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Heather Heying y Bret Weinstein, biólogos evolutivos: "Nuestra adicción a lo nuevo nos ha alejado de la condición humana"

Heather Heying y Bret Weinstein, biólogos evolutivos

Heather Heying y Bret Weinstein, biólogos evolutivos / Eric Holen

  • Según los científicos, el malestar de nuestra sociedad se debe a que llevamos vidas que colisionan con nuestra naturaleza biológica

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¿Cómo es posible que vivamos en la época más próspera y avanzada de la historia de la Humanidad y manifestemos tantos cuadros de depresión, ansiedad y malestar general? Los prestigiosos biólogos evolutivos norteamericanos Heather Heying y Bret Weinstein han buscado la respuesta en las contradicciones que hay entre nuestra naturaleza y la forma como nos relacionamos con cuestiones mundanas como la comida, la crianza, la salud o el sexo.

Que la vida que llevamos nos trae de cabeza lo prueba el éxito del libro donde han expuesto sus conclusiones, muchas de ellas polémicas y contrarias al pensamiento dominante. Su 'Guía del cazador recolector para el siglo XXI', que ahora ha editado en castellano Planeta, lleva un año convertido en superventas en Estados Unidos.

Conseguimos la comida en el súper, hacemos ejercicio en el gimnasio y vamos al trabajo en transporte público. ¿Seguimos siendo cazadores recolectores?

Bret Weinstein: A nivel biológico, sí. Nuestro hardware es el mismo, pero nuestro software se ha modificado tanto y de forma tan acelerada que el de ahora tiene poco que ver con el de nuestros antepasados de hace 200.000 años.

¿Esa es la causa de nuestro malestar?

B. W.: Los humanos tenemos una capacidad innata para adaptarnos al cambio única en el reino animal. El problema viene cuando los cambios se producen tan rápido que somos incapaces de mantenernos al día. Nos hemos quedado sin herramientas para hacer frente al mundo tan cambiante en el que vivimos. Nuestra adicción a lo nuevo nos ha alejado de la condición humana.

Heather Heying: Cuando sea adulto, el mundo que habitará un niño de hoy será totalmente distinto al que conoció cuando creció. No está programado para reconocer como propio el entorno en el que vivirá y ese desarraigo le hará sentirse desgraciado.

Bret Weinstein: "A nivel biológico, nuestro hardware es el mismo, pero nuestro software tiene poco que ver con el de nuestros antepasados de hace 200.000 años".

¿Mi alter ego de hace 20.000 años era más feliz que yo?

B. W.: Tenía menos comodidades y corría peligro de morir de hambre, pero estaba más conectado con su naturaleza. Ya solo por esto, debió sentirse más satisfecho con su vida que usted con la suya.

H. H.: En esa época, la información que transmitían los mayores, lo que enseñaba la vida y lo que luego había que poner en práctica estaban en sintonía. Esto les permitió desarrollar la intuición, un sexto sentido que hoy hemos perdido porque no nos reconocemos en el mundo que habitamos. Por eso nos sentimos confusos.

¿La solución es parar y volver atrás?

B.W.: Evolutivamente estamos diseñados para perseguir el crecimiento. El problema es que hemos convertido ese instinto en la única norma que nos guía. Es el principio que mueve la economía: crecer indefinidamente a pesar de vivir en un ecosistema limitado. Deberíamos encontrar un equilibrio entre ese instinto y las limitaciones que marcan la naturaleza y nuestra condición humana. La productividad no debería ser lo único que orienta nuestras vidas, como ocurre hoy.

H.H.: La civilización nos ha traído libertad, comodidad y tiempo, pero ese terreno ganado lo hemos llenado de comida basura, sexo basura e información basura. Hemos priorizado cantidad sobre calidad y prisa sobre autenticidad. La obsesión por la recompensa inmediata nos impide disfrutar de los beneficios que aporta la vida moderna, que son muchos.

Heather Heying: "La civilización nos ha traído libertad, comodidad y tiempo, pero ese terreno ganado lo hemos llenado de comida basura, sexo basura e información basura".

Pareciera que dudan de ella y que la solución a todos nuestros males sea vivir como vivían nuestros ancestros.

B.W.: En absoluto. Por supuesto que hoy disfrutamos de recursos novedosos que son muy positivos, pero muchos de ellos causan trastornos que nos amargan la vida. Le pondré dos ejemplos. Las redes sociales nos permiten comunicarnos a niveles nunca vistos, pero sus algoritmos destruyen nuestros instintos y sacan lo peor de nosotros mismos. La píldora anticonceptiva ha liberado a la mujer, pero ha trivializado el sexo y generado confusión y toxicidad en la esfera íntima. ¿Por qué no quedarnos con lo bueno y rechazar lo que nos perjudica? Es una cuestión de equilibrio.

En cuestiones alimenticias sí se muestran partidarios de que comamos como comían nuestros antepasados.

H. H.: Sería lo más saludable porque es para lo que está diseñado nuestro organismo. Comer productos locales y alimentarnos como nos alimentábamos hace 200.000 años tiene una lógica evolutiva, aparte de ecológica. Si un masai es diferente a un esquimal, ¿por qué deberían comer lo mismo?

B. W.: Nuestra mayor amenaza con la comida tiene que ver con la industria alimentaria, que está orientada hacia la producción de comida que solo nos hace sentir apetito y desear más comida. El resultado son los casos de obesidad y trastornos alimentarios que vemos a diario. Con la salud pasa algo parecido. Nuestros sistemas sanitarios deberían conseguir que cada vez vayamos menos al médico, pero cada vez vamos más.

¿Estamos mal tratados?

B. W.: Nos preocupamos demasiado por borrar los síntomas de nuestro malestar y poco por arreglar las causas. Hace años, cuando teníamos fiebre, tomábamos medicamentos para bajarla. Ahora sabemos que ese aumento de temperatura es un mecanismo de defensa del organismo y que hay que atacar la infección, no la fiebre. Con la salud mental pasa algo parecido. Nos atiborramos de pastillas para sentirnos bien sin afrontar las causas de nuestra depresión, que a menudo están relacionadas con la vida que llevamos, no con nuestro organismo.

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En su libro defienden la monogamia como la mejor forma para relacionarnos afectivamente. ¿Eso también es biología? 

H. H.: Es la fórmula que ofrece más garantías para que cumplamos la misión que tenemos: reproducirnos y mantener la especie.

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