Reportaje

Guerra civil entre los antivacunas: el bulo del grafeno enfrenta a los negacionistas

Los dos líderes conspiracionistas se acusan mutuamente de trabajar para el sistema

Cartel antivacunas en la salida de Madrid por la A-6, a la altura de Torrelodones.

Cartel antivacunas en la salida de Madrid por la A-6, a la altura de Torrelodones. / EPE

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David López Frías
David López Frías

Periodista

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El cartel de la discordia está en la salida 27 de la autopista A-6. A unos 100 metros del Casino de Torrelodones (a unos 30 kilómetros de Madrid). Allí se alza una gran valla publicitaria en la que aparece la foto de dos personas, una dirección web y una advertencia: “Las vacunas contienen óxido de grafeno”.

El óxido de grafeno es el material que ha provocado una guerra civil entre los negacionistas españoles de la covid-19. Porque sus dos principales gurús, antes aliados, mantienen un encarnizado enfrentamiento. Se acusan mutuamente de ser “agentes trabajando para el sistema”. El óxido de grafeno es el detonante de esta batalla entre conspiranoicos.

En una trinchera, ‘La quinta columna’. O lo que es lo mismo, Ricardo Delgado. Es un diplomado en Estadística y monitor de fitness sevillano, aunque su currículum está trufado de estudios de dudosa autenticidad. Es el creador de la página negacionista con más seguidores de España. Solo en Telegram está a punto de llegar a los 175.000 suscriptores. Suya es una de las dos caras que aparecen en el anuncio de Torrelodones. Cada noche conduce ‘La quinta columna’, un programa en Twitch en el que da casi cuatro horas de carnaza conspiranoica a su fiel audiencia. Cada noche suele superar los 6.000 espectadores en directo. En diferido es normal que cada programa alcance las 40.000 visitas.

En la trinchera opuesta, ‘Revelión en la granja’. Es decir, Fernando Vizcaíno. Un monitor de yoga valenciano negacionista que fue el primero en convocar manifestaciones contra las mascarillas en España. Fue la cara visible del movimiento desde mayo de 2020, cuando empezó a salir a la calle con un altavoz para liderar todas las concentraciones.

Guerra civil entre los antivacunas: el bulo del grafeno enfrenta a los negacionistas. / VIDEO: EPE

La relación entre Delgado y Vizcaíno comenzó con idilio. Se conocieron durante el confinamiento y enseguida unieron fuerzas, organizaron manifestaciones, acampadas y vídeos virales. Siempre codo con codo. Hasta que el óxido de grafeno llegó a sus vidas y rompió la química. Ahora son enemigos irreconciliables.

“Creí que Ricardo Delgado era mi amigo, pero me utilizó. Yo era el líder carismático y él se mantenía en un segundo plano. Fue ganando seguidores a base de contar mentiras. Le ha tomado el pelo a todo el mundo. Ese tío ha destrozado a la disidencia desde dentro él solito, desacreditándola con sus absurdas teorías conspiranoicas y enfrentándola entre sí”. Lo sentencia su némesis, Fernando Vizcaíno, por teléfono. Resulta curioso oír a un antivacunas acusar a otro de fomentar “teorías conspiranoicas”. Ricardo Delgado, el blanco de sus críticas, no ha querido hablar con nosotros. Nos atendió una vez, tras muchos intentos, comprometiéndose a atendernos. Tras concretar una entrevista, ni respondió ese día, ni volvió a contestar a nuestros mensajes.

Monetizando el miedo

Son las 22:30. Empieza en Twitch, como cada día, ‘La quinta columna’. Un programa casi infinito. Porque lo de cada día es literal: se emite los 365 días del año, llueva o truene. Y raramente baja de las 3 horas de duración. ‘La quinta columna’ es ‘El Chiringuito’ de los negacionistas, que chatean a tiempo real con los protagonistas. Un auténtico tour de force para el presentador, una especie de telepredicador cibernético que además saca tiempo en su vida diaria para colgar otros vídeos apocalípticos en sus redes sociales.

Se llama Ricardo Delgado Martín, es un sevillano que trabajaba un gimnasio y opositó sin éxito a la policía municipal hispalense. Ahora se dedica en exclusiva a su programa que, como cada noche, empieza con una sintonía a la que él llama “nuestro himno de alta vibración”. Si el himno no se escucha bien (problemas del directo), vuelve a ponerlo: “Es más importante de lo que os creéis, empezar con las vibraciones”.

