Derecho a la educación

Cuando el futuro académico depende del color de tu piel

  •  Un estudio antropológico señala que la mirada negativa y las bajas expectativas de los profesores hacía los alumnos de origen migrante, el llamado efecto Pigmalión, es uno de los principales factores que dificulta que lleguen a la universidad 

La autora del estudio, Sanae El Khamlichi (derecha) charla con Mawa Ndiaye, líder de la comunidad senegalesa en Catalunya (centro) y Mamadou Kadame.

La autora del estudio, Sanae El Khamlichi (derecha) charla con Mawa Ndiaye, líder de la comunidad senegalesa en Catalunya (centro) y Mamadou Kadame. / LAURA GUERRERO

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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La "aproximación etnográfica", como se refieren al estudio, se ha hecho en las ciudades de Mataró, Terrassa y Vic y se ha centrado en la comunidad senegalesa y gambiana, pero sus conclusiones son extrapolables a prácticamente todo el territorio y a prácticamente todas las comunidades migrantes llegadas de países pobres y deberían ser escuchas en todos los claustros de colegios e institutos. Una de las principales revelaciones es el peso del efecto Pigmalión. El hecho de que no es solo que los estudiantes de origen migrante no sientan apoyo por parte de sus profesores para ir a la universidad, sino que en no pocas ocasiones directamente les invitan a no hacerlo.

Así se expuso hace unos días en la jornada 'La asignatura pendiente: migración, género y educación', organizada la Fundació Guné, entidad que solicitó dicha investigación sobre el abandono escolar de las alumnas de origen senegambiano al Centre d’Estudis Africans (CEA).

Una jornada que se celebró en la sede de LaFede.cat Organitzacions per la justícia global y que no contó con la presencia de ningún representante del Departament d'Eduació, pese a que fueron invitados, según señaló la directora de la Fundació Guné, preocupada por esa falta de interés de la 'conselleria' en el asunto. La antropóloga Lola López, investigadora del CEA, argumenta sobre los posibles motivos de esa ausencia, que pone sobre la mesa una persona del público. Explicación que, además, sirve también para entender la ausencia de esta comunidad en la universidad, objetivo final de la investigación. "Nuestra sociedad no está pensada para que haya diversidad. El problema es que pensamos que el problema está en las tradiciones de esas familias. Que el problema es de las culturas de origen, no nuestro, como sociedad, por eso el asunto se trata desde la Cooperación, no desde la Educación", señala. 

Pese a que el estudio se centraba en las chicas, la conclusión es que son ellos, con diferencia, los que abandonan antes los estudios

Cuestión de género

Pese a que el estudio se centraba en las chicas, no en los chicos (se enmarca en un programa por el derecho a la educación de las jóvenes en Senegal y quería confirmar si la situación era similar entre las catalanas de origen senegalés) otra de las conclusiones a las que han llegado es que son ellos los que más abandonan los estudios, además con una diferencia importante. "Se tiende a criminalizar más los chicos que a las chicas", apunta la encargada del trabajo de campo, la antropóloga Sanae El Khamlichi.

Durante el trabajo de campo, El Khamlichi habló tanto con las alumnas como con los profesoras y las familias. En el grupo de las primeras, una idea que apareció en muchas de las entrevistas es "la mirada negativa y bajas expectativas que sentían hacía ellas" (otra vez el ya citado efecto Pigmalión). También critican que las aulas de acogida suponen "un aislamiento del alumnado con el grupo clase y afecta a la creación de vínculos". En cambio a ojos de los profesores, las aulas de acogida no representaban un tema de debate. Los centros destacaban más la segregación escolar y la matrícula viva

Historia invisibilizada

Las alumnas consultadas por El Khamlichi -en su día también estudiante de origen migrante- destacan además la falta de espacios donde sentirse representadas dentro del centro, y que la Historia negra en el programa de estudios brilla por su ausencia ya no hace falta ni comentarlo (es una forma de hablar, obviamente hace mucha falta, ya que si no lo denuncian ellas, nadie lo hará).

Los profesores, por su parte, aseguran sentirse sobresaturados. Denuncian que "no llegan", y que "se espera de ellos roles que no les tocan: de madres, padres, trabajadores sociales...".

El problema es que pensamos que el problema es de las culturas de origen, no nuestro, como sociedad

Por último, las familias reclaman más apoyo para acompañar a sus hijos en el para ellos desconocido recorrido académico y destacan la dificultad económica, además del acceso a ordenadores, a 'tablets', a internet... problema agudizado en la pandemia.

Pero no se trata de mucho menos de una guerra entre familias ni profesores. El problema es estructural, no personal, y familias y profesores coinciden en algo: en las dificultades para comunicarse. No solo por una cuestión de idioma, que también, sino por una cuestión de horarios. Las familias suelen trabajan en horario escolar, cuando los docentes proponen las tutorías.

Culpabilización de las familias

Volviendo a la mirada sobre el otro, la autora del estudio destaca que "en general hay un mirada bastante negativa de los profesores hacia las familias. Se repite esa idea de que se tiene que educar a las familias. Se cuestiona su educación. Se repite el mensaje de responsabilizarlas si sus hijos no estudian", prosigue El Khamlichi.

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Sobre el papel de las familias habla Mawa Ndiaye, presidente de la Coordinadora de Asociaciones Senegalesas en Catalunya (CASC), que trabaja desde el 2012 en un programa para motivar a familias y tutores -cómplices indispensables- para frenar el abandono escolar prematuro. La iniciativa nació tras cuatro duros años de crisis económica, a partir de un "grito de auxilio" de madres de Granollers, pero también de Salt y Banyoles, que veían que sus hijos ya no podían trabajar. "No había trabajo y había problemas de consumo y nos pedían ayuda para no tener que ir a ver a sus hijos al hospital, a la cárcel o directamente al cementerio", narra el presidente dela CASC.

Ese fue el detonante para que se pusieran a trabajar en varias líneas. Por un lado, para buscar estímulos para los chicos -en ese contexto la manera de recuperarlos era redirigirlos a la FP- y, por otro, para encontrar la manera de que los padres, hombres, también se interesaran en la cuestión (no solo las madres, como hasta entonces). Con ese objetivo organizaron talleres con las madres para darles argumentos para convencer a sus maridos. "El retorno es un mito. Seamos realistas. Nuestros hijos tienen que formarse para tener un futuro aquí. De aquí a 2025 tenemos que pasar del actual 0,001% en la universidad, a un 0,1. En primaria somos más de 2.400 niños, no puede ser que en la universidad desaparezcamos", explica Ndiaye, quien lamenta que también son pocos en los grados superiores o medios.