Feminismos

Batman y Hulk juegan a cocinitas

Un padre ayuda a sus hijos a escribir la carta a Papa Noel.

Un padre ayuda a sus hijos a escribir la carta a Papa Noel. / FERRAN NADEU

  • Tan importante como qué juguete regalamos a nuestros hijos estas Navidades es cómo jugamos con ellos (y el ejemplo que les damos): Barbie puede ser doctora en Física o mecánica y el Capitán América cuidar de Superman

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Las Navidades del 2019, hace solo dos años, aunque en tiempos de pandemia se pueden antojar siglos, desde la comisión de género de la escuela Fructuós Gelabert, en Barcelona, escribieron, grabaron y viralizaron un villancico que llamaron ‘Atrapades en el gènere’. En él se denunciaba con mucho 'flow' el sexismo en la publicidad de los juguetes y se lanzaban -lanzan, ya que es un vídeo que, por suerte, sigue circulando- reflexiones profundas, como “me dicen que puedo elegir, pero ahora me hacen dudar, ¿por qué no encuentro a Batman jugando en la cocinita?”. En el ya hit navideño -más conocido como 'Fuig, fuig, fuig' por su pegadizo estribillo- , la pregunta se la hace un niño, varón, con un catálogo en las manos, pero en estas últimas semanas esa misma duda -en infinitas formas- se la hacen miles de familias a la hora de afrontar el gran dilema: romperles el corazón a su hijo no regalándole aquello que pide para Reyes o renunciar a su ideas y seguir afianzando los cimientos machistas de la sociedad.

La encrucijada entre desoír los deseos de los hijos -que saben debidamente modelados por una sociedad consumista y machista- o tirar por la borda en pocas horas el esfuerzo de todo un año por la educación en la igualdad es todavía un callejón sin salida para muchas familias. Pese a ello, una luz tenue se vislumbra al final del túnel. Como (casi) siempre en la vida, existen grises, que van desde manipular los juguetes -deshacerse de la caja rosa y sustituir el ajustado vestido de la muñeca por un mono de mecánico- hasta jugar con ellos dándoles otros roles posibles: en casa Hulk y Batman sí juegan a cocinitas. De hecho cocinan juntos, son papá y papá.

"Lo dañino es la manera de jugar; el juguete no lo es todo. Con una 'barbie' también se puede jugar a que va a hacer una ponencia muy importante y de camino se le pincha una rueda y ella misma se la cambia"

A ojos de Laura Marbiol, socia de la cooperativa Fil a l'agulla, tan importante como los muñecos que se compran es cómo se juega con ellos: "Hulk y Batman pueden luchar entre ellos, pero también pueden cuidarse, hablar y preguntarse cómo están tras el combate. Muchas veces lo que es dañino es la manera de jugar". "El juguete no lo es todo; con una 'barbie' también se puede jugar a que va a hacer una ponencia muy importante y de camino se le pincha una rueda y ella misma se la cambia", apunta la facilitadora, quien señala también como algo básico trabajar "la previa".

"Es importante sentarnos con nuestros hijos y escribir la carta juntos. Preguntarles por qué piden según qué, descubrir qué es exactamente lo que les gusta de aquel muñeco y ofrecerles alternativas que les puedan resultar igual de atractivas", prosigue Marbiol, quien opina que a veces va bien controlar qué catálogos miran. "Las criaturas son muy vulnerables a la presión de la publicidad, a lo que mola entre sus iguales -continúa-; por eso también es útil sentarse a ver los anuncios de la tele con ellos y hablarles abiertamente sobre qué nos parece que las niñas tengan siempre que cuidar de bebés y los niños jugar a lucha". Aunque, dicho esto, Marbiol tiene también claro que cuantos menos juguetes, mejor. "Los juguetes recortan la imaginación", zanja convencida.

