Una lacra social sin resolver

"Cuando salgo de fiesta siempre vuelvo a casa con miedo"

"Cuando salgo de fiesta siempre vuelvo a casa con miedo"

MANU MITRU

  • El impacto de la violación de una muchacha de 16 años al salir de una discoteca en Igualada (Anoia) sacude de nuevo las emociones de miles de mujeres

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Samar Elansari /Kelsey Álvarez

"Cuando salgo de fiesta siempre vuelvo a casa con miedo", dice Laura A. “Intentamos no cambiar nuestra forma de vivir, pero lo acabamos haciendo para seguir viviendo”, resume la también veinteañera Carla Dávalos. Cuarenta y ocho horas después del asalto salvaje de Igualada, otra mujer fue violada en el centro de Lleida, casi a la mismo hora en que cientos de personas se manifestaban en varias localidades catalanas. Un ramillete de chicas jóvenes explican a EL PERIÓDICO cómo viven el día a día bajo el acoso machista, la angustia generada en las familias y los simples trucos empleados para protegerse de los desalmados. El miedo no les frena para seguir saliendo el fin de semana. Para seguir viviendo.

La realidad cotidiana de las mujeres es muy distinta a la de los hombres. Ellas no se sienten seguras si van solas por las calles. De día y de noche. Todas lamentan la angustia y el miedo que les acompaña. Da igual la edad, el momento, la vestimenta o el lugar. Se sienten vulnerables. Sufren las mujeres y también sus familias, padres y madres especialmente.

Objetos de miradas y comentarios

A pesar del impacto, ellas lo tienen claro: no van a dejar de vivir. Muchas hablan de la intimidación que sienten cuando van por la calle. Se sienten objeto de miradas, de comentarios y optan por tomar caminos alternativos para sentirse un poco más seguras. Es el caso de la barcelonesa Raquel N., que explica cómo se siente más segura ante un asedio machista: "Cuando te hablan intentas no mirarles, hacerte la loca, mirar hacia abajo, hablar por teléfono y guardar el manojo de llaves en la mano para usarlas como posible arma. Tengo muchas amigas que las usan entre los dedos". Raquel afirma sentirse más segura cuando camina acompañada por un hombre. "Si voy con mi novio o con mi hermano pequeño me respetan muchísimo más". Saskia V., también vecina de Barcelona, destaca la vestimenta como un punto clave en la intimidación tanto durante el día como de noche. "Me da la sensación que no puedo ir arreglada o bien vestida, que tengo que ir tapada para sentirme un poco más segura."

Ellas cuentan que la situación empeora cuando salen de fiesta, que es cuando se sienten más vulnerables. Es la excusa perfecta para que les pase algo: alcohol y calles oscuras y semivacías. "Cuando salgo de fiesta siempre paso miedo al volver a casa. Ninguna de mis amigas tiene coche con lo cual tenemos que volver siempre en transporte público o en taxi. Lo que más miedo nos da es cuándo la última de nosotras se queda sola con el taxista. Siempre le pedimos que active la ubicación del teléfono móvil en directo para poder asegurarnos que está bien y que la lleva a casa. Además entre nosotras siempre enviamos un mensaje al grupo de Whatsapp cuando llegamos", añade Laura A.. Además las precauciones no se toman únicamente en la vuelta a casa, si no que toda la noche se convierte en un constante escenario de alerta. Desde vigilar en el bar o la discoteca con quién está tu amiga hasta tener que "controlar, durante toda la noche, el vaso donde bebes por miedo a que te puedan poner algo". Saskia V. comenta que la odisea comienza desde el momento en que sale de casa. "Voy cagada hasta el punto de encuentro con mis amigas y luego seguimos preocupadas hasta que abrimos la puerta de casa al volver".

Patrones de defensa

Los testimonios comparten patrones de defensa que se repiten en distintas voces. “Lo que acostumbramos a hacer es cuidarnos mucho entre nosotras, asegurarnos de que si una va muy mal no se vaya sola a casa, avisar al llegar a casa, enviar ubicación en directo, o evitar coger un taxi o transporte público solas. Aunque nunca me haya pasado nada, no puedo estar segura de que nunca me vaya a ocurrir”, explica Mireia L. (22 años) que, como muchas sufren el miedo que provoca ir sola en cualquier sitio público.

Algunas han llegado a comprarse un espray de gas pimienta para defenderse si fuera necesario. Es el caso de Cristina M.. "A raíz de la agresión a una amiga mía me compré un bote. No me siento más segura por ir con él por la calle, sigo teniendo miedo igual, pero sí que es verdad que ahora puedo defenderme en caso de que intenten hacerme algo". Anna G. destaca los hábitos adquiridos de regreso a casa: "Llevo unos cascos puestos, pero con la música apagada por si viene alguien detrás, busco las zonas más iluminadas, evito ciertas calles aunque tarde más tiempo o le pido a algún familiar o amigo que me acompañe. El problema no es nuestro, el problema es del sistema. No puede ser que estás cosas sigan pasando, no podemos seguir sintiéndonos vulnerables".

Sin embargo, muchas ya han tenido que lidiar con alguna agresión machista en plena calle. “Un día volvía en un coche con una amiga y me dejó a una calle de mi casa porque así ella no tenía que dar la vuelta. Llegando a casa me di cuenta que había un chico que nos había seguido en su coche, se bajó del vehículo para agarrarme, en ese momento empecé a gritar y por suerte mi padre me escuchó y bajó corriendo a ayudarme. Si no hubiese estado él no sé qué me podría haber pasado. Ya ni si quiera me siento segura yendo en un coche. Desde ese día ya no vuelvo sola a casa”, comenta Esther P. (21 años), o como el caso de Lucía R. que explica como un hombre la agarró del brazo por la calle y no la soltaba. “Me preguntó por mi nombre y dónde vivía. Al momento, por suerte, vi que pasaba un señor, así que me giré y fui a hablarle como si fuera un conocido, gracias a eso el que me tenía cogida me soltó y se fue”, recuerda.

Asalto en el autobús nocturno

En el caso de Aloe M., el transporte público fue su cárcel. "Volvía de fiesta en el Nit Bus y un hombre intentó agredirme sexualmente. Me defendí como pude pero nadie me ayudó, ni siquiera el conductor. En esos momentos es cuando te cuestionas qué es un espacio seguro ya que aparentemente dentro de un autobús no tendría por qué pasarme nada".

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Las únicas que sufren en estos casos no son solo las mujeres, las potenciales víctimas, si no también los padres y las parejas. María Ángeles Fernández, que tiene dos hijas, explica cómo vive esta situación: "Voy a buscar a mis hijas al metro, a los entrenamientos o a casa de sus amigos si hace falta. Me da miedo por ellas, no por mí. Pasas terror cuando no te cogen una llamada, no te contestan un mensaje y ves que ya es de noche y que no han vuelto". Aitor M. habla de las sensaciones que tiene cuando su pareja sale de noche.

"Cuando mi pareja sale de fiesta no lo paso mal, pero es cierto que sí que tienes esa pequeña sensación de '¿y si le pasa algo?'. La sociedad en la que vivimos es una mierda. El valor o el respeto de una mujer a ciertos hombres no les vale, solo les vale la intención de poder tener relaciones sexuales con ellas. En la medida de lo posible si puedo ir a buscar a mi pareja lo hago, si no, estamos en contacto ya sea por teléfono o por mensajes". Zuge R., madre de una hija, asegura que se queda despierto "hasta que mi hija llega a casa. Cuando escucho las llaves, respiro tranquilo".