Dos meses de erupción

La bolsa magmática se rellena y despierta al volcán de La Palma de su letargo

  • La actividad sísmica bate el récord de terremotos en un día y supera los 300 seísmos en un día

  • Más de un centenar han tenido una magnitud mayor a 3

La bolsa magmática se rellena y despierta al volcán de La Palma de su letargo
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Verónica Pavés

El magma ha llegado a la bolsa que se encuentra a 15 kilómetros de profundidad bajo el volcán, propiciando que se despierte y vuelva a emitir lavas, después de varios días en reposo. Solo le ha bastado una semana emitiendo gases y alguna que otra nube de cenizas, para revivir liberando más energía que nunca. Este pasado miércoles, el Instituto Geográfico Nacional (IGN), localizó 320 seísmos en el entorno de Cumbre Vieja asociados al proceso eruptivo. Se trata de una cifra que bate récords, dado que en ningún momento en estos dos meses y una semana –es decir, incluyendo el periodo preeruptivo– se había registrado tal cifra de seísmos en un solo día. 

Hay que remontarse al 14 de septiembre, tan solo 3 días antes de que el volcán entrara en erupción, para encontrar una jornada con una cantidad de movimientos sísmicos similar. En aquel momento, sin embargo, el número de eventos estuvo por debajo de las cifras que se registraron este miércoles. Con esta nueva actividad ya van cuatro días de erupción en los que se han superado los 250 seísmos registrados en una sola jornada. Después de la del pasado miércoles y la del 14 de septiembre, se encuentra la del 13 de septiembre –también se encuadra dentro del periodo preeruptivo– y, por último, la correspondiente al 24 de octubre.

La de mediados de octubre es interesante porque fue el preludio de uno de los momentos en los que el volcán ha sido más violento. Esta actividad estuvo acompañado de un periodo de alta actividad volcánica tanto en lo que se refiere a emisión de piroclastos, como gases y lavas. Entre el 24 y el 26 de octubre, el volcán, que no paraba de crecer, sufrió un colapso parcial del cono. Esta circunstancia cambió totalmente la dirección en la que discurrían las coladas de lava, que empezaron a descender ladera abajo por el sur de las lenguas lávicas anteriores. Este instante, además, coincidió con el momento de mayor emisión de gases tóxicos, especialmente el azufre, que llegó a registrar su pico máximo en 53.600 toneladas, según los datos proporcionados por el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). 

Un aporte energético

Este nuevo incremento de la sismicidad supone un cambio de tendencia en el fenómeno eruptivo que en los últimos días estaba mostrando una pérdida de energía. Frente a los terremotos que se han estado detectando en los últimos días –la mayor parte en las zonas más profundas y cercanas al manto– , en este último episodio ha destacado aquella sismicidad que se produce a tan solo 10 o 15 kilómetros bajo la superficie, en la base del edificio insular. 

«Los últimos cinco días habíamos detectado una sismicidad intermedia muy baja», rememora el sismólogo del IGN, Itahiza Domínguez. Sin embargo, al mismo tiempo, la energía que se estaba liberando a grandes profundidades (más de 20 kilómetros) estaba siendo más intensa que nunca. «Era bastante, sobre todo comparado con otros momentos de la erupción», reseña el investigador. En esos días, de hecho, se produjeron varios seísmos con una magnitud máxima de 5 que sacudió no solo la mayor parte de la isla de La Palma, sino también a la totalidad de la provincia occidental. 

Los científicos se encontraban expectantes ante esta inusual actividad, pues podía tener dos explicaciones. Por un lado, podría considerarse un preludio de la muerte del volcán y, por otro, un aviso de que podría volverse a reactivar. Como todos los indicadores apuntaban hacia lo primero debido a la falta de sismicidad en profundidades intermedias, el descenso del tremor, la bajada en la emisión de gases y la nula deformación, los científicos llegaron a pensar que el volcán podría estar perdiendo energía. 

Sin embargo, a partir del pasado martes todo cambió. «Empezamos a percibir una sismicidad importante de nuevo», reseña Domínguez, que considera que esto tiene relación con «el mayor aporte de magma profundo a esa zona». Y es que cabe recordar que en esta profundidad –entre 10 y 15 kilómetros– se encuentra un reservorio en el cual el magma se acumula «antes de salir a la superficie». Y así lo ha hecho desde el primer instante. 

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Este incremento en la energía liberada por el volcán se ha manifestado en una nueva emisión de piroclastos de mayor tamaño desde los centros de emisión superiores del cono, que ha roto con el escenario que se venía viviendo en los últimos días. Y es que, hace tan solo dos días lo único que se podía ver desde los alrededores de la zona de exclusión era una gran nube de gases, a veces acompañada de una pequeña expulsión de cenizas. También ha aumentado ligeramente la emisión de dióxido de azufre que ayer ascendió a 24.000 toneladas de media. 

Este aumento de la sismicidad también ha ido de la mano del tremor. Sin embargo, el tremor ha sufrido sus propias variaciones. De hecho, en ese crecimiento paulatino sufrió una disrupción y descendió en seco. «Creemos que tiene relación con un destaponamiento del cono, dado que coincidió con un momento en el que no emitía cenizas y, de pronto, se produjo una emisión muy importante», explica Domínguez. Y es que el tremor no solo varía a raíz de la cantidad de material que emana del volcán, también puede cambiar a raíz de las modificaciones en la geometría del cono. En otras palabras, al no tener que realizar tanta presión para emerger hacia la superficie, los materiales hacen menos ruido al emerger. «Habrá que monitorizar las consecuencias de este cambio de tendencia», indica el sismólogo, que resalta que, a partir de ahora, podría tanto aumentar la emisión de cenizas y de las coladas o bien mantenerse. «Es pronto para saberlo, pero habrá que estar atento», sentencia.