Ricardo Delgado conduce cada noche el espacio negacionista 'La quinta columna'.

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Lo que viene después es una sopa conspiracionista de varias horas a la que le echa coronavirus, cáncer, antenas de telefonía, un poco de Soros y Bill Gates. Llama “asesina” a Ana Pastor y “gorila rojo” a Ferreras. “Tendremos que ir a por ellos. Tendrán que pasar por la cárcel… como poco”, les amenaza, enardeciendo a una audiencia que va vomitando bilis en el chat a tiempo real: “¡A la horca con ellos!” es lo más suave que allí se lee. En la parte baja de la pantalla luce, en todo momento, su número de cuenta corriente del Banco Santander y otra de Paypal.

“Yo, durante el tiempo que estuve convocando manifestaciones, podía vivir sólo de las donaciones que recibía de mis seguidores. Era la época en la que pasé de 96 a 5.000 seguidores. Al mes ingresaría unos 1.500 euros”, explica Fernando Vizcaíno por teléfono. ‘La quinta columna’, ahora mismo, está a punto de alcanzar los 175.000 seguidores en su canal de Telegram.

Un negocio a jornada completa que le permite olvidarse de volver a dar clases de fitness y colocar anuncios en el mismo sitio en el que los ponen las grandes empresas. El cartel con su cara que ha alquilado al lado del casino de Torrelodones cuesta 875 euros al mes, según ha podido saber este periódico.

Delgado se presenta con un dilatado currículum con títulos de todo pelaje. Además de haber estudiado Estadística en la Universidad de Sevilla, dice acreditar títulos que van desde microbiología y epidemiología, a genética clínica, pasando por psicología infantil, finanzas o entrenamiento personal. Hasta que empezó la pandemia, en su currículum solamente figuraba formación como preparador deportivo.

Delgado es, diplomado en Estadística. Pero el resto de su currículum hace aguas. Figuran otros estudios como un posgrado en Biología Sanitaria. Esto es, en realidad, un curso online realizado con la escuela de negocios Euroinnova, tal y como destapó Isabel Blasco de Periodistas por la verdad. Se trata de un curso a distancia que cuesta 360 euros para el que no se requieren estudios previos de ningún tipo. Al adquirir el curso, te envían a casa un maletín con los libros… y el título.

El señor del grafeno

El lema central del cartel de Torrelodones es su nueva gallina de los huevos de oro. “Las vacunas contienen óxido de grafeno”. Una nueva cruzada, más allá del negacionismo de la Covid-19, que emprende él en solitario. Porque los de ‘Revelión en la granja’, tras varios meses de fructífera amistad negacionista, se bajaron de su carro cuando llegó el misterioso mineral.

“Ricardo se empeñó en que las vacunas tenían magnetismo. Empezaron a llegarnos vídeos de gente a la que se le pegaban los cubiertos en la piel. Él se lo creyó desde el principio. ‘Nos están magnetizando’, decía. Nosotros dudamos y nos pusimos a hacer pruebas. Buscábamos a gente vacunada que tuviera ese problema. Luego poníamos un papel de fumar o harina entre su piel y el cubierto y… magia. Ya no se pegaba” relata Fernando Vizcaíno.

Fernando Vizcaíno, de 'Revelión en la granja', fue el primero en organizar manifestaciones negacionistas en España.

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Pero Delgado fue con todo con esa teoría. Se publicó entonces un estudio preliminar de un supuesto doctor Pablo Campra, de la Universidad de Almería. Un informe que no constata en absoluto que las vacunas contengan óxido de grafeno y del que la propia facultad se desmarcó, negando tener algo que ver en dicha investigación. Pero para Delgado fue suficiente para aferrarse a una nueva amenaza de la que advertir a la audiencia de Twitch.

No deja de ser una estrategia de posicionamiento. Hay muchas páginas negacionistas y antivacunas en todo el ciberespacio. Demasiados términos iguales. Diferenciarse con un enemigo propio, el óxido de grafeno, le da la exclusiva. Lo siguiente es publicitarlo: “En el cartel no pone "las vacunas matan". En el cartel pone lo del óxido de grafeno, que es la patraña con la que está creciendo tanto en seguidores”, recuerdan desde ‘Revelión en la granja’, donde a Delgado ya le apodan ‘El Señor del Grafeno’.

