Programa de movilidad

Protesta de medio centenar de Erasmus españoles sin alojamiento en Holanda

  • "Comparto habitación con siete personas y pagamos 450 euros al mes. Si no encuentro una solución me volveré a casa", explica un barcelonés que estudia este semestre en Breda

  • "Si hay un convenio entre universidades se supone que tendríamos que estar de algún modo amparados", protesta otra afectada

Jofre Poch, Carlota Boya e Ivan López.

Jofre Poch, Carlota Boya e Ivan López. / El Periódico

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Begoña González

Las vivencias que se desprenden de hacer un Erasmus en el extranjero resultan, para muchos estudiantes, una de las experiencias más memorables de sus vidas. Descubrir lugares, conocer personas y aprender idiomas son generalmente los principales reclamos que impulsan a los chavales a formar parte de este programa europeo de intercambio universitario, en el que, antes de la pandemia, solían participar anualmente unos 50.000 estudiantes españoles. Pocos imaginan que esta aventura pueda verse truncada desde un principio por la angustia de no saber dónde van a pasar la noche. 

Así les ha ocurrido a un grupo de cerca de medio centenar de jóvenes españoles de entre 21 y 23 años que decidieron cursar el siguiente semestre de sus carreras en los Países Bajos. Todo era prometedor cuando fueron aceptados en las universidades de destino, pero una vez allí se han encontrado sumidos en un caos de hostales, hoteles y pisos de Airbnb ante la imposibilidad de los campus de destino de alojarlos en residencias y apartamentos. 

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El problema no es nada nuevo, explican desde las universidades holandesas, pero jamás había sido tan grave. Según el Kences National Student Housing Monitor el otoño pasado hubo escasez de viviendas para 22.000 estudiantes y trabajadores extranjeros, una cifra que se superará, según sus augurios, este año. "Además de los estudiantes de primer año y erasmus, hay también estudiantes de segundo año que no se mudaron a residencias el año pasado debido a las restricciones de la pandemia, así como trabajadores que han llegado tras la crisis del covid", asegura un portavoz de la Universidad de Breda. Desde el Departamento de Estudiantes aseguran que figuran un total de 80 estudiantes extranjeros solo en esta universidad en listas de espera para recibir una plaza en las residencias con las que tienen convenio.

"La primera semana estuvimos en un hotel, pensábamos que a pesar de llevar tres meses mirando desde Barcelona sin encontrar nada, al llegar aquí quizás nos era más fácil" explica Jofre Poch, estudiante de Business Leadership and Sustainability de la Universitat Pompeu Fabra que se encuentra actualmente cursando un Erasmus en la Universidad Avans de Breda. Ahora, las clases ya han empezado y siguen sin saber dónde vivirán las próximas semanas. 

De hotel en hotel

"Nos costó 200 euros una semana por persona, al pasar ese primer plazo quisimos renovar y los precios habían subido a 900 euros por 11 días. No nos lo podíamos permitir y empezamos a buscar hasta que encontramos otro hostal en el que estamos junto a otros 40 estudiantes que están igual que nosotros. Comparto habitación con siete personas y pagamos 450 euros al mes", explica. Uno de los principales problemas con los que se encuentran estos jóvenes es el elevado precio de los alojamientos y la falta de instalaciones que les hacen gastar más dinero. "Nos hemos dado un par de semanas para encontrar algo y sino nos planteamos volver porque cinco meses en una habitación compartida sin privacidad, cocina, ni nevera no nos es viable", zanja. 

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“Siempre nos dicen la misma frase: ‘Breda está imposible’”, asegura Ivan López, también estudiante de la UPF. Tanto él como muchos de sus compañeros han buscado alojamiento en localidades cercanas con el mismo resultado. "A mi modo de ver, el error está en aceptar a un número de estudiantes tan por encima de la capacidad de la ciudad. Solo llegar nos dimos cuenta de que había muchas personas en nuestra situación", añade. Fuentes de la UPF aseguran que están tratando de encontrar una solución para sus alumnos, pero de momento, la frenética búsqueda tampoco ha dado frutos.  

"Si hay un convenio entre universidades se supone que tendríamos que estar de algún modo amparados", razona Carlota Boya. Esta estudiante tinerfeña de la Universidad de La Laguna asegura que en las inmobiliarias locales "solo con decir que eres estudiante ya te dicen que no tienen nada". "Yo he tenido la suerte de que mi tía tiene un amigo que vive aquí desde hace un tiempo y me ha acogido temporalmente alquilándome una habitación", agrega. "La gente solo alquila a holandeses, y a los internacionales les cuesta mucho acceder a la vivienda. Se están llegando a pedir 800 euros por una habitación", explica.