Medio ambiente

El bambú se erige en alternativa ecológica al plástico y el hormigón

  • “Protege la biodiversidad y frena el cambio climático", asegura Borja de la Peña, responsable de las políticas globales de la Organización Internacional de Bambú y Ratán

  • En China ha contribuido también a erradicar la pobreza porque su industria da 10 millones de empleos directos

Plantación de bambú en Aquitania, Francia

Plantación de bambú en Aquitania, Francia / 123RF

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Andamios en Rangún y Hong Kong, pajitas en las coctelerías elitistas de Pekín, viviendas en Latinoamérica y el sudeste asiático, ropa, carbón vegetal, gastronomía china…  El bambú es tan ubicuo como infrautilizado, una paradoja que habla de su casi infinita versatilidad. Bastaría para cubrir el grueso de nuestras necesidades, de las cotidianas a las industriales, con un respeto escrupuloso del medio ambiente: la cuadratura del círculo, el santo grial… una bendición a mano. 

Sus ventajas medioambientales no son pocas ni irrelevantes. El bambú es una hierba  que, a diferencia de los árboles, crece si se corta. Y crece muy rápido, hasta los 91 centímetros diarios, para rozar los 40 metros de alto en algunas especies. Un árbol necesita de 30 años cuando el bambú madura a los tres y, además, genera un 35% más de oxígeno que aquel. De su fomento se ocupa la Organización Internacional de Bambú y Ratán (OIBR), con sede en Pekín e integrada por 48 países, con Canadá como único socio del primer mundo. También su nacimiento es paradójico: fundada en 1997 por Jiang Zemin, el presidente más ultraliberal que se ha despachado en China, artífice del crecimiento a cualquier precio y de la calamidad medioambiental que sus sucesores se afanan en revertir.  

El bambú madura a los tres años y, además, genera un 35% más de oxígeno que un árbol

“El bambú protege la biodiversidad, frena el cambio climático, ayuda a la reforestación de las tierras degradadas, permite una construcción más sostenible… No es la bala de plata que solucionará todos nuestros problemas pero sí puede mitigar algunos”, opina Borja de la Peña, responsable de las políticas globales de la OIBR. De la Peña, nacido en Esplugues de Llobregat, atiende esta semana la Conferencia de Biodiversidad en Kunming, capital de Yunan, donde se diseñan los planes para proteger el entorno durante la próxima década. “Nuestra estrategia en Europa se centra en la sustitución de los plásticos de un solo uso en vasos, platos, pajitas, cubertería… que están prohibidos desde julio de este año por una directiva de la UE. La industria del plástico se intenta reinventar con materiales reutilizables pero ninguno es más sostenible que el bambú”, añade. 

Idóneo para la construcción

Dos millones de toneladas de bambú traído desde China conforman el techo de la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas y con esa hierba diseñó Benedetta Tagliabue el cesto que acogió el pabellón español en la Expo de Shanghai de 2008. Es idóneo para la construcción por flexible, ligero y robusto. Tras un seísmo en Ecuador solo resistieron las viviendas levantadas con bambú y Filipinas levanta casas a bajo precio en las barriadas más congestionadas de sus urbes. Pero su uso en el mundo en desarrollo está penalizado por un estigma que lo asocia a la pobreza (“la madera de los pobres”, se dice) mientras en el desarrollado lo frenan unos estándares internacionales de construcción que lo ignoran. El segundo problema, revela De la Peña, está en vías de solucionarse. 

Tras un seísmo en Ecuador solo resistieron las viviendas levantadas con bambú, que es más flexible y ligero

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Otra ventaja de confiarle la construcción sostenible al bambú es que su abundancia. Existen más de 1.600 especies catalogadas y, descontada Europa, todo el mundo cuenta con las suyas. Ninguna zona lo disfruta más que Asia y, más en concreto, China. El bambú es el alimento básico del panda, ha sido capital en la historia milenaria del país y hoy concentra el 80 % de los 70 mil millones de euros que genera el comercio global. “Es el mayor productor, el que más especies autóctonas tiene, el que más terreno ha reforestado con él en los últimos 30 años, el que cuenta con la maquinaria más innovadora. Hay clusters en Anji (provincia de Zhejiang) o Meishan (Sichuan) donde se juntan los que lo plantan, lo cortan, lo procesan, lo convierten en palillos…”, revela De la Peña.  

En China ha contribuido también a erradicar la pobreza porque su industria da 10 millones de empleos directos y muchos más indirectos. El fomento del bambú en Asia, Latinoamérica o África también eludiría ese eterno debate entre desarrollo económico y medioambiente. Nadie da más que el bambú.

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