Dos años del siniestro

¿Qué impacto tuvo la explosión de la petroquímica de Tarragona en la salud de la ciudadanía?

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Nos habéis preguntado a través del consultorio de Instagram de Verificat cuál fue finalmente el impacto de la explosión de la planta de Industrias Químicas del Óxido de Etileno (Iqoxe) en La Canonja, en el polígono petroquímico sur de Tarragona del 14 de enero de 2020. El episodio se cobró tres muertos y ocho heridos. Excepto una de las víctimas mortales, un vecino del barrio de Torreforta, todas fueron trabajadores de la empresa.

Para hacer frente al accidente, Protecció Civil activó el plan PLASEQCAT, diseñado para “gestionar cualquier emergencia en establecimientos afectados por la normativa de accidentes graves donde se vean involucradas sustancias químicas”, y pidió en primera instancia que la población local se confinara en casa hasta “conocer el alcance del accidente químico”. Minutos después, las autoridades descartaron el riesgo de nube tóxica, es decir, de la emisión de una masa de aire que contuviera sustancias tóxicas, y levantaron la recomendación de confinamiento de las localidades próximas al lugar del incidente. Pero, ¿tuvo la explosión algún impacto a largo plazo en la salud de los alrededor de 400.000 vecinos de la zona?

La nube tóxica, descartada desde el primer momento

Pese a que las causas del accidente no están completamente claras y la investigación sigue abierta, los dos informes que las han intentado determinar están de acuerdo en apuntar “a una reacción térmica de descomposición de uno de los productos presentes en el reactor” como la causa más probable. La investigación encargada por la Generalitat a la consultora DNV apunta a una combustión del óxido de etileno como la causa de la explosión; mientras que la llevada a cabo por el Institut Químic de Sarrià (IQS), y encargada por la propia Iqoxe, sostiene la explosión de un derivado del producto, llamado MPEG-500, que hasta el momento no estaba catalogado como un producto químico peligroso.

En cualquier caso, el óxido de etileno es un gas tóxico para los seres humanos, tal como lo son sus derivados. Para producirlo se hace reaccionar el etileno con oxígeno, en lo que se llama una combustión parcial, es decir, controlada, según explica a Verificat Alfons Polo, doctor en Ciencias Químicas de la Universitat de Girona. Ahora bien, en una combustión descontrolada, como el contexto de una explosión o un incendio, “los productos que se emiten a la atmósfera son esencialmente CO2 y agua”, explica el experto, y por lo tanto, en el episodio de enero de 2020 no se produjo ninguna nube tóxica que pusiera en riesgo la salud de la población. Pese a todo, hasta que los bomberos de la Generalitat y la propia Iqoxe no descartaron esta posibilidad, se mantuvo el aviso de confinamiento de manera preventiva.

Ninguna anomalía en la calidad del aire

La campaña de vigilancia de la calidad del aire durante el primer trimestre de 2020 en el Camp de Tarragona, llevada a cabo por la Generalitat, reveló que durante la semana del 13 al 19 de enero de 2020, en los diferentes puntos de lectura de agentes contaminantes repartidos por el territorio, no se observaron “variaciones importantes en los niveles de referencia de material particulado”. Es decir, que los niveles de este material, que hace referencia a las famosas PM10 y PM2.5, partículas contaminantes menores de 10 y 2,5 micras de diámetro, respectivamente (0,01 y 0,0025 milímetros), se mantuvieron en niveles similares a los históricos.

Algunos de estos materiales particulados, los llamados hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), son compuestos químicos que se forman principalmente durante la combustión incompleta de materia orgánica como el carbón, el petróleo o la basura y suponen una amenaza para la atmósfera. Superados ciertos niveles de exposición, también suponen un riesgo para la salud de las personas. Este grupo de sustancias tampoco mostró una tendencia diferente a la esperada durante la semana del accidente: “los niveles de HAP esta semana en las estaciones del Camp de Tarragona son del orden de la media de los meses de enero del periodo comprendido entre los años 2015 y 2019”, indica el informe.

La conclusión es similar para los gases conocidos con el nombre genérico de compuestos orgánicos volátiles (COV), emitidos durante los mismos procesos de combustión responsables de generar los HAP, y con unos peligros similares a nivel de salud planetaria y humana, entre los cuales “no se observa ninguna tendencia específica”.

El polígono químico del Camp de Tarragona

Tarragona acumula el 25% de la producción química española y el 50% de la catalana. El polígono tarraconense es el mayor complejo petroquímico del sur de Europa y, el hecho de que comparta espacio con 400.000 habitantes y millones de turistas cada año, “genera susceptibilidades en relación con la calidad del aire y los posibles efectos sobre la salud”, explica la Generalitat. Pese a que las lecturas realizadas en la zona son similares a las del resto de Catalunya en concepto de calidad del aire, en 2015 se constituyó la Mesa del Aire en el Camp de Tarragona, donde se tratan los posibles efectos que las emisiones atmosféricas puedan tener sobre la salud de las personas.

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Uno de los ámbitos de trabajo de la mesa, explica el gabinete de prensa del Departament d'Acció Climàtica, Alimentació i Agenda Rural a Verificat por correo electrónico, es “definir la evaluación de aquellos compuestos que no disponen de normativa específica de calidad del aire, como sería el caso del óxido de etileno”. Pese a ser un gas tóxico, indican, “ninguna normativa en el ámbito europeo o estatal establece la obligatoriedad de medir” sus emisiones “ni fija niveles máximos de este compuesto en el aire”, de manera que no se dispone de lecturas.

La entidad ecologista local Cel Net denunció, con motivo del primer aniversario de la explosión de Iqoxe, que la Mesa Territorial para la Calidad del aire no se ha traducido en ninguna medida tangible en efectos de prevención y control. El Síndic de Greuges ya recogió las quejas locales respecto a la “ineficacia” de la mesa en un informe del 2019, donde reflejaban que una de las medidas aprobadas pero no llevadas a cabo fue la “realización de un estudio completo sobre contaminantes del entorno de los polígonos químicos norte y sur de Tarragona”.