La estrategia en redes, en cualquier caso, no le va mal. Delgado posiciona tan bien su producto en internet que su web ya es el primer resultado al buscar en Google ‘la quinta columna’, por delante incluso de la quinta columna original; del término acuñado durante la Guerra Civil española que se refería a la clandestinidad que se infiltraba en las filas enemigas para reventarlas desde dentro. “No es casualidad que se llame así. Este tío trabaja para el sistema y ha venido a cargarse la disidencia contra el oficialismo desde dentro”, divaga Vizcaíno.

¿El antivacunas vacunado?

En el cartel de la autopista hay un segundo rostro. Es José Luis Sevillano, que también interviene a diario en ‘La quinta columna’ y pasa por ser la voz científica autorizada. Es un supuesto doctor español que presuntamente ejerce de médico en una consulta privada en Tanus, una comuna francesa a 100 km de Toulouse. Su nombre no aparece como médico colegiado en ninguna base de datos española.

José Luis Sevillano es el otro negacionista que aparece en el cartel.

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Sevillano, además, está en el ojo del huracán de los propios negacionistas desde hace unos días. Porque él, que pasa por estandarte de la lucha antivacunas, dejó entrever en una entrevista en Distrito TV que podría haber sido vacunado. “Sí, sí”, contestó cuando el presentador le preguntó si era real que en Francia obligaban a los médicos a vacunarse para seguir ejerciendo. Tras este resbalón, Sevillano dio las pertinentes explicaciones por la noche en ‘La quinta columna’. Fue a aclarar lo de su vacunación, pero no dijo ni si, ni no, ni todo lo contrario. “Yo sólo digo que en Francia obligan a vacunarse a los médicos, no que yo esté vacunado”. Y así liquidó la polémica.

Sevillano abraza la idea de que nos magnetizan con grafeno. Y además de sus intervenciones diarias en ‘La quinta columna’, también gestiona otro canal de Telegram llamado ‘Tenemos derechos’ en el que incluso vender merchandising propio. Por 21 euros podemos adquirir una camiseta con un eslogan contra el nuevo orden mundial. Por 36, una sudadera de la misma temática.

Volver al acroyoga

Sevillano se subió al carro del grafeno que conduce Delgado, y eso les está poniendo en órbita. acaban de superar los 150 programas emitidos. El número de seguidores no deja de subir. Eso bien se puede traducir, según su antiguo aliado negacionista, en un incremento drástico de los ingresos. Una senda opuesta a la que ha seguido Vizcaíno, que se está replanteando volver a dar clases de acroyoga, que era su ocupación antes de la pandemia.

“Decir que esta gente miente y señalar sus mentiras me ha costado la crucifixión dentro de la disidencia”, se queja amargamente Vizcaíno, que asegura que dejó de convocar manifestaciones: “Nos iban a apalear. Siempre nos las reventaban. O los antifas o la policía. Fue ahí cuando se empezó a enfriar la relación con Ricardo Delgado. Luego llegó lo del grafeno y se rompió todo”.

Ricardo Delgado (izquierda) y José Luis Sevillano, en su programa diario en Twitch.

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Asegura que, aunque menguó su actividad, va a seguir su cruzada negacionista: “Si es que los negacionistas sois vosotros, que no veis la realidad. La pandemia no existe, es un invento. La prueba definitiva nos la ha dado el Ministerio de Sanidad en la que nos reconocen que los PCR no sirven como prueba de diagnóstico por sí mismos y que no tienen el SARS-CoV-2 cultivado; lo que significa que carece de prueba alguna para determinar que se trate de un virus patógeno capaz de infectar al ser humano. Una respuesta que nos dieron obligados por un juez".

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Pero sabe que, a pesar de que sigue su batalla, Delgado y Sevillano son los que han tomado la pole position en la nación antivacunas, al menos en la cuestión económica. Son ellos los que están monetizando el miedo, explotando ese misterioso material conductor: el óxido de grafeno. Que realmente no ejerce de conductor de ningunas ondas magnéticas desde dentro del cuerpo humano, pero sí conduce grandes cantidades de dinero al bolsillo de dos charlatanes.