Espacio verde de Barcelona

La Gran Clariana comienza la reconquista de Glòries, la plaza maldita de Cerdà

Àngel García

  • Con más de siglo y medio de retraso, este espacio comienza a ser lo que debía: un pulmón que conecta barrios y alivia a familias acosadas por los coches

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

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La abuela de Mireia Pons se instaló junto a la plaza de Glòries de Barcelona poco después de la Guerra Civil. Ya entonces aquel espacio llevaba décadas postergando una revitalización prometida desde que Ildefons Cerdà la pensara como el centro más lógico del mapa de la capital catalana, en 1859. “Pero mi abuela murió sin que Glòries fuera otra cosa que un espacio conquistado por los coches y una frontera que, para mi madre, convirtió los barrios del otro lado, como Poblenou, en lugares lejanos que nunca pisaba”, explica Pons, historiadora y guía de la ciudad en 'Passejant per Barcelona' que cuenta el pasado de Glòries en rutas organizadas por La Farinera del Clot.

Como madre de tres hijos, ella también frecuenta últimamente el nuevo espacio verde que ha comenzado para los vecinos la reconquista de este lugar con 170 años de retraso y que seguirá ganándola cuando se completen las dos fases de construcción todavía no acabadas. Xavi Valls, coordinador de actividades del lugar, detalla que actualmente son más de 20.000 metros cuadrados los destinados a los ciudadanos, entre los que se incluyen la zona infantil, el recinto deportivo y la hectárea de la llamada Gran Clariana.

Irma Ventanyol, directora de la Oficina del Canvi Climàtic de Barcelona, explica que la vegetación que rodea esta masa de hierba no ha sido escogida al azar. Son plantas y árboles elegidos porque son “sostenibles” y además están agrupados para formar ambientes propicios para abejas, mariposas y pájaros. Este domingo, bajo un sol intermitente que cuando apretaba parecía de verano, su sobrino afirma haber visto un gorrión de pecho rojo y varias mariposas. En tiempos de emergencia climática, divisarlos en Glòries, orgía histórica de cemento, tubos de escape y obras, no es baladí.

La antigua Via Augusta

Glòries crece sobre el antiguo trazado de la Via Augusta romana. Y en el siglo X, informa Pons, por aquí pasó también un canal de riego para los campos de cultivo. Antiguamente, esta plaza era casi una orilla del mar –justo hasta donde ahora están plantados los cimientos de la icónica torre de las aguas– pero la costa se alejó convirtiendo el distrito de Sant Martí en una zona de lagunas –de ahí recibe también su nombre el barrio de La Llacuna–, fértil para la agricultura. Por eso se construyó el canal, cuyos restos siguen apareciendo cada vez que los constructores escarban.

Hacer sostenible el espacio no será solo posible con la vegetación elegida. Valls y Monts Rodés, de la Xarxa d’Equipaments Ambientals, tienen el espinoso encargo de convencer a los ciudadanos de Barcelona de por qué deben respetarlo: invitando a enamorarse de otros lugares para hacer botellón por la noche, por ejemplo, o a no hacer nada que aleje a las familias. Las actividades que promueven van en ese sentido: cuentacuentos de temática ecologista, taller para plantar o curso para aprender a reciclar tejidos. Jana y Joan tienen solo 15 meses y esta mañana gatean por la hierba de la Gran Clariana bajo la mirada distraída de los padres, como si estuvieran un jardín privado, en el que todavía no hay riesgo de pisar con las manos latas, cristales o jeringas. El espacio está atestado de familias.

Malos humos

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A mediados del siglo XIX, tres vías de tren distintas hicieron de Glòries un nudo de comunicación ferroviaria clave para la industrialización. Antes de la Guerra Civil, cuando las viviendas habían proliferado a su alrededor, se intentó enterrarlas. El conflicto bélico lo detuvo, e incluso sirvieron aquellas obras iniciales como refugio, explica la historiadora. Después, llegó el boom de los coches, cuyo clímax se alcanzó en 1992, con el tambor que conectaba en una rotonda gigante la Meridiana con la Gran Via y La Diagonal, y se hizo más grande que nunca el separador que conocieron la abuela y la madre de Mireia. Se superpusieron planes de reforma que acumularon fracasos mientras proliferaron actividades como la prostitución o la delincuencia. O también como la compraventa de Els Encants.

Pons propuso titular su visita guiada como “la plaza maldita”, en alusión a la cantidad de frustraciones que ha acumulado durante más de siglo y medio, hasta que este 2022 ha vuelto a ser un espacio transitable a pie, y la frontera entre barrios se ha disuelto, y además hay un campo de hierba por el que pueden gatear bebés. Pero no gustó ese título. Valga este reportaje como desagravio.