Entrevista

Silvia Collado: "La ansiedad infantil por la crisis climática podría llegar a ser patológica"

  • Doctora en Psicología Ambiental y profesora de la universidad de Zaragoza, la investigadora está estudiando cómo afecta la ecoansiedad a los menores

Silvia Collado, profesora universitaria que investiga la ecoansiedad infantil

Silvia Collado, profesora universitaria que investiga la ecoansiedad infantil / M. G.

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

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Doctora en Psicología Ambiental, Silvia Collado (Cuenca, 1984) es profesora titular en el departamento de Psicología y Sociología de la universidad de Zaragoza. Coautora del libro 'Conciencia ecológica y bienestar en la infancia', actualmente está investigando la ecoansiedad infantil. En el estudio, cuyas primeras conclusiones estarán listas en marzo, se está realizando en colaboración con la universidad Pontificia de Comillas y la Autónoma de Madrid.

¿Cómo podemos definir la ecoansiedad en niños y niñas?

Está relativamente poco estudiado y todavía no hay una definición consensuada. En general, podemos decir que es una sensación de malestar, nerviosismo, tensión, miedo, frustración y ansiedad ante los problemas ambientales y las consecuencias negativas que puede haber en el planeta.

¿Qué franja de edad sería la más afectada?

La infancia media -7, 8 y 9 años- es donde se muestra mayor preocupación ecologista y empatía hacia la naturaleza. Sobre todo, a los animales. Esa inquietud se reduce cuando se alcanza la preadolescencia y la adolescencia. Y vuelve a despegar a los 18, 19 y 20 años.

¿Por qué sobre todo a los animales?

Bueno, en realidad, depende del tipo de animal. Depende de cómo los niños perciban su atractivo. Tienen ciertas preferencias: ardillas, delfines, koalas, linces… Quieren preservarlos más que a otros, como las arañas o los murciélagos. 

¿Puede ser la ecoansiedad infantil una patología que requiera ayuda profesional?

Tenemos que diferenciar entre la ansiedad adaptativa y la que no lo es. La primera es útil porque tener cierto nerviosismo y preocupación ante la crisis climática tiende a que lleves a cabo más acciones medioambientales. El segundo tipo de ansiedad, la que no es adaptativa, podría llegar a considerarse patológica aunque todavía no hay trabajos científicos suficientes. Son aquellos adolescentes y jóvenes con nivel de ansiedad elevados que se bloquean y, por lo tanto, protagonizan menos acciones proambientales. Dejan de actuar. Tienen sensación de falta de control. Piensan que hagan lo que haga todo da igual y que la situación se les va de las manos. Cuando se llega a niveles muy altos de ansiedad, incluido el tema ecológico, hay que tratarlo en casa, en el cole y si se necesita ayuda profesional, pues también. Por supuesto.

¿Es una buena opción ocultar información a los niños y a los jóvenes y no exponerlos a la prensa?

Los niños tienen que conocer la información, incluida la crisis climática y los desastres naturales, como está ocurriendo con el volcán de La Palma. No hay que ocultarles lo que está pasando. Cuanto más conocimiento se tiene sobre algo, más probable es que queramos actuar. Es parte de las estrategias de educación ambiental. El problema reside en dar demasiada información catastrófica. Entonces, las conclusiones son: nadie hace nada, los Gobiernos no toman medidas, reciclar en casa es inútil, no tengo el control de la situación, qué agobio. Si vemos que este es el caso de nuestro hijo, hay que ayudarle a entender la información. Es decir, podemos manejar los mensajes apocalípticos y apostar por otros más positivos. La sobreinformación no es tan importante como el tipo de información.

"No hay que ocultar a los niños lo que está pasando con el clima. Pero hay que saber manejar los mensajes apocalípticos"

¿Desde la escuela qué se puede hacer?

Para empezar, naturalizar el día a día. Hay que llevar la naturaleza a los patios, que muchas veces son de hormigón. En EEUU, incluso, se está llegando a eliminar el recreo para aumentar el estudio de las asignaturas. Hay que salir al parque más cercano para que conozcan las estaciones y la flora, hay que montar un huerto en el cole, hay que escribir por las dos caras de un folio y decirles que así se reducen los residuos. Esto les ayudará a tener mayor sensación de control y disminuir su posible ansiedad ante los problemas ambientales.

Como psicóloga e investigadora, ¿por qué le interesa tanto la ecoansiedad infantil?

Creo que podemos hacer algo para frenar o mitigar la acción humana en el planeta, que es nuestra casa y hay que cuidarla. Debemos empezar por la infancia y la adolescencia.

¿Por qué?

Porque ellos van ser los futuros votantes, los futuros compradores de un coche, los futuros consumidores y los futuros turistas. Para realizar la investigación necesitamos instrumentos con el objetivo de medir la ecoansiedad y hay que adaptar las preguntas a las edad de los niños. Estamos recogiendo datos entre adolescentes y con alumnos de 4º, 5º y 6º de primaria. No es fácil acceder a los centros escolares. Ojalá realicemos el estudio en toda España. De momento, hemos empezado en Madrid, Valencia y Cuenca.

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¿Cuándo conoceremos las conclusiones?

Tendremos los primeros resultados en marzo de 2022, pero habrá que esperar por lo menos un año para ver la investigación publicada en revistas científicas.