Otro asunto -íntimamente relacionado con este- es cómo gestionan los adultos la frustración de sus hijos. "Con los más grandes se puede negociar. Escribir la carta a los Reyes es un momento educativamente muy potente. Es una súper oportunidad. Los padres y las madres tienen que asumir que educar muchas veces quiere decir acompañar la frustración", concluye la facilitadora, quien también advierte de la importancia de no generar tabús. "A veces por querer ser coeducadores no queremos ni oír hablar de las princesas y desterramos el rosa, pero eso no deja de ser misógina. Una princesa que hace y dice lo que quiere no es un problema. El problema son los roles que se suele dar a las princesas y, cuando prohíbes mucho algo, puedes acabar haciéndolo más atractivo", alerta.

La urgencia de referentes

Igual que la mayoría de madres que se han parado a pensar sobre el tema, Marbiol considera que, mientras se ha avanzado mucho en el empoderamiento de las niñas, "los niños siguen prácticamente huérfanos en referentes de otras masculinidades", concluye la mujer, quien insiste también en que "no les podemos decir a los niños que no hay cosas de niños y de niñas y después en casa reproducir los roles de género clásicos". 

Marta Lloret es miembro de la comisión de género del Fructuós Gelabert -la que parió 'Atrapades en el gènere' -y profesora. "La coeducción es un trabajo de fondo. No podemos pretender hacer todo el trabajo las dos semanas antes de Fiestas. Es algo que debemos hacer durante todo el año, aprovechando, por ejemplo, los cumpleaños de los niños y las niñas", incide.

Lloret coincide con Marbiol en la importancia de "hablarlo todo". Comentar que te sorprende que en el anuncio de la tele de coches solo aparezcan niños y en el de bebés solo niñas. "Y, si coges un catálogo, igual. Son, además, muy poco inclusivos. Cuesta también mucho encontrar muñecos con alguna discapacidad", prosigue la maestra. Coincide también con Marbiol en que las revistas -y los juguetes en general- suelen ser además de sexistas, clasistas (no abundan los pobres), racistas (la gran mayoría son todavía blancos y rubios), capacitistas y gordofóbicos. "Hablando con ellos de todo esto también les empoderas y abres vías de escape", considera Lloret.

Esta madre de la comisión de género del Fructuós Gelabert recomienda también "buscar bien las tiendas y comercios donde comprar". "Si tenemos en el barrio pequeños comercios que se esfuerzan en seleccionar los juguetes tenemos que apostar por esas tiendas. Sería genial que cuando entráramos en una tienda en vez de preguntarnos si es niño o niña nos preguntaran qué le gusta", reflexiona Lloret, quien hace tiempo que decidió que ante esa pregunta respondería "¿qué importa? Le gusta tal cosa".

"Sería genial que al entrar en una juguetería en vez de preguntarnos si es niño o niña nos preguntaran qué le gusta"

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Atreverse a hacer pequeño gesto cotidiano es otra de las asignaturas pendientes de las madres y padres con ganas de cambiar las cosas. "Una vez, en una tienda en la que tenía una cierta confianza con la propietaria, le pregunté por qué tenía mantas de niño y mantas de niña, botas de agua de niña y botas de agua de niño, que por qué no ponía mantas infantiles", recuerda. Se lo tomó bien y le hizo caso. "No lo había pensado", respondió.

Reacción del sistema

En el caso de esta pequeña tendera de barrio era cierto, no lo había pensado, pero el mercado, de forma más amplia, no da puntada sin hilo. Según Cristina Guiu Monte, miembro de la comisión de género del afa de la escuela Dovella, en El Clot, la evidente involución que se ha vivido en algunos juguetes -clicks de playmobil con cajas rosas para niña y con cajas azules para niños- o inclusos bloques de construcción para bebés de colores pastel para niñas es una reacción del sistema a cambios sociales que ya han empezado a producirse. "Cuando yo era pequeña era inimaginable ver a niños arrastrando carritos de muñecas por la calle y eso hoy pasa, ¡por suerte! Esa estrategia de las marcas de dividir y marcar el género es una estrategia para combatir ese avance", asegura Guiu, madre de dos niños (varones), quien, como Marbiol, considera que una de las principales asignaturas pendientes es encontrar referentes masculinos positivos algo básico para desactivar la violencia machista.