Proceso eruptivo

La colada del volcán de La Palma encauza los ríos de lava por una larga cueva subterránea

  • En la lengua principal se han creado unos tubos que dirigen el recorrido de los materiales volcánicos más líquidos hasta el mar

La erupción del volcán de La Palma.

La erupción del volcán de La Palma. / LA PROVINCIA

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Verónica Pavés

Las modificaciones del paisaje en tiempo real debido al volcán de La Palma siguen generando estructuras que, hasta ahora, algunas personas no eran capaces de relacionar, a simple vista, con los emblemáticos paisajes canarios. Los ríos de lava líquida que emanan del volcán de Cumbre Vieja ahora discurren por un pasadizo subterráneo, un tubo que se ha formado dentro de la colada principal y que está encauzando la «lava nueva» desde al menos la mitad de la colada hasta casi su desembocadura en el mar. Siga aquí en directo las últimas noticias sobre el volcán de Canarias.

Estos tubos se forman cuando el material más exterior de la colada se solidifica en contacto con el aire y el que sale del volcán es tan líquido que empieza a erosionar la colada ya semisolidificada. Como tiene un peso considerable –de unos 2.600 kilos por metro cúbico–, la gran masa lávica se aprovecha de la pendiente –y, por tanto, de la gravedad– para ejercer presión sobre la roca semisólida. «El techo frío se convierte en sólido y hace el papel de tejado, formando un túnel», explica Vicente Soler, vulcanólogo del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC). Esto supone que la lava empieza a discurrir por su interior a gran velocidad, tal y como lo hace «el agua cuando fluye por una manguera».

«El techo frío se convierte en sólido y hace el papel de tejado, formando un túnel», explica el vulcanólogo Vicente Soler

Bajo esta nueva estructura geológica, la lava está mucho más protegida. Los ríos de productos volcánicos mantienen mejor el calor al salir del cono principal –es decir, unos 1.000 grados centígrados– y, gracias a este recubrimiento, también quedan protegidos de la desgasificación. Esto no significa, sin embargo, que no se produzca este proceso químico. Este tipo de estructuras se han encontrado en otros lugares, como la Luna, Marte o Venus

«Hay pequeñas roturas en el techo, por puntos discretos, que generan que las lavas pierdan gases», señala Soler. Este fenómeno es perceptible a simple vista, incluso estando a varios kilómetros del volcán. Mientras en los primeros días tras la erupción se podía ver cómo de la práctica totalidad de la colada de lava emanaba una nube de compuestos tóxicos, en los últimos días esas nubes están mucho más dispersas e, incluso, han llegado a desaparecer.

La lava podrá seguir fluyendo por estos nuevos tubos hasta que cese la erupción o hasta que sean sepultados por otra colada

En Canarias, estos «huecos» que se producen el techo del tubo volcánico se conocen como «jameos». «Por ahí se produce una fuerte desgasificación», insiste el investigador, quien recalca que, pese a la mayor conservación de la lava –en lo que se refiere a propiedades químicas y físicas–, al llegar al mar las consecuencias serán las mismas. «El efecto será estrictamente el que se produzca con el choque de una masa a temperaturas muy elevadas con el mar».

La lava podrá seguir fluyendo por estos nuevos tubos hasta que cese la erupción o hasta que sean sepultados por otra colada. Todo depende cómo evolucione la actividad volcánica. «Si la fuente varía, los tubos pueden llegar a quedar inutilizados», explica Soler. Esto podría ocurrir si, por ejemplo, la emanación de lava principal se desplazara hacia otra boca o si el cono de piroclastos se desploma de nuevo. En ese caso, la lava discurriría por encima de la colada principal y taparía el tubo. De hecho, aunque estos nuevos tubos volcánicos se formaron hace tan solo unos días, han ido variando en su forma estructural.

Cerca de la colada abierta en 1949

La erupción actual ha estado cerca de sepultar otra estructura histórica de este tipo: el tubo que nació de la colada de lava del volcán de San Juan (1949). Sin embargo, la estructura se ha logrado salvar de este destino gracias a que la colada de lava actual discurre a unos 400 metros de distancia de él. El tubo se seguirá moldeando hasta que la erupción cese y, para entonces, si se vacía, dejará una nueva cueva para la isla.

Pese a lo cautivante que puede llegar a resultar el vivir tan de cerca esta transformación del terreno, la creación de tubos volcánicos es un fenómeno bastante común. En Canarias hay varios lugares emblemáticos que tienen el mismo origen. El Túnel de La Corona que desemboca en los Jameos del Agua (Lanzarote), la Cueva del Viento (Tenerife) e incluso los Caños de Fuego (La Palma) son ejemplos de estas estructuras se formaron en las erupciones históricas que ha sufrido el Archipiélago. Este tipo de estructuras son habituales en los lugares volcánicamente activos de La Tierra, pero también se han llegado a documentar fuera de nuestro planeta, en La Luna, Martes y Venus.

