Emergencia

La desalinizadora de El Prat, a punto de llegar al 100% de su capacidad: "Nunca habíamos tenido tanta necesidad de agua"

  • Por primera vez en su historia, la infraestructura más importante de Catalunya se prepara para llegar a su máxima potencia, para abastecer agua a la provincia de Barcelona ante la sequía

Zowy Voeten

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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"Nunca habíamos tenido tanta necesidad de agua", observa tajante José Miguel Diéguez, gerente de la empresa pública Aigües Ter Llobregat (ATLL), al mando de la desalinizadora del Prat de Llobregat y responsable de abastecer a cinco millones de catalanes. En el área metropolitana, el 30% del agua que sale del grifo ya proviene del mar. La planta, que acaba de cumplir 10 años en funcionamiento, nunca había estado tan al límite de su capacidad durante tanto tiempo. Y se prepara para llegar a su máximo histórico. "Confiamos en que la instalación va a responder, pero es todo un reto", sigue el gerente.

La desalinizadora está ubicada en pleno delta del río Llobregat, frente a la reserva natural de La Ricarda y al aeropuerto. Nació después de la última gran sequía en Catalunya, en 2008, que puso en verdaderos aprietos las instituciones catalanas. Se inauguró en 2010 y desde entonces, capta agua de mar frente a la playa del Prat de Llobregat, en dos pozos ubicados a 15 metros de profundidad. Seis bombas de agua llevan el agua marina hasta la planta. Su misión es que este agua sea potable y se pueda beber, un verdadero logro de la ingeniería que somete el agua del mar a varios filtrajes. Habitualmente, esta planta ha estado trabajando al 20% de su capacidad. "Desde el 20 de enero estamos entre el 70% y el 80%", explica Diéguez. Nunca en tanto tiempo habían estado sometidos a este nivel de rendimiento.

El gerente de Aigües Ter-Llobregat insiste en la necesidad de ampliar el número de desalinizadoras y pide pequeños gestos de ahorro de agua a los ciudadanos

"Desde el temporal 'Gloria', apenas hemos tenido episodios de lluvias de intensidad, llevamos dos años con falta de lluvias", insiste Diéguez, que hace más de una década era el responsable de abastecimiento de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA). Ahora dirige la empresa pública que gestiona los embalses de los ríos Ter y Llobregat, de los que bebe el 71% de la población de Catalunya. Son las nueve comarcas más pobladas: Alt Penedès, Anoia, Baix Llobregat, Barcelonès, Garraf, Maresme, Selva, Vallès Oriental y el Vallès Occidental. En estos momentos, los embalses de estos dos ríos se encuentran entre el 37% y 47% de su capacidad, mientras que hace un año estaban entre el 50% y 85%. "Cuando vemos que el caudal del agua va decreciendo, es la Agència Catalana de l'Aigua la que nos pide que ampliemos la capacidad de la desalinizadora", dice Diéguez. Esta alarma se dio ya el 20 de enero de este año. "Lo que pasa que la gente no es consciente de la sequía porque el agua de sus grifos sale igual, no saben si es agua desalada", sigue el gerente.

La clave, entre bastidores

Para hacerlo posible, el agua del mar es depurada de microorganismos, algas y bacterias a través de varios filtros, uno de ellos con presión de aire para que las impurezas floten, y otro con filtrajes de arena o medidas microscópicas. Pero la clave de todo el proceso para retirar la sal del agua marina se produce en una enorme sala repleta de enormes cañerías de distintos colores (que indican qué tipo de agua pasa por cada tubo) diez turbinas que producen un ruido ensordecedor y que, a su vez, alimentan diez bastidores. Estos últimos son una especie de cilindros con siete membranas enroscadas en sí mismas donde corre el agua a una presión altísima (63 bares). "Para que la gente lo entienda, si se rompiera una de estas cañerías el agua subiría 600 metros", explica Diéguez. Son los responsables de la osmosis inversa, el proceso por el que el agua pierde toda su sal. Y son estos diez bastidores (formados por más de 200 cilindros) los que permiten explicar la capacidad de la planta. Cada bastidor filtra 200 litros de agua al segundo, más de 17 millones de litros al día.

En épocas normales, solo funcionan dos bastidores. "Nos van bien para suplir la red si hay averías en las cañerías y a su vez necesitamos tener la maquinaria caliente en caso de emergencia", justifica el gerente. A día de hoy están funcionando entre siete y ocho bastidores al día. "Estamos produciendo 190 millones de litros al día", sigue el gerente. En las próximas semanas, la Agència Catalana del Aigua ya les ha transmitido que, dada la capacidad de los pantanos, deben subir a su máxima producción. Hay que poner en marcha el noveno bastidor, ya que siempre tiene que quedarse uno en desuso para reparaciones y mantenimiento de la instalación. "Para nosotros es un reto enorme, nunca hemos tenido tanta necesidad de agua en tanto tiempo continuado. Confiamos que las instalaciones responderán pero es una incógnita, es la primera vez que lo hacemos, pero es la única forma de producir agua", apunta Diéguez.


/ ZOWY VOETEN

Ampliar las desalinizadoras

Este es el último recurso para abastecer el área metropolitana antes que la sequía imponga restricciones. "Es evidente que, visto la evolución y la situación de la emergencia climática necesitamos más plantas como estas, hay que reforzar esta capacidad, es una buena solución para tener en la recámara", pide Diéguez. Hace un año, el Govern inició los trámites para ampliar la capacidad de filtraje de sal de otra desalinizadora más modesta en Blanes. Hay otra prevista para construir en el Baix Penedès, entre Cunit y Cubelles, pero los trámites están más atrasados. Diéguez no cree que esté en uso antes de seis años.

La factura eléctrica

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El otro reto está en cómo se paga esta factura eléctrica que significa poner las desalinizadoras a todo trapo. La mayor parte del gasto eléctrico se la llevan las turbinas que alimentan los bastidores. Producir mil litros de agua filtrada consume 3,5 kilowatios la hora. A esta capacidad a la que se encuentra la planta, el consumo rodea los 20 millones de kilowatios al mes, lo mismo que gasta un pueblo de 5.000 habitantes en todo un año. "De momento la factura la podemos pagar con un fondo que tenemos en ATLL, es como una hucha", sigue Diéguez. No prevé subir el precio del agua que venden a los ayuntamientos, que se encuentra alrededor de 75 céntimos el metro cúbico.

Colaboración ciudadana

Después de la osmosis inversa, el proceso para separar el agua de la sal, la desalinizadora manda de nuevo la sal al mar diluida con agua sobrante. El agua limpia es potabilizada, alimentada con minerales esenciales y derivada hasta un centenar de pueblos y ciudades hasta los grifos de las casas. "Ajusten sus usos cotidianos a ese escenario de escasez; son pequeñas cosas que tienen a mano en sus casas y que si las hace una persona sirven para poco pero si lo hacen cinco millones de personas van a ser muy útiles", implora Diéguez. "Necesitamos que la colaboración ciudadana", se despide.