Rectora de la Universidad de Huelva

María Antonia Peña: "He sentido vergüenza e indignación al leer la información del MeToo en la universidad"

  • La delegada de la Conferencia de Rectores para políticas de igualdad reconoce que "identificar el acoso y proteger a las víctimas" es el primer paso para erradicar el machismo de los campus

María Antonia Peña, delegada de Crue Universidades Españolas para Políticas de Igualdad y rectora de la Universidad de Huelva (UHU).

María Antonia Peña, delegada de Crue Universidades Españolas para Políticas de Igualdad y rectora de la Universidad de Huelva (UHU).

6
Se lee en minutos
Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

ver +

Delegada de la Conferencia de Rectores (Crue Universidades Españolas) para políticas de igualdad, rectora de la Universidad de Huelva, investigadora y catedrática de Historia Contemporánea, María Antonia Peña confiesa que ha sentido "vergüenza e indignación" al leer las informaciones en EL PERIÓDICO sobre el #MeToo en las facultades. En su opinión, identificar el acoso y proteger a las víctimas es fundamental para erradicar el machismo de los campus.

¿Cuál es su misión como responsable de igualdad en la Crue?

Soy delegada del presidente para los temas de igualdad. Crue Universidades Españolas tiene otros organismos que se dedican también a ello. Tenemos un grupo de trabajo que reúne a todos los vicerrectores o vicerrectoras con competencias en este ámbito y otro instrumento muy interesante: una red de las unidades de igualdad de las universidades. Ellas son las que están a pie de calle, atienden a la gente, tramitan las denuncias y buscan estrategias.

¿Qué ha sentido al leer las informaciones del #MeToo en EL PERIÓDICO?

Como cualquier persona normal, la primera sensación que he tenido es la indignación. También vergüenza. Y, por supuesto, responsabilidad. Hay que ponerse a trabajar para cambiar el panorama. Hay que proteger a las afectadas y buscar las estrategias internas y externas para que estos casos dejen de existir. 

¿Cómo habría que trabajar? La Generalitat acaba de anunciar que actualizará los protocolos antimachistas. ¿Debería extenderse a toda España esta iniciativa?

He dicho "vamos a trabajar" y, en realidad, lo que quería decir es "vamos a continuar trabajando". Las universidades, en su mayor parte, tienen protocolos frente al acoso. Ha habido un avance grandísimo en este sentido. Pero estamos delante de un problema muy grande y los pasos al frente no son suficientes para erradicarlo. En los últimos años hemos conseguido que un alto porcentaje de facultades públicas y privadas aprueben planes de igualdad. La tarea es ir mejorándolos. Los protocolos se enriquecen con la experiencia de las denuncias que, afortunadamente, salen a la luz. No se trata tanto de actualizarlos, sino de que estén en continua revisión, corrigiendo flancos débiles y adaptándose a los cambios.

"Estamos delante de un problema muy grande y los pasos al frente no son suficientes para erradicarlo"

Es importante identificar el acoso y el machismo.

Claro. Uno de los problemas más graves es que la persona acosada no sea capaz de ver que es una víctima. A veces también el denunciado no sabe que está acosando. Pues no. Hay que saberlo claramente. Hay que crear medidas para que la víctima se sienta protegida y que no tema represalias ni que su caso se abandone.

"Uno de los problemas más graves es que la persona acosada no sea capaz de ver que es una víctima"

El 90% de las docentes e investigadoras no denuncian. ¿Dispone la Crue de algún dato que demuestre la realidad del acoso?

La red que le mencionaba antes está trabajando en un diagnóstico interno. Se enviaron 52 cuestionarios a universidades y, de momento, han respondido 32. La mayoría de facultades registran unas 5, 6 o 10 denuncias formales. En otros centros, quizá por tener un contexto social más problemático, se registran más de 55 casos al año. El informe no habla de universidades con nombre y apellido, solo constata las cifras. Además, hay que diferenciar las denuncias de los casos en los que solo se registra una consulta o un asesoramiento. Algunas personas que solicitan una mediación o un procedimiento informal. Otras veces, la víctima acude a los jueces y los tribunales y la universidad ya no toma medidas. En mi centro, por ejemplo, lo que sí hacemos es pasar el expediente a la fiscalía.

