Rutas de misterio

Seu Vella de Lleida, custodios de una reliquia inquietante

  • La antigua catedral conservó en el siglo XIV un cuerno de unicornio, pieza muy codiciada en su época para realizar pociones mágicas; pero, ¿era realmente lo que parecía?

Imagen de la Seu Vella de Lleida.

Imagen de la Seu Vella de Lleida.

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Enric Sabarich

En la Seu Vella, antigua catedral de Lleida, encontramos una capilla construida en 1328 por una de las familias más poderosas de la región: los Montcada. Se trata de la capilla de Sant Pere, una de las más lujosas de todo el edificio. Allí están los sepulcros de Ot I de Montcada y su mujer, Teresa. Este matrimonio fue enterrado con el objeto más valioso que poseían: un cuerno de unicornio. Sí, ha leído usted bien: ¡un cuerno de unicornio! Todos sabemos que los unicornios no existen, pero en la Edad Media no lo tenían tan claro. De hecho, las bolsas con polvo de cuerno de esa bestia fantástica se cotizaban a precio de oro. Tenía tantas propiedades mágicas que pocas pociones se hacían sin añadir un poco de tan codiciada reliquia. Tenerlo en casa era, pues, un lujo que pocos se podían permitir. Ot I de Montcada poseía uno y cuando murió, fue colocado en su tumba.

En realidad, y siento de veras verter un jarro de agua fría sobre sus expectativas, se trataba simplemente de un colmillo de narval. Este cetáceo cuenta con un cuerno muy característico que puede llegar a medir hasta tres metros de longitud. Fueron los vikingos quienes, aprovechando la fama del unicornio y la credulidad de los europeos, introdujeron la venta de estas reliquias por toda Europa durante la Edad Media, haciendo el negocio del siglo. La obsesión europea por este animal fantástico llegó a tal extremo que, sin ir más lejos, encontramos numerosas representaciones en el arte sacro. Según la tradición medieval, la única manera de atrapar a estos seres era colocando ante ellos una imagen de la Virgen, ante la cual caían rendidos.

Pero, ¿aún se custodia la reliquia en la capilla de Sant Pere, en la Seu Vella de Lleida? Pues no, ya no se encuentra allí. Su destino final fue de lo más sorprendente. El rey catalanoaragonés Juan I se hizo con él y la noticia corrió como la pólvora entre todos los grandes señores de la Corona, que pronto empezaron a pedirle el cuerno: el conde de Ampurias, el conde de Cardona, el conde de Urgell, el obispo de Valencia, la infanta de Sicilia, etc. Así que el rey comenzó a repartir fragmentos, utilizándolo en sus relaciones diplomáticas, por ejemplo, con el conde de Armañac, el conde de Flandes, el duque de Borbón, el rey de Armenia e, incluso, el papa de Aviñón, a quien entregó un anillo con un trozo de cuerno para protegerse de los envenenamientos. Así es como el cuerno de unicornio de la Seu Vella quedó repartido por toda Europa. Poco importaba que, en realidad, se tratara de un colmillo de narval. Si se creía en él, el cuerno de unicornio era real, y como tal, era capaz de los más increíbles prodigios.

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