Guerra en el este de Europa

El centro de atención a los refugiados ucranianos en Barcelona abre con colas y decepción

  • La precipitación del anuncio del ministro obliga a abrir la instalación de La Fira sin tener los medios a punto para atender a todos los solicitantes de protección temporal

  • "Nos tratan como pelotas de ping-pong", se quejan los refugiados y los familiares que les acogen en casa

Apertura del centro de distribución de refugiados ucranianos de la Fira de Barcelona

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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Siete de la mañana. Una larga cola cruza la plaza Puig i Cadafalch esperando la apertura del Centro de Distribución de Refugiados de Barcelona, en La Fira de Montjuïc. A las diez, el panorama ya era otro. "Nos han dicho que hoy no atienden a nadie, que llamemos a este teléfono para pedir cita pero no contesta nadie. ¿Por qué dicen que abrirán si luego no sirve para nada?", se queja Diana Bezpalova, una ucraniana que acoge a tres refugiados en casa. La apertura del centro ha sido una auténtica decepción para muchos. "Nos tratan como pelotas de ping-pong", se quejaba otra familia.

Mientras la Cruz Roja ofrece alojamiento, descanso y atención psicológica a los refugiados recién llegados, los agentes de la Policía Nacional que deberán registrar las peticiones para los permisos de trabajo y residencia preparan las instalaciones necesarias para realizar los trámites legales. "Esperemos estar el lunes a punto y a pleno rendimiento", pronostican fuentes del cuerpo.

Una semana después del estallido de la guerra en Ucrania, y la posterior llegada de refugiados en toda Europa, el ministro de Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, anunció la apertura de tres centros de atención a estas familias en el exilio español. El pasado jueves 10 de marzo abrió el primer centro en Pozuelo de Alcorcón (Madrid), mientras oenegés, Generalitat y Ayuntamiento se preguntaban dónde se ubicaría el equipamiento anunciado en Barcelona. El ministro resolvió la incógnita este lunes, a través de un tuit. El centro catalán abriría en La Fira de Barcelona y lo haría el viernes. Un anuncio, especialmente el de la fecha de apertura, que a muchos de los que debían trabajar en las instalaciones les pilló por sorpresa.

Apertura del centro de distribución de refugiados ucranianos de La Fira de Barcelona.

/ ELISENDA PONS

Esta mañana, el equipo de atención multidisciplinar de la Cruz Roja ha logrado instalarse en tiempo récord en el pabellón Victoria Eugenia. Es el mismo equipo que, hasta este jueves, daba la primera bienvenida a los refugiados recién llegados a la ciudad en la sede de la entidad y les buscaba un alojamiento en caso de que no tengan dónde ir. En este sentido, la llegada de familias con maletas era constante en Montjuïc. "Preocupan los problemas psicológicos y emocionales que tienen los niños, cuando oyen una sirena o cualquier ruido brusco se esconden", explican voluntarios de la entidad. "Muchos de ellos tienen miedo de entregar el pasaporte porque temen que las autoridades españolas se lo quedarán y luego no podrán regresar a su país", añaden.

Policías tirando cables

Mientras, menos de una decena de agentes de la Policía Nacional se ponen manos a la obra para montar su punto de atención. Su función es clave, tramitar los permisos de protección temporal que asegurarán permisos de trabajo y residencia a los refugiados para al menos un año. Un servicio que ahora cinco policías están ofreciendo en la comisaría de la Verneda y que atiende a 50 personas al día. En La Fira está previsto que haya más de 20 agentes haciendo este trabajo los siete días de la semana, por lo que los trámites se pueden agilizar mucho. Pero este viernes están de brazos cruzados. Había que instalar el wifi, las conexiones con las bases de datos nacionales e internacionales, el sistema de huellas dactilares... "Es algo bastante complejo y tenemos que montar toda la infraestructura", comenta un agente del cuerpo, que recuerda que los refugiados ucranianos tienen hasta tres meses para empezar todo el proceso legal. "También es verdad que si el ministro no se hubiera precipitado no tendríamos esto", lamenta señalando las colas y el enfado de los eslavos a las puertas del pabellón.

 Apertura del centro de distribución de refugiados ucranianos de la Fira de Barcelona 

/ ELISENDA PONS

Teléfono colapsado

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"Es que nos tratan como pelotas de ping-pong, moviéndonos de un lado para otro y además para nada", se queja un jubilado que tiene dos madres con dos niños acogidos en una habitación. "Necesitamos los papeles para poder empezar de nuevo aquí. Hemos venido pensando que podríamos hacer los trámites pero nos han dicho que hoy no se atiende. Tenemos que pedir una cita", lamenta Diana Bezpalova. Se lo han anunciado unos ucranianos barceloneses que hacen de traductores. Les indican, además, que deben pedir una cita previa llamando al teléfono 910 474 444. "Nadie te lo coge, la línea está colapsada", sigue Bezpalova. "Llevo 20 minutos aguantando la musiquilla", critica Milena Titova, una joven que acompaña a una familia ucraniana que no habla español.

"Es que yo estoy en el paro, no tengo mucho para ayudarles, es importante que empiecen a hacer los trámites, aprendan la lengua, puedan trabajar", explica Natalia Borozdina, otra mujer que tiene acogidos en casa a compatriotas que han escapado de las bombas. "Hemos ido a La Verneda, nos han dicho que viniéramos aquí, y de aquí nos dicen que vayamos al consulado a pedir cita", se quejaba. "Y además pagando nosotros la tarjeta del metro, ¡es vergonzoso!, que estos niños salen de la guerra", explota señalando a un niño de 10 años que se distrae dando saltitos por la plaza y luchando contra el vendaval que sopla este viernes en Barcelona.