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Tijana Poštić: "La pandemia no es comparable con la guerra; en casa estáis seguros, yo tuve que huir"

  • La directora de enfermería del Hospital de Igualada recibe telematicamente este martes el Premio Internacional Catalunya

Tijana Poštić Bijavica, directora de enfermería del hospital de Igualada, este lunes.

Tijana Poštić Bijavica, directora de enfermería del hospital de Igualada, este lunes. / Marc Vila

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Es imposible aguantar las lágrimas oyendo a Tijana Poštić, la directora de enfermería del Hospital de Igualada que llegó al Anoia con 10 años tras la guerra de los Balcanes y luego afrontó el primer brote de coronavirus que vivió Catalunya. Su padre, que murió en un bombardeo, estaría orgulloso de que hoy el president Aragonés le entregue el Premio Internacional Catalunya, junto a Anxhela Gradeci, Dania El Mazloum y Magúncia médicas de Londres, Italia y Alemania que han estado a primera línea de la pandemia tras huir de conflictos en Armenia, Síria y Turquía. Dos años después de luchar contra la pandemia, este lunes se ha contagiado del virus de forma muy leve y deberá recibir el premio telematicamente.

Felicidades por el premio. Estoy muy agradecida pero, por desgracia, historias como la mía hay miles. Yo, cuando llegué a Igualada tuve los mismos derechos que el resto de niños de aquí. Hay muchos que no tienen estas oportunidades, hay niños que mueren en el mar... Agradezco a los que trabajan cada día salvando vidas y ofreciendo estas oportunidades. Respecto al trabajo durante la pandemia, el reconocimiento es a todo mi equipo.

Nació en Sarajevo en 1982. Mi infancia fue perfecta, hasta la guerra. Vivíamos en el centro de la ciudad, mis padres tenían buenos empleos, nos íbamos de vacaciones... no nos faltaba de nada. Cuando tenía 10 años estalló el conflicto de los Balcanes, mi hermano acababa de nacer. Vivimos seis meses de la guerra.

¿Qué recuerda? De un día para otro confinaron la ciudad. Todo se cierra y empiezan los bombardeos, los disparos... Jamás me sacaré el ruido de la alarma antiaérea. Había días que solo podías comer pan porque no había nada más. Mis padres me mantuvieron al corriente de lo que querían hacer y tomábamos las decisiones juntos. Yo decía “que sea lo que tenga que ser pero estemos juntos. Si no podemos irnos todos no hace falta que nos vayamos”. A mis padres les tocó decidir que mi madre nos cogiera a mí y a mi hermano y nos fuéramos. Los hombres lo tenían prohibido, para ir al frente.

"Cuando empieza la guerra todo se cierra y empiezan los bombardeos, los disparos... Jamás me sacaré el ruido de la alarma antiaérea. Había días que solo podías comer pan porque no había nada más"

Aquella despedida... Es de las peores cosas he vivido (llora). La última noche dormimos los cuatro juntos y me pasó por la cabeza la sensación de que era la última vez que estaba con él. Nos pidió que nos lleváramos los álbumes de fotos, las grabaciones caseras... Gracias a eso las hemos podido conservar. Nos despedimos delante de casa porque mi padre no se vio capaz de ir hasta la estación. Tengo aquella imagen grabada. Él de pie en la puerta y yo mirándole por el cristal del maletero con el coche en marcha.. 

¿Se fueron en coche? Hasta Belgrado. Salimos con los tanques y la Cruz Roja. Mil horas de camino por carreteras secundarias, puertos de montaña.. Mi madre iba conduciendo y yo cambiando los pañales a mi hermano y dándole de comer. En Belgrado mi madre intentó encontrar trabajo pero había mucha inmigración y era muy difícil. Y en España acogían refugiados. El dinero ahorrado se iba acabando y nos fuimos sin poderlo hablar con mi padre...

¿No podían hablar con él? Se cortaron las comunicaciones, la luz, el agua, el gas... Nos escribía cartas pero tardaban dos meses. A veces podíamos llamar por satélite cinco minutos pero era muy difícil. En la guerra todo deja de funcionar. Se para el mundo. 

"La despedida con mi padres es de las peores cosas que he vivido. La última noche me pasó por la cabeza la sensación de que era la última vez que estaba con él"

¿Cómo fue la llegada a Barcelona? Bajamos del avión y los periodistas se llevaron a mi madre a hacerle una entrevista. Había muchos flashes, y yo con un miedo terrible de no encontrarla. Luego fuimos a una casa de colonias, l’Eucaria, con ocho familias más.

