Centro de mando

Canarias toma el mando del control volcánico de España

La Palma y Tenerife han conseguido posicionarse, por su experiencia y conocimientos, como dos serios competidores para albergar el Centro Nacional de Volcanología

Canarias toma el mando del control volcánico de España

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Verónica Pavés

Canarias estaba destinada a convertirse en el centro de mando de los volcanes de toda España. El Archipiélago albergará el Centro Nacional de Vulcanología en Tenerife o La Palma sin que nadie dude de que las razones por las que debe hacerlo son obvias y lógicas debido a su gran riesgo volcánico. Los años de investigación científica, los datos recopilados, la colaboración entre las instituciones y la planificación del riesgo han sido claves para poder afrontar las tres crisis sismo-volcánicas que ha sufrido Canarias en tan solo 18 años. Pero la realidad es que, a comienzos de este siglo, esta misma iniciativa lo hubiera tenido mucho más difícil para conseguir apoyo. 

Para entender la historia de cómo los canarios se han convertido en referentes en vulcanismo estatal hay que remontarse hasta el año 2004. Canarias vivía un nuevo amanecer económico. La consolidación del turismo masas a principios de los 80 alejó a la sociedad canaria de los peligros volcánicos que dormían bajo la tierra mientras la majestuosidad del Teide quedaba relegada a una atracción turística más. Pero un día las cosas cambiaron. A finales de abril, las proximidades de Las Cañadas empezaron a dar señales de actividad. Los vecinos de varios municipios sintieron los rugidos del Teide y las alarmas no tardaron en sonar. 

En aquel momento solo había dos instituciones en la isla capaces de leer los movimientos terrestres. El Centro Geofísico de Tenerife, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El Centro Geofísico de Canarias, instalado en la isla 1961, disponía de algunas estaciones sísmicas dispersas por las Islas. En 1985 el IGN, en un esfuerzo por crear una Red Sísmica Nacional, instaló –no sin dificultades técnicas– cinco estaciones en Canarias: una en Tenerife, dos en El Hierro, otra en Gran Canaria y una última en Fuerteventura. Para el año 2000, la Red Sísmica de Canarias, del IGN, contaba con siete estaciones, incluyendo una en el Teide (Tenerife) y otra en Lanzarote. Paralelamente, el geólogo especializado en volcanología, Juan Carlos Carracedo, había instalado una red en Tenerife que formaba parte de su Estación Volcanológica de Canarias, del CSIC, en el que se había conformado un grupo de investigación de gran relevancia en el campo de vulcanología. No obstante, esta red tenía carácter científico y no de vigilancia. 

La crisis sísmica de Tenerife en 2004 fue el punto de inflexión para la vulcanología en España

Fueron estas estaciones las que, por primera vez, pudieron captar los primeros retazos de una erupción volcánica en España. Posteriormente, también participaron en la observación del fenómeno – que se postergó durante varios meses– los investigadores de la División de Medio Ambiente del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), liderados por el ahora coordinador científico del Instituto Volcánico de Canarias (Involcan), Nemesio Pérez, que se habían consagrado como expertos en emisión de gases. 

Un punto de inflexión

Aquel abril de 2004 fue un punto de inflexión para la vulcanología en España por varios motivos. Por primera vez en casi tres décadas, los canarios fueron conscientes de que se habían olvidado de que los volcanes dormían bajo sus pies. Al mismo tiempo, las instituciones isleñas se percataron de que no estaban preparadas para afrontar una crisis de un calibre como aquel ni conocían, realmente, su peligro real. Y fue también entonces cuando se hizo patente que no había nadie al volante. Por esa razón, en junio de ese mismo año, en Estado, a través del Real Decreto 1476/2004, decide otorgar la responsabilidad de la "observación, vigilancia y comunicación de la actividad volcánica en el territorio nacional y determinación de los riesgos asociados" a la Dirección General del IGN. 

Desde esta fecha, el Instituto inicia una nueva etapa con la creación del área de trabajo, la Vigilancia y Alerta Volcánica, lo que conlleva a ampliar las labores de los diferentes Servicios de Red Sísmica, así como del Centro Geofísico de Canarias, ubicado en Tenerife. Los años posteriores se refuerza la red de vigilancia y se incorporan, poco a poco, expertos en la materia. Pero no fueron inicios fáciles, pues el centro tuvo que apoyarse de los expertos del CSIC, a través de un convenio, para poder realizar correctamente la labor que le había sido encomendada. 

