser humano. Ahora, además planteamos proyectos para dinamizar el pueblo, para que haya alternativas de ocio, que sea posible teletrabajar y crear espacios de coworking. La gente ya no quiere quedarse solo los tres meses de verano".

Uno de esos jóvenes es Enrique Collado que, tras acabar la carrera en Madrid, ha decidido volver a su pueblo, el Recuenco, un municipio del Alto Tajo con unos 60 habitantes. "Aquí se puede teletrabajar, el Ayuntamiento nos deja una sala y trabajamos, pero también vamos al río, al campo, a coger setas, a montar en bici o a tomar una tapa. Además, no se trata de estar todo el tiempo en el pueblo. Yo paso el 60% de mi tiempo aquí pero también salgo a las ciudades a ver clientes, voy a Madrid, salgo a otros pueblos a temas de ocio. Vivir aquí es un privilegio, no un sacrificio", apostilla.

Collado está tan convencido de ello que incluso ha fundado Rumbo Rural, una iniciativa en la que jóvenes de los pueblos del Alto Tajo o que tienen un arraigo allí luchan por repoblar sus localidades. Llevan a cabo proyectos sencillos como rutas turísticas o eventos deportivos y también asesoran a los Ayuntamiento de la comarca para que puedan conseguir ayudas como los fondos Next Generation o trabajan con el Ministerio de Transporte en proyectos de agenda urbana. "Hemos salido fuera, hemos aprendido y hemos vuelto a los pueblos. Ahora buscamos atraer a más jóvenes, aunque salgan a estudiar y luego vuelvan, aunque lleven una forma de vida mixta como yo. No se trata de masificar los pueblos, sino de que sean viables"

Los jóvenes de rumbo Rural, en el parlamento europeo, luchando por la repoblación del Alto Tajo. / Cedida

La forma de vida también fue lo que atrajo al campo a Tom. "Me quedo aquí por la tranquilidad, por la gente. En la ciudad tuvo que haber una pandemia mundial para que mucha gente conociera a su vecino, aquí nos conocemos todos. Si me falta comida voy a casa de mi Paco y le pido, si les hace falta mi coche se lo dejo. A mi no me pesa trabajar, voy con mi tractor, hago mi trabajo, nadie me manda y llego a casa tranquilo, sin llevarme nada a casa. Y luego tenemos otras diversiones: ir al cortijo de un amigo que tiene piscina, beber vino, jugar a las cartas. En mi finca, por ejemplo, ponemos toboganes de agua gigantescos. Y nos divertimos, no necesitamos subir una foto a redes sociales con una copa de 14 euros".

"Lo que atrae a la gente es el dinero"

"Me he vuelto porque el precio de los alquileres en Madrid está desorbitado. Aquí se puede acceder a una vivienda de mucha más calidad a un precio reducido". Es lo que dice Daniel Hernández, un madrileño de 25 años que, hace menos de un mes, decidió volverse al pueblo de sus padres, Berzosa, una localidad madrileña de algo más de 2.000 habitantes. Es diseñador gráfico y antes habría tenido que estar en la ciudad pero con el teletrabajo todo se ha facilitado. "Encima puedo estar en una zona silenciosa y tranquila cerca de la montaña", resalta.

Además, dice Hernández, ayuda mucho que las localidades de Torrelodones y Villalba, de 20.000 y 60.000 habitantes estén muy cerca, a un viaje de 15 minutos en coche. La cercanía a ciudades más grandes parece un factor decisivo en la movilidad de las ciudades a los pueblos. Según el informe del MITECO, el 80% de los pueblos que están a menos de 15 minutos de una ciudad de 50.000 habitantes, ha crecido. Sin embargo, de los que están a más de 90 minutos, solo ha atraído población el 49%.

