Debate por la contención del magma

¿Cañonazos contra volcanes?

Para aplacar al volcán Mauna Loa en 1935, las fuerzas armadas bombardearon la colada de lava

Los científicos ven inviable esta posibilidad en La Palma

 

Colada de lava por el cono secundario del volcán de La Palma-.

Colada de lava por el cono secundario del volcán de La Palma-. / EFE / MIGUEL CALERO

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Verónica Pavés

En 1935 se intentó aplacar la ira del volcán Mauna Loa, en Hawái, arrojando sobre sus coladas de lava unos misiles militares. Los resultados de este experimento han sido muy discutidos y poco fiables, sin embargo, bajo la desolación de un volcán, cualquier ayuda es poca. El último en sacar a la palestra esta idea ha sido presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo, quien, en una tertulia en Radio Faycán, se hizo eco de una posible opción para encauzar la lava del volcán: disparar bombas hacia el cono para abrir nuevas bocas. Aunque él mismo no tardó en advertir que esa posibilidad –propuesta por uno de los oyentes del programa– podría ser concebida como una «torpeza o disparate», existen experiencias previas en las que se ha intentado aplacar la ira del volcán a base de bombas. Eso sí, siempre con resultados muy poco fiables y con una eficacia que, a menudo, depende de que el propio volcán deje de emitir lava.

Aunque Curbelo ha reiterado en distintas ocasiones que sus palabras habían sido sacadas de contexto, la veda ya estaba abierta y muchos se preguntan desde entonces si de verdad es posible, tal y como el presidente mencionó como una opción más, apagar un volcán a cañonazos. En La Palma, de momento, esta idea es inviable. 

También se ha intentado encauzar las coladas con barreras artificiales, o agua helada


La idea de abrir fuego para aplacar la devastación del volcán Mauna Loa surgió en 1935. En esta erupción, las lenguas del volcán se dirigían al manantial del río que abastecía la ciudad de Hilo, amenazando con dejar sin suministro a 20.000 personas. Fue entonces cuando el vulcanólogo Thomas Jagger, fundador del Observatorio Volcánico de Hawai, decidió pedir ayuda de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos porque creía que ellos tenían la mejor arma para combatir los rugidos del volcán: sus bombas. La unidad militar llevó a cabo una operación que consistía en abrir fuego contra las coladas cerca del lugar del que procedía la lava. La teoría se basaba en destruir los tubos volcánicos –por los que la lava puede fluir más rápido dado a su potencial para aislarla del choque térmico ambiental– para conseguir que el fluido se desplazara a menor velocidad. En la práctica, aunque las bombas crearon cráteres en partes de los tubos, pronto se llenaron de lava de nuevo. Tres días después del bombardeo, el respiradero de lava colapsó por procesos naturales y el flujo se estancó. 

La operación fue considerada un éxito porque la lava nunca llegó al lugar. Sin embargo, un informe científico publicado unas décadas después, en 1980, concluyó que no habían sido las bombas sino el propio volcán el que, al cesar en su actividad, dejó de alimentar a aquella colada. Por lo tanto, el pueblo de Hilo sólo se salvó porque el volcán aplacó su erupción. Itahiza Domínguez, sismólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), admite que en algunas ocasiones este tipo de medida ha podido algún efecto, pero como ocurrió en Hawái, su éxito «siempre depende de la duración de la erupción». 

Replicar esta misma experiencia en La Palma «es imposible». «Dinamitar un tubo volcánico para que se abra y enfríe la lava en una erupción de este calibre dudo que funcione», resalta Domínguez, que advierte que también «puedes equivocarte» y, al disparar a la colada, esta se puede «desparramar en otra dirección». 

No es un fluido al uso

Esto ocurre porque la lava no es un líquido al uso, como el agua, sino un fluido plástico con características muy complejas. «Es similar a la miel», explica el vulcanólogo del IGN, Stavros Meletlidis. Al contrario que el agua, que se mueve por el terreno empujada por la fuerza de la gravedad, la lava y la miel necesitan un continuo aporte externo para moverse. De ahí que su circulación a menudo sea errática y esté muy relacionada con el volumen de magma que el volcán finalmente expulsa al exterior. «Un dato que no tenemos», insiste Meletlidis. Por tanto, realizar un bombardeo de las coladas en estos momentos, no tendría sentido porque volverían a rellenarse durante tanto tiempo como siga el volcán en activo. 

