El segundo verano de la pandemia

Confinados en una tienda de campaña en una playa del Caribe

Marc y Cristina, en la playa caribeña en la que pasaron el confinamiento del covid.

Marc y Cristina, en la playa caribeña en la que pasaron el confinamiento del covid. / El Periódico

  • Una pareja de españoles pasó cuatro meses en una isla a 9.129 kilómetros de sus casas viviendo de lo que pescaban y recolectaban de los árboles

  • Con el covid, han cambiado el autoestop y los transportes públicos por los viajes en bicicleta

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Noèlia Villar

Cuando se habla de pandemia y cuarentena, automáticamente uno piensa en un encierro en casa. En marzo de 2020 cuando empezó la cuarentena, todo el mundo se vio con la obligación de quedarse en sus domicilios durante un tiempo. Todos, menos Marc y Cristina, quienes se quedaron encerrados en la playa durante cuatro meses en una tienda de campaña

Marc, antes de viajar trabajaba con sus horarios y su rutina habitual. Siempre le había gustado la aventura, la montaña y descubrir nuevos lugares pero solo aprovechaba las vacaciones que le daban o algunos fines de semana. Una vez pudo aprovechar unos meses para viajar y se marchó cinco meses a Brasil, Venezuela y Colombia, viaje que le hizo plantearse su manera de vivir. Después de una visita a Corea del Sur le detectaron una hernia discal y se quedó seis meses sin poder caminar. Fue entonces cuando cambió su mentalidad. “Quizá mis planes de hoy ya no los puedo hacer mañana. No me quiero esperar a jubilarme para hacer lo que quiero”, reflexionó.

Hizo un viaje por el sudeste asiático. Tailandia, Malasia, Indonesia… y se quedó un año por esa zona. Fue cuando llegó a Australia cuando tomó una decisión: “Ya que estoy aquí en medio, doy la vuelta al mundo” Cuando llegó a Estados Unidos se añadió Cristina. En esos 10 días que estuvieron juntos le encantó la manera de viajar de Marc y se sumó a su estilo de vida. Cristina, a quien siempre le gustó viajar, hacía tiempo que quería abandonar su monótona vida. Después del viaje de Estados Unidos, lo dejó todo, la familia y el trabajo y cumplió su sueño. “Ha sido la mejor decisión de mi vida. Siempre sentía que me faltaba algo y esto finalmente me ha llenado”, asegura.

Confinamiento en primera línea de playa

En estos últimos años no utilizaban ningún hotel ni hostal, siempre han ido en tienda de campaña, hamaca y haciendo uso de Couchsurfing, una 'app' móvil para compartir piso con diferentes viajeros. En sus viajes, concretamente en este último, hacían mucho autoestop y' barcoestop' acompañados de su tienda de campaña. Hablaban con los capitanes y cocinaban y hacían las guardias de noche a cambio de viajar gratis en el barco. Así se pasaron 15 días viajando por el Caribe.

Fue entonces cuando todo cambió. En el mes de marzo de 2020, mientras estaban en este viaje, estalló la pandemia. En ese momento llegaban a San Martín, una isla caribeña. Cerraron los hoteles, hostales y pedir ayuda a otros viajeros para compartir piso en aquel momento era impensable. No les quedó otra opción que adaptarse y vivir el tiempo que fuese necesario en esa situación, y así lo hicieron. Se instalaron en la playa con la tienda de campaña, la que sería su futura casa en los próximos cuatro meses.

Un día antes del confinamiento total se advirtió a la población que compraran en los supermercados que permanecerían cerrados 15 días. En ese momento aprovecharon y compraron alimentos que no se pudieran estropear ni necesitaran conservación, como latas, leche en polvo o cereales. A partir del segundo día de confinamiento total, se alimentaban a base de lo que pescaban y la fruta que recolectaban de los árboles y con la ayuda de un grupo de trabajadores filipinos y peruanos que trabajaban en un hotel cercano a la playa, que les ofrecieron ayuda trayéndoles agua y parte de su catering basado en arroz y pollo. Además, les dejaron una caña para pescar, un alargo para la luz para poder cargar sus móviles y poder comunicarse con sus familiares. Fue allí cuando escribieron su libro 'Ànimes viatgeres, la història de dos viatgers'. “Nosotros estábamos bien” asegura Marc. Cristina explica que su familia les pedía que si encontraban alguna manera de salir, no lo hicieran. “Éramos los que mejor estábamos, éramos nosotros los que estábamos preocupados por ellos” añade.

Ahora, en bicicleta

Una vez terminada la que podría ser sus mayores aventuras y haber vuelto a sus casas, los dos con la primera dosis de la vacuna aseguran que están a la espera de la segunda con la única motivación de poder viajar tranquilamente de nuevo.

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Este cambio de vida y de “normalidad” aseguran que les ha cambiado mucho. Acostumbrados a hacer autoestop e ir en transporte público, han optado ahora por ir en bicicleta. “Nos ha cambiado la manera de viajar” explica Marc. “Antes teníamos mucho contacto con la gente y ahora queremos ser más autosuficientes con la bici.” Aseguran también que las estancias en los hostales las evitarán lo máximo que puedan en caso que sea de extrema urgencia. “Nos ha afectado la incertidumbre de no saber si podremos viajar o no”. Explica Marc, que afirma que este año han decidido estar con la familia y centrarse en el proyecto del libro.

Aun así, ambos afirman que tienen muchas ganas de volver. Van haciendo “escapadas” pequeñas por la Costa Brava o Montserrat y en un futuro próximo ya tienen planeado hacer el camino de Santiago en bicicleta.