ENTREVISTA

Vânia de la Fuente-Núñez: "El edadismo acorta la vida"

La discriminación por edad, advierte la doctora, impide a la sociedad aprovechar plenamente el potencial social y económico de la población mayor

Vânia de la Fuente-Núñez, directora de la Campaña Mundial contra el Edadismo de la OMS, es coautora principal del primer Informe Mundial de Naciones Unidas sobre el edadismo.

Vânia de la Fuente-Núñez, directora de la Campaña Mundial contra el Edadismo de la OMS, es coautora principal del primer Informe Mundial de Naciones Unidas sobre el edadismo.

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Montserrat Baldomà

Vânia de la Fuente-Núñez dirige la Campaña Mundial contra el Edadismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y es coautora principal del primer Informe Mundial de Naciones Unidas sobre el edadismo. Licenciada en Medicina y máster en Filosofía, Política y Economía de la Salud en el University College de Londres gracias a una beca de Fundación ‘la Caixa’, de la Fuente-Núñez advierte que el edadismo con salud se paga.

-¿Qué es el edadismo?

-Cuando hablamos de edadismo nos referimos a tres dimensiones diferentes: cómo pensamos, que son los estereotipos, cómo nos sentimos, que son los prejuicios, y cómo actuamos, que es la discriminación, tanto hacia los demás como hacia uno mismo, en función de la edad. 

-¿A qué grupos de edad afecta?

-Puede dirigirse a cualquier grupo de edad, tanto a gente joven como a mayor y adopta diferentes formas a lo largo de la vida. De hecho empieza muy temprano. Aproximadamente a los cuatro años los niños son conscientes de los estereotipos que pueden existir en su cultura en relación a la edad y los empiezan a interiorizar. 

-¿Los mayores son quienes más lo sufren?

-En Europa, los datos indican que son los jóvenes los que más edadismo reportan, pero si miramos datos a nivel mundial vemos que una de cada dos personas es edadista hacia las personas mayores. También puede ser que en Europa los mayores no perciban determinadas acciones como edadismo, que las hayan interiorizado como normales en el proceso de la vejez.

-¿Cuáles son las formas más habituales de edadismo?

-Como indicamos en el informe, lo vemos en muchas esferas de nuestra vida y genera barreras a veces infranqueables. Afecta en nuestra capacidad para acceder a un préstamo, conseguir o mantener un empleo o recibir un tratamiento médico. También está presente en ámbitos que muchos no imaginan, como la tecnología, incluida la inteligencia artificial. En febrero publicamos un informe sobre este tema para dar visibilidad a campos que surgen ahora y evitar que se perpetúe el edadismo en el uso de la tecnología. También se manifiesta en nuestras interacciones con otras personas, el edadismo interpersonal. Por ejemplo, cuando somos condescendientes con las personas mayores o usamos con ellas un lenguaje infantil. Y luego está el edadismo dirigido contra uno mismo o autoinfligido.

-Que nos corta las alas.

-Nos cohibimos para hacer algunas cosas porque consideramos que no son apropiadas para nuestra edad, pero además podemos interiorizar estereotipos que afectan a nuestras conductas. Por ejemplo, si se interioriza que la vejez es una etapa de aislamiento, nosotros mismos podemos acabar retrayéndonos de la sociedad; creamos una profecía autocumplida. Todos los tipos de edadismo - pero especialmente el autoinfligido - tienen unas consecuencias muy negativas para nuestra salud y bienestar cuando somos mayores.

-Háblenos de ellas.

-El edadismo es muy nocivo. Sabemos que está asociado con una muerte más temprana, con una peor salud física y mental, con comportamientos de salud de riesgo, como beber alcohol, fumar o no tomar las medicinas prescritas. También afecta a nuestro bienestar; vemos que aumenta el aislamiento y la soledad y reduce la calidad de vida. 

-¿Y cómo afecta a la sociedad?

-El edadismo tiene costes adicionales en diferentes sectores como el de la salud y en el ámbito laboral, porque sufrir edadismo en el trabajo puede, por ejemplo, dar lugar a bajas por enfermedad laboral a largo plazo. Además, nos impide, como sociedad, aprovechar plenamente el potencial social y económico de la población mayor. La sociedad está acostumbrada a ver el envejecimiento como algo negativo e invisibiliza las numerosas contribuciones de las personas mayores. 

-¿Qué se puede hacer?

-Básicamente, tres cosas. La primera son las medidas políticas y legislativas, tanto nacionales como internacionales, que tienen que garantizar que no se perjudique sistemáticamente a las personas por cuestiones de edad. La segunda son las actividades educativas, que nos ayudan a mejorar la empatía hacia los demás y a disipar conceptos erróneos sobre diferentes grupos de edad. Y por último, las intervenciones intergeneracionales, que nos permiten interactuar con personas de otras edades y ayudan a tender puentes entre generaciones para fomentar el entendimiento mutuo.

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-¿Hay razones para la esperanza?

-Sí, soy optimista. Creo realmente que el ser humano es capaz de crear un mundo para todas las edades. Queda camino por recorrer, pero ya vemos semillas de cambio.

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