Las cuevas volcánicas son solo una de las muchas formas y estructuras que se pueden relacionar con los procesos eruptivos –en La Palma también se ha formado un cono, una colada y una fajana–, sin embargo, estas tienen un especial interés científico. Además de ser una ventana para conocer el pasado geológico de las islas y su valor, constituyen un hábitat para singular para la fauna autóctona. El material podrá seguir fluyendo por estos tubos hasta que cese la erupción o sean sepultados.

Por ejemplo, en el caso de la cueva del Viento de Tenerife, que es uno de los tubos volcánicos los más largos del mundo –mide 18 kilómetros solo en la zona explorada– alberga un total de 190 especies conocidas, la mayoría invertebrados. De entre los animales adaptados al medio subterráneo, que solo pueden vivir en la oscuridad, se han hallado hasta 15 especies nuevas para la biología. Los tubos volcánicos cuentan también el pasado y, de hecho, en muchos de ellos se han hallado fósiles de animales vertebrados extinguidos, e incluso de pobladores de que habitaron las islas y que no pudieron escapar al volcán.

Coladas desde hace 14 millones de años

Hace apenas diez años los científicos daban cuenta del descubrimiento del tubo volcánico de Aslobas, en Gran Canaria. Esta cavidad, sin embargo, tenía una peculiaridad y es que, al datarla, se dieron cuenta de que se había formado hace 14 millones de años, por lo que es el tubo más antiguo de toda Canarias. El tubo se encuentra en la montaña de Aslobas -una pirámide basáltica casi perfecta que se levanta entre los barrancos de Tasarte y Tasartico-, tiene 47 metros de desarrollo y está habitado por dos especies de insectos no catalogadas hasta ahora adaptadas a una vida en oscuridad y casi sin nutrientes. En este ambiente se constató la presencia de dos nuevas especies de invertebrados: una pequeña cucaracha completamente ciega (Symploce sp.n) y una cochinilla despigmentada. Se trata de un tubo que no es muy largo, pero que cuenta con un desarrollo laberíntico que sugiere que puede ser el último vestigio de una formación volcánica mucho más larga, e incluso kilométrica.

En la carretera Todoque-Las Manchas se encuentra el monumento natural del tubo volcánico (o tubo de lava) de Todoque, también conocido por los habitantes de las Manchas (localidad en la que también se encuentra) como Cueva de las Palomas. El origen de este monumento es la colada de lava de la erupción del volcán de San Juan en 1949, que sepultó parte de las mejores tierras agrícolas de la isla. Se trata de una galería que mide 3 metros de ancho y 560 metros de profundidad. En él viven multitud de animales (en su mayoría insectos) muy adaptados a la vida permanente en la oscuridad. Este espacio constituye también un paisaje subterráneo singular, de especiales características que añade variedad en el conjunto insular. Esta cueva tiene alrededor de 10 ventanas naturales que fueron antiguas fumarolas por las que se desgasificaba la colada.

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El tubo volcánico de La Corona es un tubo volcánico que mide aproximadamente seis kilómetros de longitud en el norte de Lanzarote, y que se encuentra interrumpido por varios jameos, siendo los más destacados la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua. Esta cueva se originó a partir de las emisiones de lava de un hornito lateral del volcán Corona hace aproximadamente 21.000 años. Las coladas fluyeron en dirección al mar, sobre materiales volcánicos más antiguos emitidos por Los Helechos y La Quemada, probablemente a favor de algún lecho de barranco. El avance de las lavas terminó cuando éstas alcanzaron la línea de costa. El tubo se formó, por lo tanto, enteramente en condiciones subaéreas, aunque los últimos 1.600 metros fueron inundados en llegar al mar. El tubo es muy ancho, alcanza hasta los 25 metros de diámetro en algunas zonas y es prácticamente lineal. De hecho, apenas se conocen ramificaciones. El tubo termina por haberse derrumbado a unos 60 metros bajo el nivel del mar.

La cueva del Viento es uno de los tubos volcánicos más importantes del Archipiélago, tanto por el gran desarrollo de sus galerías, que llegan a alcanzar alrededor de 18 kilómetros -al menos en la parte explorada-, como por su complejidad horizontal y vertical, por el que conforma un auténtico laberinto de pasajes que se entrecruzan en tres niveles. Esta complejidad ha dado lugar a una gran diversidad de estructuras geomorfológicas, pudiéndose encontrar en ella desde grandes salas hasta pasadizos estrechos, que para superarlos se hace necesario arrastrarse por el suelo. La variedad de formas en las paredes, techo y suelo, así como la gran variedad de microestructuras volcánicas del tipo de estalactitas de lava y de sílice y carbonato cálcico, convierten a esta cueva en un museo natural prácticamente único en el mundo. En esta red de galerías subterráneas vive toda una comunidad de especies animales, muchas de ellas especialmente adaptadas a una vida en oscuridad total, humedad muy elevada o ausencia de depredadores.