La posibilidad de utilizar estos artefactos para abrir otra boca que, por su posición, convenga más en lo que se refiere al discurrir de las coladas, como ha propuesto el presidente insular de La Gomera, tampoco es viable. «Es complicado porque lo que estamos viendo es el canal por donde se emite la lava, pero no conocemos ni su profundidad ni realmente cómo es el conducto por el que está saliendo», resalta, por su parte, Eduardo Suárez, sismólogo del IGN. Hacerlo tampoco garantiza el lugar hacia el que discurriría la lava, porque seguirá dependiendo del aporte magmático. Por eso, bombardear el cono tampoco sería una solución efectiva.Otras posibilidades

Y si no fuera con bombas, ¿se podrían reconducir las coladas de lava de La Palma para que hicieran menos daño a la población? Los científicos consideran que es una tarea del todo imposible en la Isla Bonita. Además de la dinámica física de la lava, existen otras circunstancias que dificultan la posibilidad de encauzar este material incandescente. No es por falta de experiencia, pues este tipo de ideas se han puesto en marcha en otros lugares del mundo, como la costa este de Sicilia, con el Etna, donde se trató de detener las lenguas de lava con «palas mecánicas» o Islandia, donde han llegado a recurrir al uso de dinamita para redirigir la lava del volcán Fagradalsfjall. A menudo, la naturaleza acaba imponiéndose al ser humano. En este último caso, por ejemplo, se consiguió ralentizar la expansión de la lava, pero nunca se llegó a parar. En el caso de La Palma, hablamos de que se trata de «una isla pequeña», donde las distancias «son relativamente cortas», lo que dificulta la posibilidad de construir una infraestructura que cambie la dirección del fluido.

Arrojar bombas para abrir otra boca no garantiza el lugar por el que va a discurrir la colada de lava


A esto se une la necesidad de que estas construcciones faraónicas se lleven a cabo mucho antes de que el volcán entre en erupción, algo imposible en Canarias. Las erupciones más habituales del Archipiélago son monogenéticas. Esto quiere decir que nacen en un lugar nuevo y, una vez mueren, no vuelven a escupir lava por el cono que han formado. El volcán que lleva 39 días expulsando lava en La Palma no existía hasta el pasado 19 de septiembre y, por ello, era inviable realizar un estudio previo del terreno para diseñar y construir una barrera artificial que evitara la devastación. De hecho, la génesis volcánica de Canarias resulta ser el escollo principal para no poder encauzar las coladas de lava, dado que las acciones destinadas a cambiar el transcurso natural de la lava se deben realizar muy cerca del cono, «en su canal de alimentación». «Tienes que atacar donde la dimensión es menor para que fluya donde quieres», concluye Meletlidis. 

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El último obstáculo deriva de una cuestión ética y legal. «¿Quién decide que la lava debe discurrir por una casa en lugar de otra?». La respuesta a la pregunta que lanza Meletlidis no tiene una respuesta sencilla. Cualquier decisión que se tome debe ser justificada y, además, se corre el riesgo de que se pudieran exigir responsabilidades a quien la tomara y puede provocar verdaderas rebeliones. El ejemplo está en la primera vez que se evaluó en Canarias la posibilidad de modificar la trayectoria de una colada de lava. Fue durante la erupción del volcán Chinyero en 1909 (Tenerife), cuando un terrateniente del municipio de Santiago del Teide solicitó que se hicieran los trabajos necesarios para evitar que aquellas lavas arribaran a sus dominios. La oposición de sus trabajadores a favorecer únicamente a este terrateniente fue tan grande que provocó que nunca se llegara a hacer. Por todo ello hoy La Palma debe hacer frente a la devastación sin poder evitarla. 

Los bombardeos más famosos

Uno de los bombardeos a volcanes más famosos conocidos es el que se realizó a Mauna Loa, en Hawái en 1935. Lo que se buscaba era dinamitar los tubos volcánicos que se habían generado en las coladas para que la lava se enfriara más rápido. Tres días después de lanzar los misiles el volcán se paró. A finales de febrero de 2020, se descubrieron dos bombas en el flanco norte de Mauna Loa. La idea del bombardeo se utilizó más adelante en las erupciones del Etna, en Sicilia, en 1983 y a comienzos de los años noventa. Sin embargo, en este caso, los explosivos no se lanzaron desde aviones militares, fueron colocados desde tierra de forma precisa para modificar la morfología del terreno y desviar la lava, después de una atenta planificación.| V.P