Paralelamente, en 2005 el Senado votó a favor de crear un Instituto Volcanológico de Canarias (IVC, posteriormente Involcan) en una moción presentada por, en aquel entonces, senador por Coalición Canaria, Ricardo Melchior. Se instaba entonces a crear un IVC como "organismo autónomo dependiente de las tres administraciones públicas con mayores competencias en protección civil frente a una posible crisis: Cabildos, Gobierno de Canarias y Estado español", pese a que aquella propuesta suponía duplicar las competencias que un año antes habían sido otorgadas al IGN. El voto unánime político se trasladó al Parlamento de Canarias en 2006, al Congreso de los Diputados en 2009 y a las Asambleas Generales de la FECAM y FECAI en 2008 y 2014, respectivamente. 

Pedro Sánchez podría anunciar la ubicación del centro en su próxima visita a La Palma

Las declaraciones institucionales fueron las que impulsaron la creación, el 29 de junio de 2010, del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), como empresa pública asociada al Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER) e impulsada por el Cabildo de Tenerife. Antes de eso, el grupo de investigación trabajaba como parte de la división de Vulcanología – o Medio Ambiente– del ITER y había realizado estudios, especialmente en emisión de gases, en las Islas. 

Pocos meses después de que surgiera Involcan se aprobó el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por riesgo volcánico en la Comunidad Autónoma de Canarias. Una herramienta de gestión que hoy todo el Archipiélago conoce mejor por sus siglas: Pevolca. El Archipiélago lideró así una nueva época en la gestión de riesgo volcánico en España. De hecho, no fue hasta 2013 cuando se aprobó el Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo Volcánico. En dicho Plan se ratifica la competencia de vigilancia del IGN, algo que también ha hecho este mismo año el Decreto-Ley 2/2022. Estos planes han sido indispensables para gestionar tanto la crisis de El Hierro (2011) como la de La Palma (2011). Dos momentos históricos, que además, han permitido ampliar y mejorar toda la vigilancia y conocimiento volcánico de Canarias.

Un nuevo centro

En dicha norma se recuerda que, aunque "España dispone ya de un sistema de vigilancia sísmica y volcánica", la erupción de La Palma ha "puesto de manifiesto que resulta imprescindible contar de forma inmediata con un sistema de vigilancia moderno y adecuado" que cuente con la colaboración de los diferentes actores de las administraciones públicas involucrados en la materia. Y en el cumplimiento de dicha declaración de intenciones se crea el Centro Nacional de Vulcanología, aunque aún se desconozcan sus funciones, cómo se va a organizar o, lo que ha generado un mayor debate: en qué isla se instalará. 

Tenerife y La Palma no han tardado en solicitar ser el lugar donde se instalará la sede central de este nuevo organismo. Y lo cierto es que ambas islas se han configurado como serias competidoras en esta pugna autonómica. La decisión final del Ejecutivo autonómico y nacional probablemente se conozca en los próximos días, pues Sánchez ha anunciado su inminente visita a la isla de La Palma, pero por el momento, la ubicación final es todo un misterio. 

Los defensores de que sea Tenerife argumentan que es la isla adecuada para albergar este centro de control por ser la que tiene mayor riesgo volcánico de España, más centros científicos y una larga trayectoria científica y gubernamental de apoyo a la gestión de riesgos volcánicos. 

El Teide fue declarado por la Asociación Internacional de Volcanología y por la Unesco como uno de los 16 volcanes más peligrosos del mundo en 1990. Entre otras cosas, por su proximidad a las zonas densamente habitadas y susceptibles de crear un desastre. Además, es Tenerife la isla que alberga más investigadores, instituciones y empresas científicas dedicadas a la vulcanología, tales como el Centro Geofísico de Canarias (del IGN), el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del CSIC y algunos grupos de investigación de la Universidad de La Laguna. El Cabildo de Tenerife ha sido la entidad que más ha velado por la reducción del riesgo.

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Para La Palma el último año ha sido determinante. La isla es la que ha sufrido más erupciones en la historia registrada de las Islas, pese a que su riesgo –por la menor densidad de población– sea más bajo. Desde 1430 se han producido ocho erupciones volcánicas en la isla, todas en la dorsal de Cumbre Vieja. En los últimos 100 años se han producido tres: el de San Juan (1949), el de Teneguía (1971) y el de Tajogaite (2021). La Palma también alberga una pequeña sede de Involcan que, incluso antes de la erupción, acudía frecuentemente a tomar datos y realizar investigaciones en las Islas. También cuenta con una red de vigilancia volcánica del IGN. Pero si algo podría aventajar a La Palma es la capacidad de este centro para influir en la tan necesaria vuelta a la normalidad de la isla tras la asolación provocada por el volcán Tajogaite.

Tenerife y La Palma pugnan por ser elegidas como emplazamiento para instalar el nuevo Centro Nacional de Vulcanología. Sus características y su historia ligada al vulcanismo las convierte en serias candidatas en esta carrera por la sede nacional.