Ese informe ¿se refiere solo a docentes e investigadoras o incluye alumnas?

No distinguimos. Un caso de acoso es acoso. En Huelva, además, también registramos los expedientes en las empresas que trabajan con nosotros, ya sean de mantenimiento, seguridad o cocina. Es un problema femenino con independencia del rol.

Identificar el acoso implica saber de lo que hablamos. Una bióloga contaba en EL PERIÓDICO cómo le negaron recursos, se le vetaron artículos científicos y se le apartó de la dirección de proyectos. No todo es abuso físico. 

Claro. Por eso es importante la pedagogía. A lo mejor no ha habido tocamientos ni frases sexuales inadecuadas. Pero se le dificulta su carrera profesional, se condicionan los tribunales, se le retira apoyo financiero. Las calificaciones, las plazas y los tribunales se deben llevar a cabo con absoluta transparencia y legalidad.

Los campus son espacios para el talento, los estudios superiores, la libertad, la convivencia y el pensamiento crítico. ¿Cómo puede ser que haya acosadores?

Somos parte de la humanidad y la sociedad. Somos muy grandes y muy heterogéneos. El machismo no es nuestro día a día. La mayor parte de la gente apuesta por la convivencia y las relaciones sanas y normales. Pero es un problema que no tiene clase social, no es ni rural ni urbano. Son comportamientos muy arraigados en la sociedad que se dan en empresas privadas, públicas, en medicina, en educación… Debemos corregir, controlar, penalizar y ser un ejemplo. Debemos ser líderes.

"La mayoría de facultades registran unas 5, 6 o 10 denuncias formales. En otros centros, quizá por tener un contexto social más problemático, se registran más de 55 casos al año"

¿Usted ha sufrido algún tipo de acoso a lo largo de su carrera profesional?

Afortunadamente no. No soy ninguna excepción. En mi entorno inmediato tampoco conozco casos. Y eso que mi disciplina está masculinizada.

Es madre de tres hijos. En algunos casos, la maternidad también penaliza la carrera.

Esa es otra ventana que tenemos abierta. Tenemos que conseguir que una investigadora lo pueda ser a pleno pulmón y si quiere ser madre, que lo sea. A los hombres, a los grandes investigadores, nadie les pide sacrificar su paternidad.

La Crue engloba 76 universidades, 50 públicas y 26 privadas. De momento, hay 17 rectoras. ¿Cuándo habrá paridad?

Bueno, la cifra es más dramática. En las facultades públicas, la rectora es elegida. En las privadas, designada desde arriba. De las primeras debemos ser 9 o 10. Hay en Euskadi, Madrid, Catalunya, Comunidad Valenciana y Andalucía. La cifra aumenta, pero no cantemos victoria que podemos volver a ser 3 o 4. Hay que animar a las mujeres a que se presenten, empoderarlas para el liderazgo.

Noticias relacionadas

Usted es catedrática, investigadora y máxima responsable de la Universidad de Huelva. También ostenta un cargo en la Crue. Además, escribe relatos breves, cocina y hace punto. ¿De dónde saca tiempo?

Dejo de hacer otras cosas. Aprovecho los ratos de sofá porque tengo mala relación con la televisión, no me gustan las series. Una de mis mayores satisfacciones es levantarme tarde el sábado, coger el carrito de la compra e ir al mercado. Luego vuelvo a casa y cocino. Hay que comer, ¿no? Lo habré heredado de mi abuela, que era cocinera. Respecto a hacer punto, le diré que las manualidades están menospreciadas pero son una estupenda vía de relajación y de desconexión mental.