Empleo y salud mental

Una joven con trastorno bipolar denuncia a su empresa por despedirla alegando bajo rendimiento

  • La trabajadora denuncia que la cooperativa Consum la ha discriminado por su enfermedad cuando acumuló algunas bajas por recaídas

  • El supermercado alegó un "bajo rendimiento" y la "reincidencia" en estos permisos, y los activistas alertan de que estas expulsiones provocan que se escondan las patologías mentales

Anabel Romero denuncia discriminación por despido. / El Periódico

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Fidel Masreal
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Periodista

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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Anabel tiene 25 años y lleva luchando contra el trastorno bipolar desde los 12, cuando sufrió 'bullying' en la escuela. Su sueño era dedicarse al arte de la cerámica. Sueño aparcado, por ahora. Mientras, logró un trabajo de reponedora y cajera y pudo irse a vivir con su novio de alquiler a Mollet del Vallès. El empleo le proporcionaba estabilidad y rutina, algo clave debido a su enfermedad. En el súper nunca escondió su trastorno, y su jefe, Álex, la respetó y ayudó.

Hasta que llegó una nueva directora y tras varias bajas por recaídas, a Anabel la echaron sin miramientos por una falta grave: "bajo rendimiento", alegaron. Anabel ha decidido llevar el caso a la justicia y denunciar un despido que para ella y su abogado solo tienen un motivo. "Me han echado por mi enfermedad", asegura la joven. El caso es la punta del iceberg de un problema tan común como escondido: las dificultades de las personas con problemas de salud mental para lograr empleos.

El despido fue categórico. Fulminante. Anabel dejó de ser cooperativista debido a una "actitud apática" con "falta de implicación", pese a los "apercibimientos". Una actitud, afirma la firma Consum, "inadmisible". El caso es que Anabel no recibió avisos previos de ningún tipo, y la carta de fin del contrato llegó tras una recaída en diciembre, que provocó que tuviera que ingresar en el hospital casi tres semanas. Tras ello llegaron las bajas de un día en febrero, marzo y abril. En la carta de despido además se asegura que existe un "conjunto de informes" en el expediente disciplinario. Ni los informes ni el expediente han aparecido, cuando el abogado los ha pedido formalmente. Consum se basa siempre en la carta inicial, en la apatía inadmisible y el bajo rendimiento.

Anabel Romero ante el supermercado donde trabajaba.

/ ALVARO MONGE

"Nos quedamos parados", explica una compañera de trabajo de Anabel, que prefiere mantener el anonimato, sobre la decisión de la empresa. "Me sabe mal como persona y como compañera", añade, y detalla que Consum era perfectamente conocedor del estado de salud de la joven: "Ella abiertamente lo explicaba". Cuando algún día llegaba al trabajo baja de ánimo, la ayudaban. "Sabe mal ver a una persona así", describe esta empleada, que sin embargo elude valorar si Anabel bajó el rendimiento, como alega Consum. Y a la pregunta de si declararía a favor de ella, responde que tiene una hipoteca por pagar y que en casa le han dicho "que no se líe". Y añade, que algunas compañeras han respondido a este caso con una sentencia: "Si no rindes, fuera".

Consum y las oenegés

Preguntado por EL PERIÓDICO, Alex Mañé, que fue jefe de Anabel durante el primer año, no ha querido hacer comentarios: "Quien te ha de dar explicaciones no soy yo". Y la nueva jefa de Anabel en Mollet, Yolanda, también ha evitado el asunto. "Siempre se la ha tratado muy bien, son cosas de la empresa, no del supermercado ni mías, son cosas de arriba", ha afirmado por teléfono y ha derivado la respuesta en la dirección de la empresa, que a su vez ha delegado en la responsable de comunicación corporativa, Teresa Bayarri, quien asevera que cuando se contrató a Anabel se desconocía su trastorno e insiste en la idea del "bajo rendimiento" pero también, admite, que se trata de "bajas repetidas y reincidencia en las bajas laborales". De este modo, pese a que en la carta de expulsión la empresa asegura que no la echan por su discapacidad ("se trataría de procesos de incapacidad temporal sin conexión alguna con los hechos expuestos" en la expulsión) la versión oficial a EL PERIÓDICO por parte de Bayarri sí vincula este supuesto bajo rendimiento con las bajas de Anabel. Bajas debidas a su grave enfermedad.

