Erupción

La lucha contra las cenizas del volcán de La Palma

  • En esta tarea bregan los mismos propietarios de los inmuebles afectados y cuadrillas formadas por los voluntarios

Las calles de Santa Cruz de La Palma cubiertas por un manto de ceniza mientras los palmeros se protegen con paraguas y chubasqueros. 

Las calles de Santa Cruz de La Palma cubiertas por un manto de ceniza mientras los palmeros se protegen con paraguas y chubasqueros.  / ARTURO RODRÍGUEZ

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Ramón Pérez

Las cenizas se han convertido en un elemento cotidiano para la población palmera. La lucha diaria para mitigar los efectos del volcán Tajogaite están obligando a que centenares de personas, ya sean voluntarias o empleados públicos, trabajen a destajo jornada tras jornada para evitar que los materiales expulsados por el volcán generen aún más daños en las casi 500 viviendas de las zonas cercanas a las arrasadas por la lava. Es una tarea sin recompensa, en la que grupos organizados se afanan en la retirada de las cenizas volcánicas que provocan un gran peso sobre las estructuras de las casas que permanecen desalojadas.

Para ejecutar esta labor se han marcado dos líneas de trabajo. La primera, dentro de la zona de exclusión del volcán –en torno a los 2.500 metros de los centros emisores–, donde los profesionales se hacen cargo de la retirada del material tras la valoración de los bomberos y del personal técnico del Cabildo de La Palma ante el riesgo severo de desprendimientos por el peso de la ceniza. Si los inmuebles están fuera de ese radio de 2,5 kilómetros, son los ayuntamientos de El Paso y Los Llanos los que se encargan de la limpieza, priorizando desde las zonas más cercanas a la erupción a las más alejadas, siempre y cuando exista riesgo de que las estructuras colapsen.

En esa tarea de desenterrar estas viviendas bregan desde los mismos propietarios a voluntarios, pasando por los trabajadores municipales y los concejales de los municipios implicados. Todos, guataca en mano, se encargan de retirar miles de kilos de estas cenizas que se siguen acumulando día tras día en tejados, azoteas y patios. Son más de 300 personas las que diariamente acometen estas tareas, que responden a un acto de solidaridad con quienes no pueden actuar. También se encargan de abrir los caminos para permitir el acceso a los vecinos que siguen recogiendo sus enseres.

Aún quedan muchas casas en pie en los barrios de El Paraíso, Alcalá, El Frontón, Tacande, Montaña Rajada, Corazoncillo, San Nicolás, Jedey y Las Manchas, donde es necesario impedir que el peso del material volcánico termine por provocar un daño estructural a muchas viviendas desalojadas, esas a las que los vecinos no podrán retornar hasta que el volcán se apague o afloje la furia, algo que aún parece lejos.

Es un trabajo constante. Cada mañana amanece con más material acumulado, lo que obliga a reanudar la ronda de tareas en las viviendas que cada grupo ya tiene asignadas. Esta labor se está convirtiendo en fundamental para los vecinos que no pueden acceder a sus propiedades, ya que les garantiza que, si su casa sobrevive a la lava, no va a ser el material expulsado por el Tajogaite el que provoque el desmonoramiento de esas construcciones.

Los vecinos son conscientes de ese trabajo callado y constante que se realiza a diario para impedir que sus moradas terminen por ser sepultadas o aplastadas por el peso de los materiales expulsados por un volcán, que ha cubierto todo el Valle de Aridane de un manto negro de arena volcánica y que también se ha hecho notar en todo el territorio insular y que termina por ser una losa insalvable para viviendas que no están preparadas para soportar ese peso. De ahí la necesaria labor que realizan estos equipos de limpieza que recorren las medianías de estos barrios desalojados en busca de casas que desenterrar.

El objetivo es evitar lo que le ocurrió al terrero de lucha canaria Federico Simón, de Las Manchas, que sucumbió al peso de este material volcánico, lo que, combinado con la onda expansiva de las continuas explosiones del cono emisor de lava, provocó el desmoronamiento de su techumbre.

En esa labor de voluntariado también es importante la tarea de colaboración con los vecinos que pueden acceder a la zona para transportar enseres, permitiéndoles rescatar algunos de sus recuerdos hasta que, quién sabe cuándo, puedan regresar a sus casas.

Estas personas, miembros de organizaciones de voluntariado, personal municipal o, simplemente, vecinos concienciados con la necesidad de colaborar para evitar mayores pérdidas de las causadas por el Tajogaite, no miran tiempo ni trabajo; saben que su labor constante es necesaria y ahí siguen para ayudar en lo que haga falta.

El trabajo se centra en torno a unas 500 edificaciones que siguen recibiendo las toneladas de material que cubren la zona de exclusión, en las que se acumula cada jornada en torno a 20 centímetros de ceniza que, sobre un tejado, pesan mucho más que acumular un metro de nieve.

También hay que tener en cuenta que estos trabajadores municipales o voluntarios suman ya tres semanas de esfuerzo, en los que prácticamente se trabaja de sol a sol, por lo que llegados a estas fechas también se hace necesaria la aportación no solo de herramientas como palas, camiones, cepillos, escaleras o sopladoras, sino más manos que ayuden a aliviar el esfuerzo o tomar jornadas de descanso para recobrar la labor con más fuerza.

El apoyo de la UME

En este sentido, ya anunció la ministra de Defensa, Margarita Robles, que 40 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) se incorporan desde ayer a esas tareas de limpieza y que, en caso de ser necesario, serán movilizados más miembros del Ejército para seguir aunando esfuerzos al objeto de evitar que terminen cayendo infraestructuras que están en riesgo de derrumbe por el peso de la ceniza que se encuentran en las zonas más próximas al volcán. Ellos lo harán dentro de la zona de exclusión de 2.500 metros, donde también los bomberos, tanto de La Palma como de otros cuerpos del archipiélago llegados a la Isla, trabajan en largas jornadas desarrollando labores de limpieza en los tejados y las azoteas.

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Además, los bomberos aportan un dato revelador sobre la dureza del trabajo que llevan a cabo, en el que, además de las herramientas habituales que deben portar para su desarrollo, tienen que incorporar equipos de protección. Un conjunto que los hace perder entre uno y dos kilos de peso cada jornada. A ello se suma el hecho de que estos trabajadores de las emergencias combinan esta labor con la de ayudar en la evacuación de enseres, animales y personas.

A propósito, señalan que realizan casi diez horas de trabajo diarias continuadas, en las que están bajo una lluvia de cenizas constante y con la ayuda de cepillos, palas y sachos van liberando toda la carga de estos materiales que pueden motivar el colapso de los tejados ya que su peso puede rondar entre los 80-100 kilos por metro cuadrado, que se incrementará si llueve. La situación se complica porque los bajantes de aguas pluviales están obstruidos.