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Es engañoso que las vacunas no funcionan con algunas variantes

Es engañoso que las vacunas no funcionan con algunas variantes
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Desde antes de que empezara la campaña masiva para inmunizarnos contra la covid-19, los bulos sobre las vacunas empezaron a circular de forma descontrolada. Este mes, Verificat y El Periódico desmentimos con infografías rigurosas las principales falsedades que se han difundido. Hoy, continuamos con la creencia de que las variantes vuelven inútil la vacuna. 

El asunto de las variantes es algo que lleva preocupando a la humanidad desde casi el mismo momento en que arrancó la pandemia. No es para menos: ellas determinarán en buena medida si se alarga más o no de lo calculado. 

Nos habéis preguntado si tiene sentido seguir vacunándose si el virus continúa mutando y surgen variantes como la británica o la brasileña. La respuesta es sí: que surjan nuevas variantes no significa que todas vayan a afectar a la efectividad de las vacunas (de hecho, la mayoría no lo hacen), y en el caso de que sí, existe la intención de adaptar en algunos casos las inyecciones contra la covid-19 para evitar que pierdan eficacia. 

Que un virus mute es natural. El SARS-CoV-2, como cualquier otro virus, lo hace constantemente porque comete algunos errores al momento de replicar su material genético. “Las mutaciones (o cambios) pueden ocurrir al azar en cualquiera de las 30.000 bases, o nucleótidos, que componen su genoma”, indica a Verificat Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). 

En el caso de los coronavirus, como el SARS-CoV-2, la mutación es bastante frecuente: se estima que lo hace unas dos veces al mes. “Se han descrito cientos de variantes. La gran mayoría son ‘inocentes’”, señala Sarukhan. Sin embargo, unas pocas sí han supuesto mayor motivo de preocupación; forman parte de lo que los científicos llaman variants of concern (VOC, en inglés): la alfa, descrita en Gran Bretaña; la beta, en Sudáfrica; la gamma, en Brasil; y la delta, en India, que ha sido la última en sumarse a la lista y que se propaga rápidamente en Europa. Se ha observado que la eficacia con las dos dosis cae ligeramente en Pfizer y Moderna con ella. En concreto, un estudio publicado en The New England Journal of Medicine señala que la Pfizer protege contra las infecciones sintomáticas en un 88% de los casos, mientras que la AstraZeneca lo hace en un 67%. También que ambas son más del 90% efectivas en proteger contra enfermedad grave.

Tal y como señala Sarukhan, “los ensayos clínicos y la vacunación a gran escala —cientos de millones de personas vacunadas en todo el mundo— indican claramente que las vacunas protegen muy eficazmente contra formas graves de la enfermedad, incluso en personas infectadas con las nuevas variantes”. De hecho, si se miran las cifras de hospitalizaciones, han caído en picado, correspondiendo en la inmensa mayoría de los casos a pacientes no vacunados

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Los fabricantes de vacunas se encuentran actualmente desarrollando alternativas por si de repente surgiera una nueva variante que fuera lo suficientemente distinta para que las vacunas perdieran su efecto. Reelaborar las inyecciones para ajustarse a nuevas cepas no es algo nuevo ni extraordinario: cada año, las inyecciones contra la gripe tienen que rediseñarse porque las antiguas se quedan obsoletas. Otra opción, ya puesta sobre la mesa, es introducir una tercera dosis. La solución, de momento, no está clara.