Conciencia ambiental

Los héroes del mercado llevan táper

  • Aunque minoritarios, un grupo de consumidores en Catalunya deciden usar sus propios envases para comprar carne y pescado con el único fin de evitar los plásticos y otros productos contaminantes

Una clienta muestra su compra de pescado en un táper, en el mercado de Sants de Barcelona.

Una clienta muestra su compra de pescado en un táper, en el mercado de Sants de Barcelona. / Zowy Voeten

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Ni el plástico ni el porexpán han entrado jamás en su carrito de la compra. Pasó de los cestos de mimbre, de cuando iba a comprar con su madre y su suegra, a los tápers reciclables. "Yo es que soy mucho de ir al mercado", se excusa Francina Erra. Ella es una de las pocas clientas del mercado del Ninot, en el Eixample de Barcelona, que decide hacer la compra con fiambreras u otros envases caseros para evitar un desperdicio de plástico. Los comerciantes explican que cada vez hay más como ella, aunque matizan que no llegan al 10% del total. Si todos siguieran su ejemplo, Catalunya podría reducir toneladas de plástico, que propulsa la contaminación de los mares y del aire. Los héroes del mercado no llevan capa; van con táper.

Es imposible hacerlo con más naturalidad. Saca su envase del carrito y le pide a Francesc Munuera que hoy le apetece comer calamar. El paradista coloca el producto en una bolsa de papel, lo pesa y lo mete dentro de táper. "Yo aún me acuerdo de cuando veníamos a comprar a la parada de su padre", explica Erra. Tiene 85 años. Su marido, Joan Farrero, 90 y medio. "Desde jovencita hasta hoy, siempre he ido a las mismas paradas. En casa reciclamos todo lo que tenemos", explica ella, justo cuando Farrero regresa del punto verde del mercado donde acaba de lanzar los posos del café de toda la semana. "Es nuestra forma de ser, pasamos de comprar con cestos de mimbre al carro con ruedas y los táper", añade el marido. Sus motivos, pues, son los de no perder las buenas costumbres. Pero no solamente. "Tal y como está el mundo... Tenemos que ser conscientes e intentar enderezarlo. No puede ser que el mar esté lleno de plásticos", agregan ambos.

Sucumbir al porexpán

Munuera les mira sonriente. "Como ellos hay pocos, pero empiezan a verse", explica. Habla de los clientes con táper. "Lo que pasó es que hace 30 años que se inventaron las bandejas de porexpán, las bolsas de plástico... eran cómodas la verdad... y la inmensa mayoría de clientela sucumbió", cuenta Pepi Solanas, dependienta de la parada de carne J. Rigol y con más de 25 años detrás de los mostradores. Mientras va cortando un pollo en cuartos, explica cómo han cambiado los hábitos del consumo. "Si que es verdad que hace dos, tres años, hay más clientes que vienen con el táper para comprar la carne. Nosotros ni un problema, lo metemos dentro con el papel y ala. Pero son pocos, un 2% o así. Y, es curioso, pero la mayoría son hombres, cuarentones.", sigue. "Lo que yo no entiendo es que si el plástico y el porexpán son tan malos, ¿por qué no los prohíben? Si quieren que la gente deje de consumirlos que lo prohíban", insiste.

Un pescadero coloca unos calamares en un táper de un clienta en el mercado del Ninot de Barcelona.

/ Zowy Voeten

La duda de Solanas no está mal desencaminada. De momento esta opción no está prevista. Lo que sí que ha hecho la Generalitat es recomendar e incentivar el uso de fiambreras para comprar. Hace dos semanas la Agència Catalana de Residus cerró un acuerdo con algunos supermercados (Condis, Ametller Origen, La Sirena, Sorli, Grup Llobet) y varios gremios de carniceros, charcuteros y pescaderos para que acepten que sus clientes compren con táper. Los datos son realmente alarmantes. En 2019 cada catalán produjo 527 kilos de residuos, cuyo tratamiento posterior supone el 6% de las emisiones de gas de efecto invernadero. Además, según un estudio impulsado por la Agència de Consum de la Generalitat, el 11% del peso de la compra estándar en Catalunya son envases de un solo uso.

Comodidad

"Yo empecé a usar el táper con el bacalao, porque te deja una agüilla que luego impregna toda la compra. Y a partir de ahí compro todo el pescado en tápers", cuenta otra clienta, esta vez desde el mostrador de pescado de la parada de Pau Ribera. "En realidad es supercómodo, llegas a casa, pones el táper en el congelador, y ya está", añade esta mujer, que ya se plantea hacer lo mismo con la carne. "Es que es un rollo tener que tirar tanto plástico en cuanto llegas a casa. Hago los paquetes con el papel en el que me lo envuelven y así ya queda separado. Y la fruta la compro en bolsas de tela", explica Concha, una clienta que hace dos años también ha cambiado sus hábitos de compra.

Ahorro en envases

El propietario de la pescadería, Pau Ribera, señala que son menos del 3% los clientes que recurren a esto. "A nosotros ya nos gustaría que vinieran todos con el táper, porque así gastaríamos mucho menos en envases, que esto corre todo a cuenta nuestra", explica. Esta tienda, hace cosa de un año, decidió usar fiambreras, bolsas y envases 100% biodegradables. "El problema es que nos cuesta cuatro veces más", insiste. Asume lo mismo Mercè Barceló, propietaria de la pescadería Leyva en el mercado de Sants. "Somos los únicos que usamos papel satinado biodegradable, pero lo pagamos de nuestro bolsillo, ojalá vinieran más con el táper", asume. "A mi me parece genial, mientras la gente venga al mercado, que este es nuestro gran problema", añade Joaquín Márquez, carnicero en Sants.

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"Nosotros hace cinco años que lo hacemos: nos hemos ido concienciando porque tenemos que dejar este planeta igual que lo encontramos... y los niños que ahora suben no tendrán nada pobrecitos", cuenta Maria Teresa Gavaldà, junto a su marido, Enric Beltran en el mercado de Sants. Ambos jubilados, rondan los 72 años, incluso se llevan las hueveras de casa para comprar los huevos. Solo 'pecaron' durante el confinamiento más estricto. "Nos dijeron que no podían manipular productos de nuestras casas, pero ahora ya hemos vuelto", cuenta él con una sonrisa.

Marga espera también en otra parada de pescado mientras Isabel le va cortando la merluza, la lubina y el salmón. "Desde el verano que me esfuerzo en traer el táper a diario", explica. "Me dí cuenta que tiraba mucho plástico y desde que vengo con la fiambrera he bajado una barbaridad. Con la verdura uso bolsas de tela y también uso los tápers para la carne y las olivas", prosigue. Cuenta que su bolsa de basura es muchísimo más pequeña ahora. A su lado, Dolors Miró, otra clienta que espera ser atendida, no puede evitar escuchar la conversación. "Es que jamás lo había pensado. Y es verdad, cuando compras carne y pescado hay mucho plástico que va directo a la basura, y de tápers... ¡tengo mogollones!", exclama. Promete que va a probar usar las fiambreras para comprar. "Claro que sí, por algo tenemos que empezar", le anima Marga.