Jornadas a 40 grados

La huerta de Murcia, allí donde acecha el golpe de calor

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A1-117499514.jpg / Ivan Urquizar (LMU)

  • Los trabajadores del campo exigen una jornada intensiva que les proteja en olas como la de estos días 

  • El pasado año murió aquí un temporero por las altas temperaturas, pero no ha habido mejoras

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Juan Ruiz Sierra
Juan Ruiz Sierra

Periodista

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El cielo parece una manta eléctrica. A las 11 de la mañana, el termómetro bordea los 35 grados en esta finca de Corvera (Murcia). Continuará subiendo. Mustapha Boukhbiza, de 58 años, ya lleva aquí cuatro horas. Le quedan por delante otras cuatro, hasta pasadas las tres de la tarde, dentro de una jornada que él atraviesa con la única ayuda de su gorra, recolectando limones durante los momentos más tórridos del día, en plena ola de calor

El acceso a la finca, en la que trabajan más de 60 personas, está protegido por una cadena. Boukhbiza llega en un coche viejo, acompañado por un compañero de faena, también marroquí. Mira nervioso a un lado y otro. Acaba de comenzar su pausa en el trabajo. Tiene media hora para almorzar. 

“Sube, rápido –dice-. No nos puede ver la encargada. Y creo que está ahí. Agáchate”. 

El vehículo atraviesa la finca a toda velocidad. Después se para en mitad de la carretera de tierra. Boukhbiza sale, se adentra a pie por caminos más estrechos y señala la pequeña sombra de un limonero.

“Aquí podemos hablar”, aclara. 

Entonces, entre constantes interrupciones para vigilar que no se acerque nadie, cuenta que lleva trabajando más de 13 años en la huerta murciana, que cobra 6,30 euros la hora (algunos temporeros en situación irregular apenas llegan a los 20 euros por toda una jornada) y que no sabe si podrá “seguir así mucho tiempo”. El día anterior, por ejemplo, tuvo una insolación. “Todavía me duele la cabeza”, dice. “Aquí siempre hace calor, pero cada vez hace más”, continúa, confirmando el diagnóstico de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET): las olas de calor se han duplicado en España durante la última década. Y lo peor está por venir. Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), divulgado el pasado lunes, el ser humano ya ha provocado cambios sin precedentes en el clima, con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.

“Lo único que pedimos es dejar de trabajar a la una del mediodía, para que nuestra salud no corra peligro –se queja Boukhbiza-. Pero parece algo imposible de conseguir”.  

Una denuncia eterna      

Sindicatos y activistas llevan denunciando la desprotección de los trabajadores del campo ante las olas de calor “desde siempre”, señala Santiago Navarro, secretario general de CCOO en Murcia. Los avances, continúa, han sido “mínimos”, igual que en otras zonas de cultivo como Lleida, Almería o Extremadura. Las medidas que defienden son las mismas desde hace décadas, porque las empresas que cumplen con ellas son “minoritarias”: contar con un lugar donde poder descansar a la sombra, tener agua fresca siempre cerca, que las fincas cuenten con un comedor para que los trabajadores no tengan que alimentarse en mitad del campo o dentro de un invernadero, como continúan haciendo muchos, y por último, una jornada intensiva que comience muy pronto y termine antes de las horas más tórridas, algo que ya se ha empezado a aplicar en algunas zonas de Europa.

Por ejemplo, en Italia. El mes pasado, tras la muerte por un golpe de calor de Camara Fantamadi, un temporero de Mali que tenía 27 años, el Gobierno de Apulia, en el sureste del país, prohibió hasta finales de agosto el trabajo en el campo entre las 12.30 del mediodía y las cuatro de la tarde

En la huerta murciana, donde pueden llegar a trabajar 100.000 personas entre regulares e irregulares, hubo un caso muy similar hace solo un año. Eleazar Blandón, de 42 años y origen nicaragüense, falleció tras una jornada a 44 grados recolectando sandias en Lorca. Su familia denunció que sus empleadores no le dieron agua para refrescarse. Tampoco auxilio cuando comenzó a sentirse mal. Se limitaron a llevar a Blandón, ya inconsciente, en una furgoneta hasta el centro de salud más cercano, donde lo abandonaron a las puertas. Murió poco después. 

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Pero aquí, a diferencia de en Apulia, la jornada continua no se ha abierto paso. “Ahora mismo es solo una mera recomendación –explica Sabah Yatoubi, presidenta de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes (ATIM) en Murcia-. Debería ser una medida de obligado cumplimiento: una jornada intensiva del 15 de junio al 15 de septiembre. Es perfectamente posible, porque los días son más largos y puede empezarse a trabajar más temprano y acabar a la una del mediodía”.

“Ojalá yo pueda llegar a disfrutar de esta medida, pero a mi edad lo veo difícil. Toca aguantar”, señala Boukhbiza, el trabajador del campo. Y con esto, se despide. Ya ha terminado su breve descanso y todavía por delante más de cuatro horas a pleno sol.