Los principios no deben ser fáciles. Cuando fuimos a la escuela, a los niños les contaron que huíamos de la guerra y en el patio, al principio y con buena fe, nos miraban como bichos raros. Fue durillo. Lo peor fue la muerte de mi padre. Un mes después de llegar, justo antes de la Navidad... Nos lo contó mi abuelo. Conseguimos que evitara el frente y trabajaba en la Cruz Roja repartiendo comida. Pero le cayó una bomba. Pensé ¿y ahora qué será de nosotros? Era un momento de incertidumbre y lo más importante que tenía acababa de desaparecer. Lo que he pasado es una putada. Ojalá no hubiera tenido que irme de mi casa ni cambiar mi vida. Es que yo en Sarajevo estaba bien. Lo tenía todo.

También vino su abuela... Mi madre tenía tres trabajos a la vez para que no nos faltara de nada y mi abuela se hacía cargo de nosotros. Luego ella pudo convalidar el título de enfermera y empezó a trabajar en el hospital de Igualada. Yo y mi hermano íbamos a la escuela... Siempre pensamos en volver, pero lo íbamos posponiendo. Que si la posguerra será muy dura. Que si hay que acabar la escuela, el instituto, la universidad... Al final aceptas que tu vida y tu familia están aquí. Allí solo nos quedaban cosas materiales. Me costó, pero terminé pidiendo la nacionalidad española.

"Los inicios son durillos. Al final aceptas que tu vida y tu familia están aquí. Allí solo nos quedaban cosas materiales."

Y ahora es la directora de enfermería del hospital de Igualada. Empecé en el hospital mientras estudiaba, como auxiliar. El 2003 me contratan de enfermera, en 2016 fui supervisora el turno de noche y en diciembre del 2018 me nombran directora de enfermería. Y un año después llega el covid...

Tuvieron el primer gran brote de Catalunya... Hicimos lo que pudimos con los recursos que teníamos. No había protocolos, todo iba sobre la marcha. Pensábamos que estábamos preparados, en febrero hicimos reuniones, planes de contigencia... Cuando nos llegó el brote, en tres días agotamos el plan. Empiezas a improvisar y no puedes recurrir a nadie. No podíamos hacer PCR, los circuitos estaban por hacer... No nos imaginábamos un colapse tan rápido e importante. Desmontamos el hospital y creamos protocolos y circuitos en 24 horas. La enfermedad iba por delante nuestro, trabajábamos de forma reactiva, no lo alcanzábamos. Y muchos pensaban que el diagnóstico era sentencia de muerte. 

"Desmontamos el hospital y creamos protocolos y circuitos en 24 horas. La enfermedad iba por delante nuestro, trabajábamos de forma reactiva, no lo alcanzábamos. Y el diagnóstico era sentencia de muerte"

¿Haber sufrido todas las penurias de la guerra le ayudó a encarar ese colapso en la pandemia? Son cosas diferentes. Yo creo que de todo se aprende, hay que sacar cosas positivas de la vida. Y seguro que me ha influido. De la pandemia aprendí que lo importante es el factor humano, por muy buenas instalaciones que tengas. 

¿Y de la guerra? A ser fuerte y superarte, supongo. No tiene nada bueno una guerra. En mi cabeza no cabe ni un motivo que la justifique. No hay nada que justifique la pérdida de una sola vida.

¿Qué piensa cuando se habla de la pandemia como una guerra? Yo he vivido las dos cosas y no es comparable. No poder salir a la calle porque hay un bombardeo, que haya un francotirador que te dispara... Confinarse es muy duro, pero en tu casa te sentías seguro. En una guerra, no. Ni en tu casa, ni en ningún sitio. Yo tuve que huir.

¿Cómo están ahora en el hospital? Los equipos están muy cansados. Como en el resto de centros, faltan profesionales, estamos en ratios muy justas... Hoy tenemos de baja al 15% de la plantilla, pero la planta de covid está llena y el 90% de nuestra uci son coronavirus. Nos preocupa como podemos suplir personal si esto sigue a un ritmo tan elevado. Las instituciones tienen que que cuidar a las personas que han hecho frente a todo esto, hemos de atender a toda la población que nos necesita. 

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