En el Poblenou

Dos sintecho se salvan de un incendio provocado en su tienda mientras dormían

La rápida actuación de un vigilante de seguridad evitó que el episodio acabara en tragedia

Un sintecho duerme junto al escaparate de una tienda de menaje, en el paseo de Gràcia, en una imagen de archivo.

Un sintecho duerme junto al escaparate de una tienda de menaje, en el paseo de Gràcia, en una imagen de archivo. / JULIO CARBÓ

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EFE

Adil Negraoui, un sintecho que duerme en la calle en el barrio barcelonés de Poblenou, ha denunciado ante los Mossos d'Esquadra que en la madrugada del domingo 24 de octubre, poco antes de las cinco de la mañana, alguien prendió fuego a la tienda de campaña en la que duerme junto a una compañera.

La rápida actuación de un vigilante de seguridad de un establecimiento cercano evitó que el episodio acabara en tragedia, según ha relatado Negraoui a Efe. "Si no está él, nosotros muertos. 100 % seguro", asevera esta persona sin hogar mientras esboza una sonrisa nerviosa sentado frente a un cortado caliente.

Fuego cerca de la almohada

La tienda prendió fuego cerca de donde la compañera de Negraoui tiene la almohada, lo que hizo que fuera ella quien lanzara el primer grito de alarma al notar las llamas.

La lona siempre está cerrada con candado durante las noches para evitar posibles robos y, en ese contexto de urgencia, con los ojos llorosos por el humo, Negraoui no lograba dar con la llave para abrirlo. Desde fuera, el citado vigilante, alarmado, desgarró la puerta de la tienda para que los dos sintecho pudieran escapar de las llamas.

Dos personas sospechosas

Según el relato de los hechos que Negraoui ha compartido con los Mossos, el guarda vio a dos personas vestidas de negro cerca de la tienda instantes antes de que comenzara el fuego, unos individuos que luego escaparon rápidamente del lugar.

Al salir de la tienda, este sintecho comenzó a correr hacia donde supuestamente huyeron los agresores, mientras su compañera y el vigilante se empeñaban en sofocar el conato de incendio.

Desde ese día, estas dos personas sin hogar duermen con la tienda rasgada por las cicatrices que dejó el fuego, unas llamas que también dañaron diversas pertenencias, como algunos pares de zapatos que estaba previsto que viajaran hasta Marruecos para calzar a familiares de Negraoui y de su compañera.

Este episodio ha provocado que el sueño de Negraoui y su pareja, quien quiere mantenerse en el anonimato, sea ahora más ligero de lo normal, pues se desvelan al escuchar cualquier ruido y las pesadillas son ya recurrentes.

Procedente de Marruecos

Negraoui vive en Barcelona desde 2017, si bien esta es ya su tercera etapa en España. Nacido en Fquih Ben Salah, en Marruecos, se agarró por primera vez a los bajos de un camión en 1999, con solo 16 años. Acabó entonces en un centro de menores tutelado del que se escapó algunas semanas después rumbo a Italia.

Prefiere no dar demasiados detalles de su periplo vital, si bien explica cómo fue deportado a Marruecos en 2007, donde se estuvo hasta 2010, año en el que volvió a entrar en España agarrado de nuevo a un camión.

En 2012 fue devuelto a Marruecos, pero en 2017 logró volver a pisar suelo peninsular otra vez escondido en el vientre de un camión (a los tres viajes realizados con éxito se suman otros dos fallidos, en los que fue interceptado por la policía, precisa).

Negraoui reside desde entonces en Barcelona, donde está empadronado, y pese a que ha dormitado en algún albergue asegura que se siente más cómodo viviendo por su cuenta.

Curso de cocina

Ha finalizado ya un curso de cocina y ahora está haciendo otro de pescadería, al tiempo que sobrevive gracias a la chatarra mientras ansía un contrato de trabajo que le permita regularizar su situación administrativa.

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Asegura que hace más de un año que ni bebe ni fuma, solo masca una suerte de tabaco marroquí que le ayuda a combatir el nerviosismo.

Antes de despedirse, en un día gris y lluvioso, explica que son el agua y el viento los peores enemigos de quienes dormitan en la calle, pues se cuelan por cualquier rendija, en su caso ahora con mayor facilidad debido a los agujeros de la tienda. El calor y el frío, añade, se soportan con resignación pero con menos dificultades.