Arquitectura solidaria

Las tres mejores huellas de Barcelona en África

Tras construir en Senegal una escuela literalmente admirable, Foundawtion tiene a punto centro de formación profesional y esboza un conmovedor plan en Namibia

La escuela de Thionck-Essyl, con sus elegantes y estilizadas ’voltes catalanes’ a la senegalesa.

La escuela de Thionck-Essyl, con sus elegantes y estilizadas ’voltes catalanes’ a la senegalesa. / Foundawtion

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Namibia fue el primer país de África que conoció los rayos x. Fueron los alemanes quienes llevaron la primera máquina de radiografías a ese continente. No era, sin embargo, para diagnosticar fracturas y otros males. La instalaron alrededor de 1910 en Kolmanskop, la ciudad que se improvisó alrededor de una fructífera mina de diamantes. Se empleaba para comprobar que los mineros no engullían diamantes en bruto para comerciar con ellos en el mercado negro. Esto sería lo que, en términos culinarios, podría considerarse una reducción de la historia de Namibia. Punto. Es aún un país aún orillado, pero en el que pronto dejará su huella una de las más conmovedoras y a la par menos conocidas organizaciones sin ánimo de lucro de Barcelona, Foundawtion. Gracias a sus donante y, sobre todo, al virtuosismo de su equipo arquitectónico, ya nació recientemente en Senegal una escuela que enseña y, lo que es más meritorio, se enseña, porque es digna de ser visitada. El aterrizaje de Foundawtion en Namibia solo puede ser pues fuente de buenas noticias.

Primero, toca recapitular. Se contó hace ahora un par de años en estas mismas páginas lo que Foundawtion estaba alumbrando en Thionck-Essyl, un pueblo de la región más descolgada de Senegal, esa región que queda encajonada entre Gambia y Guinea-Bisau. Era una escuela de secundaria de nueva planta, concebida para taponar esa sangría de adolescentes que, una vez terminada la primaria y ante el vacío educativo de la zona, terminaban tal vez por emigrar. El objetivo por si solo ya era encomiable, pero lo más inesperado fue el cómo. Lo que Foundawtion concibió fue un conjunto de aulas de formas gaudinianas, estilizadas y preciosas, nada que ver con la insoportable arquitectura de chapa y hormigón a la que suelen recurrir los proyectos internacionales de cooperación en África. El diseño no era un simple placer visual. Las aulas son un perfecto ejemplo de refrigeración natural. La escuela Kamanar, pues así se llama, ya es hoy una realidad.

Alumnos de secundaria en ell aula de informática de la escuela Kamanar.

/ Foundawtion

Miren la fotografía del aula de informática. Lo resume todo. Es una fusión formidable de una versión de gran altura de la volta catalana con la arquitectura tradicional senegalesa. No tiene sentido que África tenga que importar materiales para levantar edificios. Esa es otra de las cualidades de esa escuela. Los ladrillos con los que se han construidos los muros son de la misma tierra del lugar. El ‘trencadís’ del suelo, restos seleccionados de cerámicas rotas. En realidad, y este dato es importante para lo que se contará después, lo único exógeno en aquel lugar es el 7% de hormigón con el que se cocieron los ladrillos para garantizar su solidez.

Lo que el arquitecto barcelonés David Garcia y el diseñador Lluís Morón tienen ahora entre manos son dos planes, uno en Namibia, que luego se contará, y otro de nuevo en Senegal, que va está más avanzado y en el que ese 7% antes citado, esa mancha en el expediente,  puede que termine por desaparecer.

El edificio proyectado, esta vez en el centro de Thionck-Essyl, en un solar cercano al ayuntamiento, será una escuela de formación profesional. Ya tiene nombre, Bajankusoor (traducido, algo así como el lugar bajo un árbol en que los más sabios del poblado se reúnen para debatir) y está previsto que a finales de año cubra aguas la primera de las nueve cúpulas de 11 metros de altura que se rodearán un ágora central. La recreación que el estudio de arquitectura DAW ha hecho sobre cómo será el lugar es realmente muy sugerente. Pero, lo avisado antes, el ‘rien ne va plus’ es la posible eliminación de ese 7% de hormigón, no porque sea un material detestable (la primera obra confeccionada con este producto en Barcelona fue el mamut del parque de la Ciutadella, sea esto dicho de paso), sino porque aplicar a la arquitectura el concepto de la compra de proximidad es casi una obligación en un proyecto como éste.

Maqueta de la escuela de formación profesional que Foundawtion impulsa en el centro de Thionck-Essyl.

/ Estudio DAW

Explica Garcia que creen haber dado con una inesperada solución para prescindir del hormigón como aglutinante.  Tras meses de ensayo, los resultados apuntan a que es posible sustituir ese material por el carbonato cálcico obtenido a partir de pulverizar las conchas que se acumulan en las playas de Senegal. Sea con o sin hormigón, la cuenta atrás para ver el resultado final de lo que algún día será el centro de profesional Bajankusoor se hará larga, vista la expectativa creada.

El caso es que Foundawtion, una organización nacida en 2014 sin hacer apenas ruido, se ha ido labrando un nombre en círculos tal vez pequeños, pero muy comprometidos, como el grupo Shoot4change. El eco de los sucedido en Thionck-Essyl era inevitable, así que los responsables fueron invitados a conocer el sobrecogedor caso de Namibia, una país formalmente independizado en 1990, pero un país, lo dicho, en el que el primer equipo de rayos ex no significó ningún avance médico.

Lo cuenta Luis Morón, patrono de Foundawtion, quien para conocer la cuestión viajó hasta Gochas, un aldea en mitad del desierto namibio, un poblado donde apenas caen 120 milímetros de lluvia al año, pero lo más árido no es eso, sino la grieta social que de forma persistente castiga esa zona. La independencia del país se consumó de la peor de las maneras. Los blancos conservaron la propiedad de las tierras más fértiles del país. Los negros fueron condenados a vivir con las más improductivas o, lo que es peor, a trabajar en las tierras de los blancos, lo cual les obliga a dejar sus hogares atrás y, en ellos, a sus hijos. Esa suerte de abandono infantil estructuralmente inevitable es una tragedia que sobre el terreno combate gente como Theo Paulina Goliath, una suerte de oenegé andante, directora de la escuela local, responsable de lanzar ese guante que ha recogido Foundawtio, construir un hogar con capacidad para 50 niños, un lugar que les sirva de refugio para evitar el maltrato al que en caso contrario suelen estar abonados.

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Namibia, es cierto, queda muy lejos de España. Más que Senegal, por supuesto, pero lo que allí sucede ya fue mostrado el año pasado en un documental, ‘The lost kids of Kalahari’, una producción a seis manos, entre España, Italia y Namibia,  que puede tener como fruto el proyecto arquitectónico en el que trabajan ahora los arquitectos de Foundawtion.