Alimentos en peligro de extinción

Dos ejemplares de la gallina pita pinta asturiana, amenazada de riesgo de extinción.

Dos ejemplares de la gallina pita pinta asturiana, amenazada de riesgo de extinción. / Slow Food

 Una oveja, un tomate, una gallina y el cerdo ibérico puro entran en el Arca del Gusto, el catálogo de Slow Food para los productos en riesgo de desaparecer

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Más biodiversidad de plantas y animales significa mayores nutrientes para nuestras dietas, más defensas ante las enfermedades, más principios activos para los fármacos, y una mayor riqueza gastronómica. También conlleva la conservación del patrimonio social y cultural de las tierras en las que esas plantas y animales se localizan y que, muchas veces, entrañan herencias centenarias. Pero esta variedad sigue destruyéndose aún con la pandemia y por ende el reto es aún detener el empeoramiento de la calidad alimentaria. 

Con esta sentencia como punto de referencia, Slow Food, el veterano movimiento italiano que defiende el consumo local y una sociedad agrícola más equitativa, acaba de incluir en su Arca del Gusto, su catálogo de patrimonios alimentarios que necesitan protección, otros 39 productos de 21 países en el mundo, entre los cuales también hay uno catalán, uno asturiano, otro andaluz y el cuarto, catalanoaragonés. Los cuatro engrosarán esta lista que se elabora desde 1996 (es uno de los proyectos más antiguos de Slow Food), y ya suma 5.500 productos, de los cuales 243 españoles. 

La oveja maellana y el tomate de Albesa

Se trata, en concreto, de la oveja maellana, tradicionalmente criada en las tierras próximas al curso del río Ebro, en las comarcas aragonesas de Matarranya (Teruel) y Bajo Aragón-Caspe (Zaragoza) y en la comarca catalana de Gandesa. El animal fue señalado por Rubén Catalán de La Torre del Visco, uno de los 100 restaurantes que este año colaboran a la iniciativa. Según su ficha, la oveja maellana ha llegado a un punto en el que puede producirse la desaparición. Los ganaderos no la aprecian por su aspecto (es un animal alto, sin cuernos, con una cabeza grande y encorvada), y por su carácter, ya que no es propensa a aceptar el encierro. Tanto que se calcula que en la actualidad han quedado menos de una veintena de ganaderías que crían unos 7.000 ejemplares.

Otro es el caso del tomate rojo de Albesa, una variedad muy antigua de la comarca de Noguera, de sabor muy dulce y fuerte, que fue señalada por el cocinero Alain Guiard, del Hotel Neri de Barcelona. En este caso, lo que está llevando este fruto a la extinción es que su cáscara es muy frágil y se rompe con facilidad, lo que dificulta su transporte para la comercialización masiva, según cuenta Raffaella Ponzio, responsable de la iniciativa para Slow Food. Pero, además de ello, la planta tiene una baja productividad. Razón por la que hoy su consumo es únicamente local, se le encuentra a la venta casi exclusivamente en el mercado de Lleida, y sus semillas son conservadas por algunos campesinos locales.

Aspecto de un tomate de Albesa, una variedad de difícil transporte y comercialización por su frágil cáscara.

/ Slow Food

“Con estas nuevas adquisiciones, España se confirma el tercer país, tras Italia y Francia, con el mayor número de plantas y animales y plantas en el Arca del Gusto, lo que refleja una sensibilidad que existe para que se sigan conservando las tradiciones más típicas y la cultura autóctona”, como explica a EL PERIÓDICO Ponzio. “No hay que olvidar que en el Arca se incluyen no solo productos en riesgo de extinción, si no también los que se están transformando, alejándose de los sabores antiguos”, añade.

El cerdo ibérico puro y la gallina pita pinta

De hecho, integran también la lista el cerdo ibérico puro, que se encuentra principalmente en Andalucía (y en menor medida en Extremadura, y en un 1%, en Castilla y León), y la gallina pita pinta, la única población de gallina autóctona del Principado de Asturias. El primero es un lechón de color gris, con orejas y hombros anchos, la frente arrugada, escaso pelo y pezuñas amplias que le dan una gran agilidad para desplazarse por las zonas montañosas, cuyas carnes son consideradas más saludables que otros. Sin embargo, criarlo es hoy menos rentable para un ganadero, dado que, a igual peso que un cruzado (animales de cerdo ibérico mezclados, por ejemplo, con la raza Duroc Jersey), produce menos carne, tiene más grasa, y es más sensible al frío.

Imagen de un cerdo ibérico, uno de los animales que ha entrado en el Arca del Gusto de la asociación Slow Food.

/ Slow Food

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En cambio, la gallina pita pinta, una raza que fue muy popular en España hasta los años 50 del siglo pasado, tiene una mayor esperanza de vida, de hasta 5 años, pero produce menos huevos (unos 140 al año, alrededor de la mitad de una gallina común), y no tolera bien estar encerrada. Aun así, es una de las razas españolas más antiguas y se cree que comparte orígenes con la Euskal-Oiloa vasca. Su recuperación empezó en los años 80 gracias a la Asociación de Criadores de Pita Pinta Asturiana (ACPPA), y desde este año el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario del Principado de Asturias (Serida) ha empezado un proyecto para la extracción de material genético que permita la supervivencia de la especie.

Entre los nuevos productos del Arca, un proyecto que se inspira en el Arca de Noé, también los hay de países tan distantes como Argentina (el fruto del árbol algarrobo y el ulluco), Australia (la merluza de Murray-Cod), Costa Rica (miel Jicone Barcino), India (Kumatiya), Ecuador (cachipay), Taiwan (gamba de fuego) y Marruecos con el apiario de Inzerki, considerado como el colmenar tradicional y colectivo más grande del mundo, en tierra bereber. El objetivo de este año es llegar a los 99 productos nuevos integrados a esta lista, cuyo principal fin es, además de dar visibilidad a estos productos, también ser un punto de partida para permitir que sus defensores puedan poner en marcha iniciativas de recuperación.