Futuribles Asturias

El tren de Europa, una oportunidad para la Asturias innovadora

La necesidad de aprovechar los fondos de recuperación para modernizar el ecosistema tecnológico del Principado exige afinar la elección de los proyectos tractores y engrasar la conexión entre la academia y la empresa

El tren de Europa, una oportunidad para la Asturias innovadora

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Marcos Palicio

El ecosistema existe. Están los centros tecnológicos, la fuerza investigadora de la Universidad de Oviedo, los centros de innovación empresariales, toda la infraestructura de una tradición industrial de décadas… «Aquí está pasando algo».

En el arranque del proyecto Futuribles, en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España el 7 de octubre de 2021, la secretaria general de Innovación del Ministerio de Ciencia, Teresa Riesgo, resumió así una percepción sobre el potencial del tejido innovador asturiano que conecta con la sensación de que en el horizonte toma forma una oportunidad única, probablemente irrepetible, para conducirlo decididamente hacia el futuro.

El tren de los fondos europeos anuncia su llegada a un territorio que tiene asentados algunos cimientos, pero que necesita pericia para edificar sobre ellos un modelo económico guiado por la primacía de las nuevas tecnologías y el conocimiento y gobernado por la sostenibilidad ambiental y social.

La sesión, dedicada a las posibilidades de la innovación en Asturias, dejó flotando ese mensaje y a su lado una advertencia respecto a la necesidad de aprovechar adecuadamente la nueva coyuntura financiera europea. Hay posibilidades, pero vienen con desafíos y traen la certeza de que no existe alternativa a la necesidad de abrazar los cambios que demanda la transformación innovadora en los términos en los que la entiende Europa.

El proceso ya está en marcha, y para salir bien parada Asturias debe hacer valer aquella infraestructura investigadora que ya tiene, apuntalarla y modernizarla afinando bien el tiro de los proyectos financiables con fondos de recuperación. De momento, los que ya ha presentado la iniciativa privada hablan mucho de la producción de hidrógeno verde, de la digitalización y la economía circular, de las energías renovables o la reutilización de viejas instalaciones industriales, y de la magnitud de su apuesta dan fe las cifras. La propuesta de inversión total de las iniciativas se acerca a los 6.000 millones de euros, un gasto todavía potencial que casi multiplica por diez el coste de las actuaciones reales de la industria asturiana en 2019.

Urge adaptar el entramado formativo a las necesidades del tejido empresarial

Queda formulada así la oportunidad que dibuja en lontananza la llegada del tren europeo. La necesidad de cogerlo equivale a la obligación de afrontar algunos desafíos esenciales, entre los que no es menor la desconexión entre la academia y la empresa. Para convertir en actos la potencia del ecosistema innovador urge el desbroce de los caminos que van de la Universidad al tejido empresarial, o de la idea al negocio. Urge transformar el conocimiento en proyectos tangibles mediante la concienciación en los dos lados de la ecuación y en medio la intervención de la Administración para suavizar asperezas, incentivar el talento, reducir la precariedad laboral en la ciencia o convencer de que la entrega decidida a la innovación viene con beneficios para todos. El capítulo de los retos pendientes se alarga con la importancia de afinar el tiro al elegir los sectores a los que confiar la transformación, de acertar al identificar las «cabezas tractoras» del sistema innovador.

Asturias ha apostado sus posibilidades sobre todo a las capacidades y la potencia de su industria agroalimentaria, a las TIC, la industria del metal y la construcción naval.

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El tiempo dictará sentencia. Mientras tanto, urge resolver un problema esencial, casi estructural y unido a la configuración del sistema formativo. A diferencia de las empresas de su entorno geográfico inmediato, las españolas no tienen a su alcance demasiados técnicos superiores de cualificación intermedia, titulados de FP llamados a desarrollar los proyectos. Es ahí donde se localiza el músculo innovador de la empresa, y a veces flaquea. España cuenta con más oferta laboral bien formada en las zonas superior e inferior del escalafón -directivos y operarios– que en el centro de una estructura que aquí tiene forma de diábolo y en buena parte de la Europa desarrollada sería un barril, abombado en el centro, menos dotado en los de arriba y abajo. Mejor.

Este repaso a los desafíos pendientes queda como el poso del paso por Asturias del proyecto Futuribles, que clausuró el presidente del Principado, Adrián Barbón, y en el que intervinieron la secretaria general de Innovación Teresa Riesgo; la secretaria general de FP del Ministerio de Educación, Clara Sanz; el consejero de Industria y Empleo, Enrique Fernández; la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín; la gerente de la Unión de Comerciantes del Principado, Carmen Moreno; el director general de la patronal de las sociedades de capital riesgo, José Zudaire; la consejera delegada de la empresa Triditive, Mariel Díaz; el director de Empleabilidad e Innovación Educativa de la Fundación Telefónica, Luis Miguel Olivas; el vicepresidente de la patronal de la industria tecnológica digital, Luis Fernando Álvarez-Gascón, y el director de Futuribles, Francisco Marín.