Efectos de la erupción

Los murciélagos huyen de la lluvia de cenizas del volcán de La Palma

  • Estos mamíferos han optado por trasladarse a otros puntos de la isla ante la imposibilidad de convivir con las recurrentes lluvias de cenizas del volcán

Los murciélagos huyen de la lluvia de cenizas del volcán de La Palma
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Verónica Pavés

El pinar de La Palma era, hace apenas un mes y medio, un lugar preñado de vida. Entre la fauna que albergaba en su seno se encontraban varias especies de murciélagos, que hoy, sin embargo, han tenido que emigrar debido a la destrucción a la que el volcán ha sumido su hábitat. Las cinco especies de murciélagos que habitan en la isla –y especialmente las tres que lo hacen en los pinares– han tenido que volar hacia un lugar más tranquilo de la isla, en el que evitar las continuas lluvias de cenizas y en el que los alimentos disponibles sean mucho mayores.

En la primera semana tras la erupción, la vida nocturna seguía aferrada a su hogar, sin embargo, tras un mes con un volcán expulsando piroclastos, solo se ha podido identificar un ejemplar de murciélago en ese lúgubre pinar cubierto de ceniza. En el ecosistema más afectado de la isla por la erupción solo queda un murciélago de Madeira (Pipistrellus maderensis), una especie «ubiquista» que ha demostrado ser «muy resiliente». Así lo ha evidenciado durante esta crisis volcánica, pues aquellos ejemplares que no se han podido quedar en el pinar, se han desplazado hacia lugares más verdes y tranquilos, como las plataneras. A tan solo un kilómetro del volcán, entre los cultivos que aún resisten en pie, se encuentra una de las colonias de murciélagos de Madeira más prolijas de esta parte de la isla.

«Es una especie muy abundante en la isla», resalta Manuel Nogales, director del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC). Lo más atractivo de este ecosistema es que pueden obtener suficiente alimento para sobrevivir. «En los estanques encuentran mosquitos y larvas para comer», reseña el investigador.

Un grupo de científicos del IPNA-CSIC y del área de medioambiente del Gobierno de Canarias ha acudido a escrutar el ecosistema a un kilómetro a la redonda desde el cono principal –y a unos 500 metros de las coladas– para conocer el estado de estos animales tras la erupción. Han acudido con un aparto de ultrasonidos, que traduce las palabras de los murciélagos para hacerlas entendibles al oído humano. El objetivo de esta campaña, que se realizó durante dos días y dos noches la pasada semana, es conocer en qué situación se encuentra la fauna de la isla en el volcán. La idea es repetir la experiencia dentro de tres semanas.

En la zona de pinar también debería estar el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), que sin embargo, «no hemos encontrado». «Esta especie, transmite a una frecuencia audible» por lo que no es difícil de reconocer sin necesidad de aparataje externo, como explica Nogales. En un ambiente como el pinar, de hecho, lo normal hubiera sido encontrarlo «en todos los rincones». Y sin embargo, se encuentra desaparecido. Para los investigadores «lo más probable es que se haya trasladado a zonas en las que se sienta más cómodo».

Y es que los murciélagos lo tienen muy difícil para sobrevivir entre continuas lluvias de ceniza y la falta de alimento. «En estos cambios de hábitat la precipitación de piroclastos ha sido clave», remarca Nogales, quien recuerda que las cenizas pueden caer desde varios metros de altura y ser de un tamaño relativamente grande para un animal como el murciélago. La zona más frágil de estos mamíferos son sus alas. Con estas membranas que recubren sus extremidades, llamadas patagios, los murciélagos consiguen volar, pero unas condiciones atmosféricas difíciles ponen de manifiesto sus debilidades. «Es posible que estén intentando evitar aquellos lugares en los que caigan cenizas», dado que, como explica Nogales, esta situación les obliga a volar como si estuvieran en «medio de una tormenta de arena».

En el pinar tampoco queda rastro de murciélagos del bosque (Barbastella barbastellus), ni orejudos (Plecotus teneriffae). «También carecen de alimentos», reseña Nogales, pues estos especímenes suelen comer especialmente mariposas «y estamos viendo poquísimas». Otros viven ajenos a la destrucción. Es el caso de los nóctulos pequeños (Nyctalus leisleri) que nunca han estado por esa zona y siguen viviendo tranquilos alejados del volcán en sus preciados bosques de la laurisilva, en el norte de la isla. Allí se han encontrado varios ejemplares conviviendo sin importarles lo que esté ocurriendo a tan solo cinco kilómetros de distancia.

Los científicos creen que, los que se han marchado estarán buscando un hábitat similar al suyo pero en otros lugares de la isla, pues esto mismo está ocurriendo también con otros animales. Los reductos ajardinados por los que aún no ha discurrido la lava, o por los que, de momento, no pretende hacerlo, se han transformado en pequeñas reservas ecológicas. «En esos lugares, pese a ser más urbanizados, estamos encontrando insectos, lagartos y algunas aves», asegura el investigador. El ejemplo de que los animales se están acostumbrando antes que los humanos a su nuevo hábitat es que muchos de ellos ya se aventuran a pisar las lavas semifrías como si siempre hubieran formado parte de su territorio. En el transcurso de las semanas, se han visto lagartos calentándose en las partes más estáticas de las coladas y gatos aventurándose a cruzar las lavas en busca de alimento.

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En los últimos días se ha visto por primera vez un cernícalo posado tímidamente en una de las coladas que hasta hace dos semanas amenazaba con sepultar el barrio de La Laguna. «Nos ha sorprendido bastante», admite Nogales haciendo alusión a la rapidez con la que los animales están volviendo a pisar el medio. Ante la inusitada capacidad de retorno y colonización que están demostrando las especies, el biólogo cree que la repoblación del ecosistema ahora sepultado por la lava y las cenizas podría ser rápido. «Este volcán está causando efectos en la biodiversidad que jamás se habían estudiado en profundidad», remarca Nogales. Esta experiencia podrá proporcionar más información sobre cómo funcionan los ecosistemas.

Además de este proyecto, el grupo de investigación también está tratando de dilucidar lo que está ocurriendo con otras especies animales y vegetales. En las últimas semanas han hallado huellas de distintos animales que demuestra que muchas especies se están aferrando al volcán pese a la destrucción del volcán. «Obedece a un tema de territorialidad, esta zona era su territorio y no se quieren ir, es lo que se denomina como filopatría», remarca el científico, que explica que estos lugares son los más conocidos por ellos.