Informe ONUDD

Porros y cambio climático, o cómo las drogas destruyen el medioambiente

La mitad de los cultivos de cocaína en Colombia están en zonas de protección medioambiental

En Países Bajos y Bélgica se ha encontrado rastros de éxtasis en granos de maíz

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EFE

Fumarse un porro contribuye al cambio climático y esnifar una raya de cocaína en Londres contamina un riachuelo en el Amazonas, advierte el Informe Mundial sobre Drogas de 2022 publicado este lunes por la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD).

El informe de este año es el primer acercamiento en profundidad a cómo los estupefacientes no solo afectan a la salud, la criminalidad y la economía, sino también a los ecosistemas, sobre todo de países vulnerables.

Datos del informe

Producir un kilo de cocaína genera 30 veces más CO2 que un kilo de granos de cacao. Cada año, la producción de cocaína lanza a la atmósfera 8,9 millones de toneladas de CO2, equivalentes a las emisiones de 1,9 millones de automóviles.

A esas emisiones de efecto invernadero contribuyen también los cultivos de cannabis en interior, que ya están sobrepasando a las plantaciones al aire libre, pues requieren de equipos de climatización y de iluminación que consumen mucha energía.

Impacto en comunidades locales

El informe matiza que el efecto medioambiental de la industria de las drogas no tiene tanta relevancia a escala global como el de la agricultura legal o la industria farmacéutica. Pero sí es considerable en comunidades locales, en aspectos como la deforestación, la contaminación del agua, el suelo y el aire, especialmente en países con menos recursos.

Desforestación en Colombia

Se estima que la mitad de cultivos de cocaína en Colombia están en zonas con especial protección medioambiental. Se calcula que cerca del 50 % de la tala de árboles de las regiones en Putamayo y Catatumbo se realiza para la plantación de coca.

En Catatumbo, las hectáreas de cultivos en zonas montañosas han aumentado un 272 % entre 2015 y 2020, una muestra de la prosperidad de un negocio que genera por kilo de cocaína 590 kilos de dióxido de carbono, lo mismo que quemar 220 litros de gasolina.

Vertidos al mar

Según el informe, el volumen de los residuos de la fabricación de drogas sintéticas, que suelen acabar en los mares y los ríos de los países productores, es hasta 30 veces mayor que el del producto final, que se consume principalmente en Europa y Norteamérica.

Calculando sobre la cantidad de drogas sintéticas incautadas durante 2022, la ONU estima en hasta 4.300 toneladas el total de desechos mundiales por año producidos por el éxtasis, las anfetaminas y las metanfetaminas.

En cantidades suficientes, los compuestos químicos arrojados al mar y a los ríos pueden matar el crecimiento de bacterias que proporcionan un tratamiento natural de las aguas y provocar dependencia de sustancias adictivas en los animales que las habitan y que acabamos comiendo, advierte la ONUUD.

El rastro de la droga

En Bélgica y los Países Bajos se ha encontrado "la presencia de MDMA (éxtasis) en muestras tomadas de granos de maíz", lo que se atribuye a la contaminación del suelo por residuos sintéticos, reseña el documento.

También se han encontrado graves daños de ecosistemas en Camboya y Myanmar causados por los disolventes usados para fabricar drogas sintéticas, un mercado de gran proliferación, con más de 1.000 nuevas sustancias psicoactivas en los últimos años.

Sensibilizar a los jóvenes

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"Esperemos que esta información sea utilizada por los jóvenes aquí en Europa, que son muy sensibles al medio ambiente, para pensar que, cuando se fuman un porro, están afectando a alguien", declara a Efe Angela Me, directora del departamento de investigación y estadística de la ONUDD, y coordinadora del informe.

La experta considera que las políticas medioambientales en países productores deberían incluir el factor droga en sus planes, y al desarrollo sostenible en las estrategias de eliminación de cultivos ilegales.

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