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Es engañoso que las vacunas contengan células de fetos abortados

Una mano sujeta una dosis de la vacuna contra el coronavirus.

Una mano sujeta una dosis de la vacuna contra el coronavirus.

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Desde antes de que empezara la campaña masiva para inmunizarnos contra la covid-19, los bulos sobre las vacunas empezaron a circular de forma descontrolada. Este mes, Verificat y EL PERIÓDICO desmentimos con infografías rigurosas las principales falsedades que se han difundido. Hoy, continuamos con el mito de los fetos abortados. 

Las desinformaciones tienen muchas formas de manifestarse: algunas veces, son declaraciones de alguien sacadas de contexto; otras, se valen de estudios de dudosa base científica para transmitir una falsa fiabilidad. En ocasiones hasta toman un dato cierto y lo exageran de tal manera que deja de serlo. Un ejemplo clarísimo es el bulo aquel que circuló durante la etapa de fabricación de las vacunas, y que venía a decir que las farmacéuticas empleaban células de fetos abortados como ingrediente de los viales. Parece un dato falso a todas luces, pero algo de verdad sí que esconde. Hay que remontarse a los años 70 para encontrarla. 

En esa época, se descubrió que extrayendo células de riñón extraídas de un feto abortado legalmente en 1973 se podían crear líneas celulares, que son cultivos de laboratorio hechos de células que se reproducen sin parar. Tienen la capacidad de durar eternamente o, al menos, hasta que los propios científicos deciden prescindir de ellas. “Las líneas celulares vienen de bancos o repositorios donde se guardan o se donan, y los científicos las adquirimos”, señala a Verificat Gloria Pascual, investigadora asociada del laboratorio de Células Madre y Cáncer del Instituto para la Investigación en Biomedicina (IRB, por sus siglas en catalán) de Barcelona. 

Los científicos eligen estas líneas células celulares por sus características. Es el caso de las empleadas para la fabricación de algunas de las vacunas contra la covid-19, Pfizer/BioNTech, Moderna y AstraZeneca/Oxford, se dice que son bastante versátiles. Son conocidas como HEK 293. La creada a partir de Janssen, por su parte, utiliza la línea celular PER.C6, que tiene patentada y que proviene de células de retina de un feto abortado legalmente en 1985

La cuestión es que las líneas celulares con las que se fabrican estas vacunas son, como apunta Pascual, de origen embrionario, razón por la cual las firmantes hablan de “tejidos fetales”. En consecuencia, las vacunas contra la covid-19 no se fabrican con células procedentes directamente de bebés humanos abortados, sino de unas células creadas por científicos hace casi 50 años que se reproducen continuamente en el laboratorio.

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Además de para producir vacunas, las líneas celulares también sirven para diseñar nuevos fármacos, aunque luego no se empleen dichos cultivos en la producción. Es lo que pasó con las vacunas contra la covid-19: muchas farmacéuticas las usaron para su diseño en el laboratorio, pero solo dos, AstraZeneca y Janssen, las incorporaron también en la producción. Las utilizan porque son ‘fábricas’ de virus muy eficientes, lo que hace posible la producción de estos fármacos a gran escala. 

Sin embargo, las líneas celulares de origen embrionario no son tan numerosas como las tumorales, por ejemplo. Basta con echar un vistazo a uno de los bancos de líneas celulares más grandes del planeta, el American Type Culture Collection (ATCC, por sus siglas en inglés), el cual solo contiene una línea celular de origen embrionario de casi 4000 cultivos diferentes que ofrece.