Ciberviolencia de género

Un estudio alerta que el porno normaliza la violencia sexual contra las mujeres entre los menores

  • La investigación de la firma Quantika14 denuncia que la compartición sin consentimiento de vídeos íntimos en webs de pornografía “está creciendo” como vía para atacar a sus víctimas

Un estudio alerta que el porno normaliza la violencia sexual contra las mujeres entre los menores
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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

Escribe desde Barcelona

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En los últimos años, las formas de amenazar o humillar públicamente a las mujeres han encontrado vías especialmente crueles. Una de ellas es la compartición sin consentimiento de sus imágenes sexuales en páginas webs pornográficas, un peligroso fenómeno que “está creciendo”. Así lo indica un estudio de la firma de ciberseguridad Quantika14, que analiza las tendencias en el consumo de porno en España y su impacto e influencia social.

Tras monitorizar durante 100 días la actividad en los portales pornográficos más concurridos –Pornhub, Xvideos y XXNX, en ese orden—, el informe denuncia la nueva dimensión que internet a permitido al mal llamado ‘porno venganza’, pues no se trata de pornografía ni de una represalia, sino de un delito. “Es habitual que algunas parejas decidan grabarse teniendo relaciones sexuales. El gran problema viene cuando una parte, normalmente el hombre, decide publicarlos en la red con el único fin de hacer daño”, ha explicado Jorge Coronado, director ejecutivo de Quantika14, también especializada en peritaje informático.

Aunque este tipo de violencia sexual para vejar a la mujer se ejerce a través de canales como WhatsApp, también “se nutre directamente de internet”, usando las webs pornográficas como un altavoz aún mayor contra su víctima. La investigación alerta que algunos vídeos “incluyen datos personales de ella” para exponer aún más su intimidad y que han detectado “numerosos comentarios” solicitando esa información privada. "Hemos detectado un patrón en el que los usuarios van preguntando 'quién es ella', lo que funciona como reclamo para que exponga su información", añade Coronado.

Amplifica la cultura de la violación

Más allá del auge de la ciberviolencia de género, el estudio de Quantika14 también analiza la influencia social que tiene la pornografía –cuyo consumo se ha disparado en pandemia—, siendo una amplificadora de una cultura de la violación en la que se perpetúan estereotipos patriarcales contra las mujeres. “En los portales web de pornografía se reflejan situaciones de violencia sexual, de abuso y de relación dominación-sumisión” en las que se repiten patrones como “la utilización de golpes, insultos e humillaciones”. Esa cultura misógina está encontrando nuevas vías tecnológicas, como los vídeos manipulados, para incluso perseguir a mujeres por escenas sexuales que no han existido.

Ese comportamiento agresivo, apunta el informe, “termina integrándose en el imaginario colectivo de las personas que consumen pornografía”. Ese peligro es especialmente preocupante entre los menores de edad, a quienes el porno “educa en la violencia sexual, en la dominación de las mujeres y en normalizar actitudes sexistas”. Hasta un 40% de ellos usan el porno como única fuente de información sobre el sexo y, según otro informe de 'Save the Children', un 63% de los niños y niñas de 6 a 12 años lo han consumido.

Consumo porno entre menores

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El consumo de contenido sexual es de un 81,6% entre los chicos y de un 40,4% entre las chicas, según varias encuestas citadas en el informe. Eso contribuye a que esa violencia se propague como algo normal entre los varones, que “asumen lo que ven en pantalla, que el verdadero deseo de las mujeres es que las sometan”.

La investigación de Quantika14 alerta que hasta un 9,2% de los chicos de entre 14 y 19 años reconoce mandar mensajes degradantes contra las chicas con la voluntad de atacarlas o asustarlas. Y para lograr ese fin usan sus canales habituales de comunicación, unas redes sociales donde el insulto y la vejación de la víctima se propagan al instante, haciendo más necesaria que nunca la educación sexual.