Bayarri alega que a Anabel la hicieron socia de la cooperativa (la empresa tiene 18.000 trabajadores), que la firma reparte beneficios y también por rendimiento del trabajo, y que se trabaja en proyectos de cooperación social, con personas discapacitadas, con síndrome de Down, y existen convenios con "todas las oenegés".

El trastorno bipolar y la actitud denigrante

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El resultado del despido ha sido un proceso de desmoralización de Anabel, que alega que trabajaba dándolo todo y que trataba siempre de regresar de las bajas lo antes posible. Cuando recibió la noticia, en un despacho, sufrió un ataque de ansiedad. Ahora ha decidido luchar, de la mano de su familia y del abogado Josep Maria Gasch, del Col·lectiu Ronda, que ha llevado el caso a la justicia denunciando un despido motivado única y exclusivamente por la discriminación. La demanda contra la empresa recuerda qué es un trastorno bipolar, detalla que Anabel recibe terapia electroconvulsiva (TEC) una vez al mes, que todo ello limita su rendimiento esporádicamente y que Consum lo conocía todo perfectamente. Por ello la conclusión es nítida: "La consideración del estado de salud como discapacitante para el desempeño del trabajo a la entidad le resultaba molesto a todas luces, siendo que finalmente decide expulsarla". Con ello incurre en una discriminación ya que "no existe causa alguna para el despido razonable y disciplinario". Anabel ha alegado que cumplía al máximo con su trabajo. "Resulta especialmente denigrante y grave trato discriminatorio de una cooperativa que se ha aceptado unos valores y principios", añade en su escrito ante el juzgado.

Anabel quiere ser indemnizada pero sobre todo readmitida para que su caso sirva de ejemplo. La decisión legal la tomará el juez de los juzgados de lo social de Granollers. Las consecuencias en términos de autoestima y futuro están por ver. Y un mensaje final a la nueva jefa: "Está muy equivocada, todos somos personas".

"No es un hecho aislado"

Carlos Alcoba es responsable de salud mental y estigma en el ámbito laboral, trabaja en la entidad Obertament. El caso de Anabel no le sorprende. "No es un hecho aislado, en las empresas cuando alguien tiene una cosa, se curan en salud sin darse cuenta de que lanzan un mensaje perverso para el resto de la plantilla". El mensaje es claro: mejor esconder los trastornos mentales para evitar ser despedido.

Según un estudio de Infojobs del pasado diciembre, la mitad de los problemas de salud mental de las personas con empleo están relacionados con el trabajo. Los últimos datos estadísticos del INE indican que en el 2018 solo el 17% de las personas con una discapacidad por problemas de salud mental y en edad de trabajar tenía un empleo.

Alcoba explica que la principal consecuencia laboral para las personas con trastornos mentales no son las dificultades por su trastorno, sino el estigma. La consecuencia de esta actitud de esconder la patología es un incremento del estrés, un sobre esfuerzo.

Las buenas prácticas, según Obertament, pasarían porque las empresas lleven a cabo acompañamientos, durante las bajas, hablen con los trabajadores en el momento de la reincorporación. "No llevar a cabo estas políticas acaba siendo peor, es como si una empresa quisiera ahorrar en sillas ergonómicas y pusiera taburetes...a la larga tendría a toda la plantilla de baja por dolores de espalda".

Alcoba también reflexiona sobre las compañeras de Anabel que decían algo así como "si no rindes, fuera". "¿Habrían hecho este comentario a alguien que vuelve de una baja por maternidad? Lo cierto es que alguna gente piensa: si la echan, me ahorro tener al lado a alguien con un trastorno mental. Es una discriminación personal escondida bajo un argumento laboral".