Ola de calor inédita

Apocalipsis climático en Italia: glaciares exhaustos, ríos secos, animales desaparecidos...

  • Los científicos consideran que la población debe asumir que el deshielo ya es un factor de riesgo en las zonas de alta montaña, como ha demostrado la tragedia de la Marmolada

  • A largo plazo, los expertos prevén cambios radicales en los paisajes y disminución del agua disponible en las áreas continentales

Vista general de los campos que, debido a la fuerte ola de calor, no pueden dar un impresionante paisaje florido considerado único en el mundo, como en otros años, en Castelluccio di Norcia, Umbría , Italia.

Vista general de los campos que, debido a la fuerte ola de calor, no pueden dar un impresionante paisaje florido considerado único en el mundo, como en otros años, en Castelluccio di Norcia, Umbría , Italia. / CESARE ABBATE / EFE

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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En septiembre de 2019, el glaciar Planpincieux, situado en el Valle de Aosta, en los Alpes del noroeste italiano, amenazaba con derrumbarse sobre algunas poblaciones cercanas a la famosa localidad de Courmayeur. El glaciar se estaba derritiendo por las altas temperaturas y las autoridades locales optaron por cerrar una carretera de acceso a la zona. Al año siguiente, la escena se volvió a repetir e incluso suscitó la preocupación de la Organización Meteorológica Mundial. Finalmente la tragedia se consumó en otro sitio, no tan lejano: el domingo 3 de julio de 2022, en medio de una extraordinaria ola de calor en Italia, una decena de personas perdió la vida al venirse abajo una parte del mayor glaciar de la cadena montañosa de las Alpes Dolomitas, en el pico de la Marmolada.

Un helicóptero sobrevuela la parte del glaciar que se ha desprendido en la montaña Marmolada, en Italia.

/ ANDREA SOLERO / EFE

Los principales glaciares italianos están en los Alpes y todos ellos son prácticamente unos condenados a muerte, están agonizando. Según los analistas, hace un siglo tenían más del 50% de la superficie que tienen ahora, y en los últimos 30 años el fenómeno se ha acelerado a un ritmo inaudito. El propio glaciar de la Marmolada ha perdido el 30% de su volumen entre 2004 y 2015, de acuerdo con uno de los últimos informes del Consejo Nacional para las Investigaciones (CNR) de Italia. 

Con ello, sin una solución adecuada para combatir a nivel global el cambio climático, la conservación de estos gigantes de hielo es vista con pesimismo por los científicos. Y la primera consecuencia de ello es que cada vez más el fenómeno constituye un factor de riesgo que amenaza a las personas y a la infraestructura. De ahí que un primer paso fundamental sea tratar de que la población entienda la gravedad de estos fenómenos, según dice Antonello Fiore, presidente de la Sociedad Italiana de Geología Ambiental. 

Concienciar a las personas

“Es necesario que aumente la conciencia de las personas de que estos fenómenos pueden ocurrir en las zonas de alta montaña, pues cabe esperar que se repitan en el futuro”, ha afirmado, resignado, Fiore. En Italia, “otras consecuencias (del cambio climático) se ven en las llanuras, donde los ríos se han quedado sin agua, y en las costas, donde hay problemas por el aumento del nivel del mar”, ha añadido el geólogo.

Un agricultor muestra su campo de maíz seco debido a la sequía en Casalbuttano, Cremona, Italia.

/ Filippo Venezia / Efe

Para Massimo Frezzotti, glaciólogo de la Universidad Roma Tre, “las consecuencias del derretimiento de los glaciares son múltiples y similares en todo el mundo”. Pero en Italia, entre otras secuelas, “el deshielo provocará cambios de paisaje dañinos para animales y plantas, algunos de los cuales no encontrarán dónde refugiarse y desaparecerán”. En paralelo, “la disminución de la superficie glaciar también afectará a largo plazo los ríos, por lo que probablemente habrá que empezar a decidir si cortar parte de los suministros a la industria o al sector energético, que también consume mucha agua”, detalla Frezzotti, también autor de más de 100 artículos científicos sobre el deshielo en revistas internacionales.

En este sentido, la tragedia de la Marmolada es un mal preámbulo dado que además ha ocurrido en un momento en el que en el Gobierno italiano ya se había visto forzado a declarar el estado de emergencia en cinco regiones por falta de agua. Resultado de ello han sido en estas semanas soluciones sin precedentes en algunas zonas del país. Por ejemplo, la decisión de varias regiones del norte italiano -entre ellas, Piamonte, Lombardía y Emilia Romaña- de racionar el agua en centenares de municipios, por la peor sequía sufrida por el río Po en 70 años.

Apocalipsis económico

La situación amenaza con consecuencias apocalípticas en términos económicos. Basándose en cifras del CNR, la asociación italiana de agricultores Coldiretti ha calculado un aumento de la temperatura de 2,88 grados en el mes de junio, comparado con el dato de 2003 —el máximo histórico desde el siglo XIX—, lo que se estima que provocará una caída del 30% de la producción de trigo. Razón por la que la asociación ha pedido que, ante “la tropicalización” de Italia, el Gobierno se prepare a almacenar el agua en los periodos más lluviosos, “reforzando su red territorial de embalses, creando albercas y también también usando las antiguas canteras para la recogida del agua de las lluvias”.

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Aun así, soluciones como estas puede que no sean suficientes, insisten los científicos italianos. “La realidad es que le estamos dejando una deuda enorme a las próximas generaciones, que deberán tomar decisiones mucho más drásticas para revertir, o incluso mitigar, estos fenómenos”, dice Frezzotti, al insistir en que la solución tiene que pasar por un compromiso único de la comunidad mundial en su conjunto. 

Pero la coyuntura internacional no aporta buenas noticias. Con la guerra en Ucrania y la consecuente crisis energética mundial por las pugnas con Rusia, aun no está claro si el Gobierno italiano cumplirá con su promesa de eliminar todas sus centrales de carbón ni se sabe precisamente cómo planea reemplazarlas. Por el contrario, el primer ministro italiano, Mario Draghi, ya ha filtrado que se está estudiando una posible marcha atrás en algunos de sus compromisos ambientales.