Tom Rohde, junto a sus campos de olivos. / Cedida

"La ciudad ya no es ningún oasis, están los alquileres altos, la contaminación, la precariedad. Aquí hay muchísimas oportunidades. En la comarca hemos montado la primera explotación de bosques sostenibles y el sector resinero está sacando una rentabilidad increíble", asegura Collado. Desde su aldea cercana a Córdoba, Rohde dice lo mismo: es rentable trabajar en el campo. "No es para tirar cohetes, pero aquí un jornalero cobra 51 euros por 6 horas. A jornada real siempre estás por encima del salario mínimo. Si a eso le sumas que ahorras en comida y que el alquiler de un chalet de tres pisos es 350 euros...Lo que atrae a la gente es el dinero, el trabajo estable".

El problema fundamental en este sentido, dice la alcaldesa de Orea, es la falta de oportunidades para las mujeres, lo que conlleva la masculinización de los pueblos. "Los chicos encuentran trabajo antes porque tienen grados superiores o FP. Las chicas del pueblo están más formadas, con carreras, doctorados o másters y es más difícil para ellas, que son las que al final fijan la población, encontrar trabajo"

Marta Corella, alcaldesa de Orea, en Guadalajara. / AYUNTAMIENTO DE OREA

Feminizar los pueblos

Sin embargo, uno de los datos más positivos que arroja el estudio 'Movimientos de población hacia el medio rural', es que las mujeres españolas están empezando a dejar las ciudades para volver a sus pueblos. "Frente a la pérdida de casi 90.000 mujeres entre 2011 y 2017, desde 2020 el saldo interior femenino hacia los pequeños municipios es de +50.376 mujeres", explica el estudio. Eso es gracias, en parte, a proyectos como el del equipo de Gobierno de Marta Corella en Orea.

"En el Ayuntamiento somos más mujeres que hombres, y estamos trabajando muy duro en los planes de empleo para que vengan más. Queremos transformar nuestro colegio en un bosque escuela, con valores muy centrados en la naturaleza, lo que podría atraer a familias enteras y también a profesoras. También hemos creado un proyecto forestal con una ingeniera al mando". Se trata, dice la alcaldesa, de crear una inercia, la escuela atrae niños y familias, eso genera empleo, mejora la economía y al final, hay más natalidad. Se trata también de poner fin a la masculinización del campo.

Otro factor importante es la conciliación. "Aquí es mucho más fácil, conoces a tus vecinos y les puedes pedir favores, que te cojan cosas en el super para llegar a recoger al niño o incluso que te lo recojan. Si conseguimos que vengan 20 familias, eso ya es una revolución", asegura Collado.

La alcaldesa habla de las ventajas que tiene criar a un niño en un pueblo. "En Orea los niños son personas independientes, desde los cuatro años comienzan a juntarse con otros niños de su edad. Están muy vinculados al mundo de la naturaleza, a la pesca, a los caballos. Aquí suenan las campanas a clamores y ya saben que se ha muerto alguien, aprenden el ciclo de la vida, de dónde sale el pollo que comen o la leche que beben. Si las parejas jóvenes quieren darle lo mejor a sus hijos, tienen que darles la oportunidad de vivir en el pueblo".

Un grupo de niños en el pueblo de Orea, aprendiendo el pastoreo. / Cedida

Aún queda mucho por hacer

Evidentemente, en la España vaciada aún queda mucho por hacer y muchas decisiones políticas por tomar para que los pueblos sean viables y no acaben desapareciendo. Empezando por dotarlos de servicios públicos básicos: educación, sanidad, transporte y telecomunicaciones. "No debería ser una reivindicación, debería ser ley. Son los escalones donde asentarnos para pasar al siguiente peldaño", añade. Según dice el propio estudio "Es clave luchar contra la despoblación, avanzando en territorios rurales con capacidad de fijación y atracción de población"

Tal y como explica el experto en movilidad rural Luis Camarero no se trata de atraer, sino de retener a la población que ya ha llegado. Que todos aquellos nuevos pobladores que llegaron a causa de la pandemia quieran ahora quedarse con la nueva normalidad y establecer una familia para que continúen con la tendencia positiva, pero "sin mejorar la accesibilidad a servicios públicos y la movilidad no se puede atraer la natalidad, y son los niños los que pueden rejuvenecer y cambiar la tendencia".

