Las PAU 2022 en Catalunya

Los trillizos sobresalientes de Cabrils, 10 años después de la selectividad

  • Dídac hace un doctorado sobre IA en la Universidad de Columbia, Alba trabaja en el Banco Mundial y Martí es abogado del Col·lectiu Ronda

  • "Hay muchas horas de trabajo, de esfuerzo y de sacrificio que no se ven", cuenta Alba en alusión a la evolución profesional

De izquierda a derecha, Dídac, Alba y Martí Surís Coll-Vinent, desde Nueva York, Washington y Cabrils respectivamente, durante la videoconferencia

De izquierda a derecha, Dídac, Alba y Martí Surís Coll-Vinent, desde Nueva York, Washington y Cabrils respectivamente, durante la videoconferencia

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Montse Baraza
Montse Baraza

Periodista

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Junio de 2012. Alba, Dídac y Martí Surís Coll-Vinent, trillizos vecinos de Cabrils (Maresme), protagonizaban un reportaje de EL PERIÓDICO con motivo de las pruebas de acceso a la universidad de aquel año. Alumnos del instituto Jaume Almera de Vilassar de Dalt, habían culminado el bachillerato con matrículas de honor, los tres, y habían acabado la selectividad con unas destacables notas de 8,55, 9,05 y 7,85, respectivamente, de las mejores de Catalunya. A Dídac le quedó una nota de acceso de 13,62.

Los chicos recibían a la periodista de este diario María Jesús Ibáñez en casa. "Ni bichos raros, ni resabidos. La mar de normales. Amantes del deporte y de la música", describía el reportaje. Incluso aceptaron tocar una pieza de guitarra. Alba estaba entonces en Londres con unas amigas, saboreando ya la emoción de una vida internacional. Los tres tenían claro lo que iban a estudiar: Alba, International Business Economics en la UPF; Dídac, Ingeniería de Telecomunicaciones en la UPC; y Martí, Derecho en la UPF.

Dídac y Martí Surís Coll-Vinent junto a su hermana Alba, en la pantalla, en junio de 2012.

/ Carlos Montañés

Junio de 2022. Han pasado 10 años de aquella selectividad y EL PERIÓDICO se ha vuelto a poner en contacto con ellos vía videoconferencia. Los ha encontrado con la sencillez de antaño: Alba en Washington DC, Dídac en Nueva York y Martí entre Barcelona y Cabrils. Y más cuidadosos con su imagen. "Hoy, ya no nos convenceríais para aparecer en un vídeo tocando la guitarra", dice risueño Dídac. Se graduó primero de su promoción en Ingeniería de Telecomunicaciones en la UPC. Luego empezó el máster de Telecomunicaciones.

Ordenadores que ven

La excelencia que demostró en el instituto y luego en la facultad, le valieron obtener una beca de La Caixa para hacer el doctorado en la Universidad de Columbia, que es donde está ahora. Su doctorado versa sobre la inteligencia artificial. "Investigo para dar visión a los ordenadores. Cómo ayudarles a entender lo que ven", explica didáctico. Disfruta con la investigación. Le quedan aún unos tres años para acabar. "La investigación es divertida. La idea de investigación que hay en España es muy limitada. Hay pocos recursos", dice, apuntando lo que es, hoy por hoy, un freno a su regreso a casa. "Me gustaría volver, pero en España no hay las ofertas en el campo de la investigación que hay en EEUU o en el Reino Unido", explica. De su grupo de amigos de la facultad, la mitad está fuera de España. "Queremos volver, pero si hay cosas interesantes. Quizás dentro de 10 años".

Alba se dejó guiar por el gusanillo internacional desde el minuto uno. "Tenía claro que quería una carrera que tuviera relación con el exterior, fuera como fuera. Me atraía la promoción del comercio internacional", cuenta. Tras graduarse, pasó tres años en Italia trabajando en Acció, la agencia de la Generalitat para la competitividad de la empresa, y en una consultora privada. "Aquello fue un gimnasio. Muchas horas de trabajo, pero aprendes muchísimo", recuerda. Tras la etapa italiana, se fue a Madrid a hacer un máster en International Management. Al finalizar, le salió un trabajo en la Embajada de España en Washington. Y de ahí, a donde está ahora: en el Banco Mundial como investigadora económica en el campo del turismo.

Trabajo y sacrificio

Alba quiere dejar claro el esfuerzo brutal y el sacrificio que le ha supuesto llegar hasta aquí. "El trabajo que hay detrás no se ve. Pasas momentos de altibajos, de dudas. No sabes si lo vas a lograr. Hay mucho estudio, sacrificio, dejas aspectos de tu vida personal", señala antes de afirmar que está "feliz" y que su trabajo la satisface "mucho". "Me llena mucho". Ese sentimiento de realización es lo que le ayuda a superar sus renuncias: estar lejos de la familia o ver poco a sus amigos de siempre. "Mis amigos ya están estableciéndose, empiezan a casarse. A mí me queda bastante para eso", dice sin acritud.

Martí se conecta desde su antigua habitación en casa de sus padres, donde a veces se refugia para teletrabajar. "Está igual, con distinta decoración", explica. Él acabó Derecho y ejerce en el despacho del Col.lectiu Ronda, un bufete de abogados con el que comparte filosofía. Especializado en Derecho Administrativo, entró en el bufete de la mano de un profesor para hacer las prácticas. Y ya se quedó. En breve será socio. "Estoy contento. Me gusta lo que hago. Trabajas muchas horas pero tienes una responsabilidad en la defensa de las personas", cuenta, comprometido. Hace 10 años a Martí la falló el inglés en la selectividad. "Cuando volví de Erasmus, mi profesora me dijo que tenía un inglés muy bueno", recuerda divertido. Tampoco a Dídac le fue como esperaba el inglés de las PAU. Ahora es su lengua habitual.

