Carlos Lozano, gerente de Accent Social

¿Está Cataluña preparada para garantizar a sus futuros mayores unos cuidados de calidad?

¿Dónde te imaginas pasados los 60, 70 u 80 años?

Carlos Lozano, gerente de Accent Social.

Carlos Lozano, gerente de Accent Social.

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El 96% de los catalanes lo tiene claro. A pesar del surgimiento de nuevas alternativas, permanecer en el propio domicilio sigue siendo la opción más deseada en un futuro, según se desprende del informe “El futuro de los cuidados”, elaborado por Sondea para Clece a partir de 2.000 entrevistas a españoles de entre 55 y 77 años. Esta realidad, sumada al importante cambio demográfico que experimentará Cataluña en los próximos 20 años con la entrada de los baby boomers en la tercera edad -la generación nacida entre los años 1956 y 1977 y que actualmente es la más numerosa en España-, requiere una necesaria reflexión sobre el futuro del sector de los cuidados en nuestra comunidad.

Permanecer en nuestro domicilio, como desea la inmensa mayoría de la población catalana, solo será posible si se cuenta con servicios de cuidados de calidad como la Ayuda a Domicilio (SAD), la Teleasistencia o los Centros de Día, que facilitan que las personas mayores puedan residir en su propia casa de forma autónoma y segura. Al acceder a estos servicios, las personas que se decanten por vivir en su domicilio no solo salvaguardarán su intimidad e independencia, sino que además se sentirán más acompañadas, disminuyendo así las posibilidades de padecer soledad no deseada, una situación cada vez más común a medida que cumplimos años. 

En definitiva, los servicios de cuidados desempeñarán un papel fundamental para optimizar la calidad de vida de los futuros mayores, y es necesario garantizar la existencia de diversas opciones para tener la oportunidad de escoger la que más se amolde a  las necesidades y preferencias personales. En este sentido, existen fórmulas innovadoras que combinan lo mejor de cada modelo, como  las residencias de mayores organizadas en unidades de convivencia. Estos centros se respaldan en la Atención Integral Centrada en la Persona (AICP), un modelo asistencial que combina la máxima personalización de los cuidados de los residentes con el mantenimiento de su capacidad de decidir sobre las acciones cotidianas, pudiendo establecer sus propios hábitos: desde a qué hora comen o se acuestan hasta cuándo quieren recibir visitas. Para ello, se establecen pequeños grupos de personas con intereses comunes y un nivel similar de autonomía que comparten un espacio reservado -y adaptado- en las instalaciones del centro. Es lo más parecido a disponer de tu propia casa, pero dentro de un complejo en el que además se prestan servicios comunes adecuados a los cuidados que precisa cada individuo. Un modelo similar a la fórmula del cohousing, arraigada desde hace tiempo en los países nórdicos, que permite a personas afines convivir manteniendo cierta independencia, y que ya está empezando a cobrar fuerza en Cataluña: alrededor del 58% de los catalanes valora positivamente la idea de compartir una vivienda con otras personas mayores, como alternativa al modelo tradicional de residencias.

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Sin embargo, ¿estamos siguiendo el camino correcto para poder dar respuesta a los cerca de dos millones de catalanes que superarán los 65 años en 2035 y que, por tanto, pronto pondrán a prueba el sistema de cuidados existente? En 20 años, más de un cuarto de la población de Cataluña probablemente necesitará en algún momento atención personalizada para combatir los retos derivados de la edad. Por ello, resulta prioritario concienciar a todos los actores implicados en el sistema de cuidados, así como al resto de la sociedad, sobre la necesidad de generar un debate que nos permita replantear el modelo de cuidados antes de que la generación del baby boom alcance la vejez.

Entre otras claves, es prioritario apostar por una colaboración público-privada que permita aumentar la inversión y el desarrollo de los servicios de atención que prestamos a nuestros mayores, con el fin de abordar el reto que plantea un cambio en la tendencia demográfica existente. Asimismo, resulta crucial promover la mejora de las condiciones laborales de las personas trabajadoras, mejorando los ratios del personal dedicado al cuidado de los mayores, y, en definitiva, impulsando avances necesarios en la profesión. La creciente esperanza de vida de nuestra población debe estar inexorablemente ligada a un incremento de la calidad de vida que nos permita a nosotros, los mayores del futuro, decidir cómo queremos que sean nuestros cuidados.