Internet es una de las tareas pendientes de las Administraciones Públicas. "Yo he podido venir a teletrabajar aquí porque cuento con una buena red y con alternativas como repetidores o amplificadores Wifi, pero hay muchos que no tienen una buena conexión en sus pueblos, si es que tienen", dice Hernández. "En el pueblo solo tenemos ADSL", asegura Corella. "Imagina lo que es eso para un hotel de 3 estrellas, restaurantes o albergues".

Los campos de Berzosa, que atraen a los nuevos repobladores de la zona. / Cedida

A Rohde le ha cambiado su forma de vida y de trabajar. Abrió una cuenta de twitter para difundir cómo es la vida de un joven agricultor, para que otras personas de su edad conocieran la realidad tras el trabajo y ha acabado siendo viral y vendiendo su propio aceite. "Para mí ha sido un factor decisivo, ahora sí me salen las cuentas. Pero estas iniciativas solo las pueden iniciar los jóvenes y eso es lo que no hay en el campo".

"Internet es fundamental, pero también lo es el transporte. Por ejemplo, si no tienes una escuela en tu pueblo, pero te ponen una ruta a la más cercana, también es una solución", comenta Collado. "El transporte público es casi inexistente en estos pueblos, y si lo hay, necesitas muchísimas conexiones para llegar a cualquier parte", dice Hernández, "necesitas el coche para todo".

Y claro, ese uso del coche constante se ha visto afectado por la enorme subida de precios de la gasolina y por la falta de gasolineras. "En el Recuenco la gasolinera más cercana está a 20 kilómetros, son 40 de ida y vuelta, lo que ya supone un gasto importante de tiempo y de dinero. Y ya hay gente que no viene a los pueblos por el precio del carburante", dice Collado. "Por eso, está muy bien que el Gobierno subvencione los trenes de Renfe, pero al 57% del territorio que solo puede moverse en coche, ¿en qué le ayuda?".

Generar tejido empresarial

La mayor dificultad de los jóvenes es la falta de tejido empresarial. Entrar en el mundo agrícola no es nada fácil, dice Tom Rohde. "En el campo todo es tremendamente caro, un tractor puede costar entre 80.000 y 90.000 euros, un remolque unos 10.000, más lo que cueste el arrendamiento de las tierras. Dile a un joven que tiene que venir al campo para desembolsar un cuarto de millón de euros y que verá rentabilidad en 60 años y que encima tendrá que trabajar 17 horas y los festivos. Es imposible".

Pero, ¿y las ayudas?: "No llegan, yo jamás he podido acceder a ellas y comencé a emprender en el campo con 20 años. Los jóvenes tienen las ideas, el talento pero no el dinero. Y, al final esta profesión se está perdiendo. Apenas el 1% de los agricultores tiene menos de 30 años. Y, si no lo arreglan, quedaremos cuatro gatos", se queja.

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"Emprender es, sin duda, la forma de generar ese tejido empresarial, pero para eso se necesita inversión, ayudas y asesoramiento", explica el fundador de Rumbo Rural, que asesora a jóvenes a llevar sus proyectos adelante. "Muchos tienen una idea pero no tienen el dinero o el asesoramiento para llevarla a cabo. Es imprescindible que se entienda que hace falta invertir y que la rentabilidad llegará más tarde, por eso son importantes las ayudas. Pero, también, todos aquellos que ya tengan un negocio en un pueblo deben ser asesorados sobre cómo digitalizarlo o internacionalizarlo".

Para Enrique Collado "el ser humano es el animal en peligro de extinción en el campo". Por eso cree que administraciones y empresas deben poner todo de su parte para repoblar la España vaciada. "Si aguantamos 20 años más, habremos ganado, porque los pueblos son el futuro", resume Corella.