¿Os imaginábais así hace 10 años? "Parecido a esto", dice Alba. Ella es la que tenía más claro de los tres lo que quería. Dídac y Martí, no. "No me imaginaba nada. He ido haciendo, sin un camino concreto. Sabía que sería ingeniero", apunta Dídac, que confiesa que no es de planes a largo plazo. "No sabes si te gustará una carrera hasta que la empiezas", añade Martí.

La distancia entre ellos es lo más difícil de llevar. Dídac y Alba intentan verse regularmente ya sea en Washington o en Nueva York. Los dos vienen al menos un par de veces a casa. "Por Navidad siempre", apuntan. ¿Y sus padres cómo lo llevan? "Cada vez mejor. Hacemos videollamadas al menos una o dos veces por semana. Se han acostumbrado", ríe Alba.

De izquierda a derecha, Alba, Dídac y Martí Surís Coll-Vinent junto a su hermana pequeña, Marina.

/ El Periódico

La pequeña sigue sus pasos

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En Cabrils sigue su hermana pequeña, Marina, que acaba ahora 4º de ESO en el instituto del pueblo y que empezará el bachillerato científico en el Jaume Almera. Sigue los pasos de los trillizos. "Ella es mucho mejor estudiante. Saca todo 10", dicen al unísono, orgullosos de la benjamina que, además, estudia violín en el Conservatorio de Música de Badalona. "Se ha propuesto superarnos a los tres", bromea Alba.

La charla acaba con un mensaje de Alba a todos aquellos que han de pasar exámenes como la selectividad. "Hay que dar lo mejor de cada uno. Luego saldrá mejor o peor, pero lo habrás intentado". La excelencia no son solo calificaciones, también valores. Y los trillizos los tienen bien arraigados. "Lo importante es estar conectado al lugar del que vienes. Haces amigos fuera, pero sabes que en casa tu gente siempre estará para ti".

La receta de los padres: lectura, música y autoexigencia

Xavi Surís y Blanca Coll-Vinent, ambos médicos, no pueden estar más orgullosos de sus hijos. Se quitan méritos. "Partían de una buena base y han tenido suerte de que todo les ha salido bien", afirma el padre. "Y se lo han currado. Han tenido altos y bajos pero siempre se han esforzado", le apunta la madre. "Hay una base genética, una inteligencia, pero también hay mucho esfuerzo detrás. Y renuncias", explica Coll-Vinent. Se refiere, por ejemplo, a la dura competencia que afrontó Dídac para obtener la beca de doctorado ("había gente muy potente") o a "dejar cosas o relaciones por el camino" para perseguir sus objetivos.

Una de las preguntas que surgen ante un caso como el de los trillizos es, al margen del talento natural que puedan tener los chicos, cómo lo han hecho educativamente hablando los padres. Ellos no se atreven a dar ninguna receta. "Aconsejar es difícil. Puedes hacerlo todo bien y que no salgan las cosas como quieres", advierte Surís. "Alba, Dídac y Martí nos lo han puesto muy fácil. Nunca tuvimos que irles detrás para que estudiaran o hicieran los deberes", recuerda Coll-Vinent. Admite que como todo padre o madre, "siempre tienes dudas, de si lo has hecho bien o no, de si eres demasiado exigente".

Sí explican el entorno que había en casa. "He sido siempre muy restrictiva con las pantallas, incluso demasiado", confiesa la madre. Los trillizos no tuvieron móvil hasta los 14 años ni consolas hasta los 12. "Y cuando les regalamos la PlayStation apenas le hicieron caso", añade el padre. "Nunca nos vieron con un móvil en la mano", remacha ella.

Música, deporte y lectura llenaban el tiempo de los trillizos. "El ambiente en casa ha sido siempre de estudio y música. Cuando llenas el tiempo con estas actividades ya no queda margen para mucho más", relata Coll-Vinent. "Al final los niños hacen lo que ven en casa. Nosotros, como médicos, siempre estamos estudiando, formándonos, leyendo. Es lo que ellos han visto desde siempre", subraya Surís. "Creas costumbres".

"Leían muchísimo, sobre todo a partir de los 8-10 años. La lectura les fue muy bien", apunta la madre. "Y la práctica de la música también ayudó. La música crea disciplina y da orden al cerebro", añade el padre. Los trillizos estudiaron música hasta que cerró la escuela del pueblo. Marina, la pequeña del clan, sí ha seguido carrera hacia el conservatorio.

Confiesan otro rasgo familiar: la autoexigencia. "Ella lo es más que yo", señala con humor Surís. "Es exigente consigo misma y con los demás". Y los trillizos también los son. "Siempre han sido muy exigentes con ellos mismos", confirma la madre. Y Marina no se queda corta tampoco. "Ella es más autoexigente incluso", revelan. El curso que viene empezará bachillerato científico. No tiene claro qué hará. La música es una opción. Y la carrera de Medicina también está sobre la mesa. "Así como los trillizos no la consideraron porque siempre nos veían trabajando y de guardias. Marina no lo descarta".

Concluyen que para ellos, que han dejado que sus hijos escogieran su camino, lo más importante es verles felices. "Las notas están muy bien pero lo más importante es que puedan hacer aquello que les haga felices".